Buscan recuperar los restos de secuestrados para superar duelo

Buscan recuperar los restos de secuestrados para superar duelo

El drama de cuatro familias que reclaman a las Farc sobre el paradero de sus seres queridos.

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25 de diciembre 2014 , 08:45 p.m.

Cinco grupos de víctimas viajaron a La Habana, conformados por defensores de derechos humanos, políticos, religiosos, sindicalistas, empresarios y exsecuestrados políticos, entre otros. Faltó quien contara el drama de los familiares de secuestrados civiles y víctimas de secuestro económico, de los que se presume que fueron asesinados y de quienes jamás se han recibido los restos.

¿Dónde están? Colombia no conoce la cifra de cuántos de estos secuestrados no regresaron a casa en los últimos veinte años. De lo que sí tienen certeza sus familiares es de que sus seres queridos ya no están vivos.

Familiares de cuatro secuestrados relatan a continuación sus casos y confían en que las Farc les digan dónde están sus cuerpos.

Los abuelos de La Calera
‘Mis viejos se volvieron un estorbo para las Farc’

Gerardo Angulo Grandas y Carmenza Castañeda de Angulo, de 68 años de edad cada uno, fueron secuestrados la noche del 19 de abril del 2000 en el municipio de La Calera, a 45 minutos de Bogotá. Tenían 5 hijos y 11 nietos.

En el 2000, solo en Colombia estaban secuestradas la mitad de los que habían sido plagiadas en todo el mundo.

Ellos tenían un negocio de repuestos industriales en el sur de Bogotá. Sin saber de dónde ni por qué, el frente 53 de las Farc llegó por ellos y los secuestró aduciendo que eran “ricachones con multinacional”.

El ya fallecido periodista Guillermo la ‘Chiva’ Cortés les contó a los hijos de estos víctimas que él compartió unos días con ellos durante su cautiverio, pero que un mes antes de su rescate no los volvió a ver.

“Mis hermanos y yo calculamos que los asesinaron entre el 8 y el 10 de julio del año 2000. Don Guillermo fue rescatado el 13 de agosto de ese mismo año y nos dijo que mi mamá todo el tiempo rezaba el rosario y cojeaba de una pierna”, cuenta Héctor Angulo, hijo de la pareja.

“Creemos que nuestros viejos estuvieron tres meses vivos, hasta que se convirtieron en un estorbo para las Farc. Nos habían pedido 850 millones de pesos a cambio de su libertad y 120 millones por pruebas de supervivencia; les dimos 60 millones, pero nuestros viejos nunca regresaron ni nos dieron pruebas de vida”, agrega Héctor.

Hoy, 14 años después del secuestro, acaba de ser operado de un tumor cerebral.

Los Angulo han oído rumores de que sus padres fueron tirados a la vera del camino y tapados con hojarasca. “Hicimos cinco viajes a la zona de San Juan de Sumapaz. Fuimos con milicianos reinsertados, funcionarios de Fiscalía y CTI. No encontramos nada. Es una zona de precipicios, llovizna permanente y hay mucho barro. Hay que ser realistas: unos abuelos no aguantarían ese trajín”, agrega.

Hoy, los 5 hijos, 11 nietos y 7 bisnietos necesitan saber qué paso con la Lala y Bigotes, como cariñosamente los llaman.

“Me gustaría haber ido a La Habana para preguntarles nuevamente a las Farc dónde están mis viejos”, concluye Héctor.

Fue por su hermano y no regresó
Hernán Bustos Díaz había ido a pagarles rescate a las Farc, pero los dos acabaron muertos

Don José Ignacio Bustos Díaz, de 67 años, fue secuestrado en Madrid (Cundinamarca). Como requería diálisis, pues estaba enfermo de los riñones, cinco días después, su hermano mayor, Hernán Bustos Díaz, de 72, fue a pagarle al frente 22 de las Farc la suma exigida por su libertad.

Pero también lo secuestraron, en la vereda El Chorrillo, cerca de Villeta, el 3 de marzo del año 2000.

Hernán Bustos D., de 67 años, fue secuestrado en Madrid (Cundinamarca).

Tres meses después, la familia Bustos entregó otro dinero a las Farc, por medio de un empleado de confianza, quien viajó a un sitio entre Villeta y Guaduas.

Pero la guerrilla no cumplió lo acordado y, a cambio, no volvió a comunicarse. José Ignacio murió 47 meses después. En octubre del 2009 condenaron, por este caso, a 27 años de prisión a alias ‘Hugo’ (comandante del frente 22 de las Farc) y a alias ‘Marcela’, los encargados de cuidar y luego asesinar a don Hernán. Pero ninguno aceptó los cargos ni indicó dónde estaban sus restos.

A las puertas de la Defensoría del Pueblo, la Cruz Roja Internacional y la oficina del Zar Antisecuestro (que existía entonces), entre otras entidades, han venido tocando Hernán, Amparo y Liliana, los tres hijos de don Hernán.

“Ninguna instancia tiene conocimiento de los restos de su padre”, dicen.

Los tres han ido tres veces a la vereda El Escritorio, donde se cree que estuvo cautivo, en busca de sus restos. Nunca han encontrado nada.

“La última vez, en diciembre del 2010, íbamos con funcionarios de Fiscalía y de la Cruz Roja, y dos desmovilizados del frente 22 y un perro de la Fiscalía para que oliera si había restos. Bajamos con cuerdas a un precipicio de la zona El Escritorio, se buscó durante dos horas en ese hueco, pero no encontramos nada”, cuenta Liliana.

No creen que su padre esté vivo, pues “con 86 años estar secuestrado sería muy duro”, agrega Liliana.

‘Marco León Calarcá’ dijo, en septiembre del 2012, que las Farc habían entregado a todos los secuestrados y no tenían “retenidos” ni cadáveres porque siempre habían hecho las entregas públicamente.

“Queremos hacer llegar una pregunta a la mesa de La Habana: ¿dónde está el cuerpo de mi papá, dónde lo tienen? Si nos contestaran iríamos a recuperar los restos para brindarle una cristiana sepultura, como lo merece cualquier ser humano”, finaliza Liliana.

Hacía un mapa y fue secuestrado
Gerardo Alberto Arandia Valentín era egresado de la Universidad Nacional y fue raptado en el Caquetá

El 20 de julio del año 2000, mientras realizaba un mapa geológico de la zona de Puerto Rico (Caquetá), en cercanías del río La Victoria, fue secuestrado por la columna ‘Teófilo Forero’ de las Farc el geólogo Gerardo Alberto Arandia Valentín, de 34 años, egresado de la Universidad Nacional.

El geólogo Gerardo Alberto Arandia V. fue "retenido" en Caquetá.

Su padre Fideligno Arandia, de 90 años; su esposa, Martha Ospina, con quien Gerardo se casó en 1988, y su hija, Angie Daniela, hoy universitaria, quieren saber qué pasó con él.

“Hemos tocado las puertas de la Presidencia y la Vicepresidencia de la República, Defensoría del Pueblo, Fiscalías, fundaciones, ONG, Cruz Roja, oficinas de derechos humanos, grupos Gaula, Medicina Legal... Fui a cárceles a hablar con integrantes y desmovilizados de las Farc. Cuando existió la zona de distensión hicimos varios viajes hasta allá y hablé con comandantes, entre ellos con ‘Joaquín Gómez’, comandante del bloque sur de la ‘Teófilo Forero’ ”, cuenta su esposa.

“Lo primero que me dijo al mencionarle a mi esposo fue: ‘Es caso cerrado, él está muerto’ ”, agrega.

En el 2006, un guerrillero de las Farc preso le dijo que “al geólogo le daban buen trato, pues no era rebelde y que en medio de todo tenía cierta libertad”. Le comentó también que le había enseñado a un guerrillero a leer y a escribir”.

El primero de febrero del 2010, la Fiscalía profirió medida de aseguramiento contra ‘Joaquín Gómez’ como presunto responsable del secuestro extorsivo agravado del geólogo. Según el fiscal instructor, los guerrilleros lo secuestraron para que los asesorara en la construcción de vías.

Martha subraya que en el momento del secuestro su esposo era contratista de una empresa privada de geología que trabajaba para Ingeominas.

Según una versión, fue asesinado por las Farc recién secuestrado; pero otra dice que la guerrilla cobró a la empresa contratista un rescate por su libertad y que, al no pagarlo, las Farc le dijeron a Gerardo que él tenía que pagar su libertad con su trabajo.

“Le pido al Gobierno que les exija a las Farc que investiguen la ubicación de las fosas comunes de cada frente en esa zona donde fue secuestrado mi papá y que los restos sean analizados por Medicina Legal, en donde ya está su ADN”, agrega Angie, quien estudia Geología.

El teniente de corbeta (r) plagiado
Venía en cicla de Arauca a Bogotá y fue ‘retenido’

“Sé que voy a morir, mátenme, pero a mi familia no le hagan nada.” Fue la última voluntad de Claudio Ariel Acevedo Dussán, de 45 años, antes de ser fusilado por orden de ‘Grannobles’.

Claudio Ariel Acevedo. 'Grannobles' habría ordenado su muerte.

Había sido teniente de corbeta, lancero, paracaidista y contraguerrillero. Durante nueve años se había desempeñado como miembro de la Fuerza Naval, destinado a misiones peligrosas. Llevaba nueve años retirado cuando lo secuestraron en Arauca, el 4 de diciembre del 2004. Iba a vender una casa de propiedad de su familia.

La vendió, envió el dinero y se dispuso a viajar a Bogotá en bicicleta, donde vivía con su madre y sus hermanas. Nunca llegó. Desapareció, sin dejar rastro, en la población de Arauquita.

Quince días después, Luz Enith, una de sus hermanas, recibió una llamada telefónica desde su celular. “Somos de las Farc, tenemos a su hermano”, le dijeron. Después pasó Claudio, la saludó y le dijo que estaba bien y que no podía hablar más.

A principios del 2010, recibió de la Fiscalía información de que una guerrillera desmovilizada había reconocido la foto de su hermano y confesado que ella lo alimentaba durante su cautiverio. “Ariel cayó en cuenta de que lo iban a matar, se arrodilló, le pidió perdón a Dios y pidió al jefe guerrillero que no le hicieran daño a su familia. Después, Grannobles le dio la orden de disparar a un guerrillero y fue cuando le dieron un tiro en la nuca”, narró la exguerrillera.

En mayo del 2010 viajaron a la vereda Matecaña, municipio de Fortul (Arauca), la desmovilizada y miembros de la Fiscalía, del Ejército y de la Cruz Roja a buscar los restos de Claudio Ariel. No se encontró la fosa por los cambios en la vegetación y la amplitud de la zona.

Después intentaron volver, pero las cosas se complicaron, pues el lugar ya no pertenecía a las Farc sino al Eln. Ahí estaba un colono con una siembra y se les informó a los familiares que hasta que se recogiera la cosecha de sorgo no se podría hacer la diligencia.

“Las Farc tienen que decirnos qué paso con mi hermano y entregarnos sus restos. Y el Gobierno debe presionarlas para que confiesen toda la verdad y para que mi madre pueda darle santa sepultura a su hijo”, finaliza Luz.

VIVIANA ESGUERRA V.
Especial para EL TIEMPO

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