Una hinchada bajo una sola bandera

Una hinchada bajo una sola bandera

'La fuerza de un pueblo, una sola hinchada', nombre del emblema gigante de los hinchas de Santa Fe.

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20 de diciembre 2014 , 10:24 p.m.

Los jugadores de Santa Fe ya están en la cancha. Las tribunas palpitan, tiemblan. La hinchada se pone de pie. Están expectantes. Un rugido nace en la tribuna sur y atraviesa todo el estadio. Contagia. De pronto, pierden de vista el cielo bogotano. Un lienzo gigante de rojo y blanco cae desde la parte alta y va cubriendo esos cuerpos ansiosos. Es una bandera gigante, enorme, 400 metros de largo, 38 de ancho. Debajo, la hinchada ‘Cardenal’, arropada, ruge. Algunos se abrazan, saltan, vociferan. Quizá imaginan el horizonte, el espectáculo que no ven, pero que disfrutan. Es un instante fugaz que entusiasma a la afición.

Cuatro horas antes de un partido, no cualquiera (una final como la de este domingo, un duelo decisivo, un juego clase A), la bandera gigante, esa que es roja y blanca, adornada con potentes letras negras que dicen ‘La fuerza de un pueblo’, como la han bautizado, llega al estadio El Campín.

El trabajo de los aficionados para que la enorme bandera quepa. Archivo Partiicular

Su arribo es dentro de un camión tipo furgón que viene de un lugar desconocido de la ciudad, no revelado por ‘seguridad’. Un centenar de jóvenes guardianes santafereños, luciendo sus distintivos y su parafernalia, la vigilan, la escoltan, la cuidan. Están sigilosos, prevenidos, silenciosos.

El descenso del camión es ágil pero dispendioso. Previamente los hinchas han identificado una de las puntas de la bandera para no cometer errores: debe ingresar con un orden definido. “Una vez entró mal al estadio y no se pudo sacar porque quedó al revés, y ya con el estadio lleno no hay nada que hacer”, cuenta Diego González, integrante de la barra Guardia Albi-Roja Sur, que le dio vida a la bandera.

Los hinchas de Santa Fe mientras suben la bandera a una camioneta. Archivo Particular

Luego viene la requisa, siempre estricta, siempre rigurosa. Perros de la policía son utilizados para detectar drogas. “La requisan muy bien”, asegura Diego. La requisa hace parte del ritual, después los jóvenes guardianes la cargan sobre sus hombros, desfilan hacia las puertas del estadio. Parece una procesión. A veces ingresan por la puerta de maratón, costado norte, o por la tribuna sur. Todo depende de en qué tribunas se va a exhibir. Mientras avanzan, como fieles feligreses, no hay algarabía, no hay cantos. “Es un instante tranquilo, más bien todos estamos muy prevenidos, muy pendientes de todo”, cuenta Diego. La barra anticipa en silencio el carnaval.

Ya adentro del estadio, en su hábitat, con las tribunas aún vacías, la bandera toma posesión del escenario. Se alista para el instante único: los escasos minutos en que se expandirá, desde arriba hacia abajo, cubriendo tribunas ya repletas, arropando de rojo y blanco a la muchedumbre unida y eufórica.

La consentida

“La gente ve la bandera exhibida, le toma fotos, la toca, la quieren, pero quizá no imaginan todo lo que hacemos para que esté allí, cuántas horas antes la preparamos y cuántas horas después para ir a guardarla. A veces nos da la madrugada en esas”, dice Diego, y habla orgulloso, como si ese sacrificio que nadie ve, ya hubiera tenido su recompensa, tal vez con un gol, con una victoria, con un título.

‘La fuerza de un pueblo’ cobró vida en el año 2006, según recuerda Diego, cuando un grupo de aficionados, integrantes de la barra Guardia Albi-Roja Sur, decidieron hacer algo llamativo, original y que fuera propio, que cobrada identidad con el club.

“Si Santa Fe tenía un león de mascota, nosotros quisimos crear un símbolo nuevo: la llamada ‘Fuerza de un pueblo’. A través de la historia la hemos ido reformando. La primera versión nació para los 10 años de la barra para un clásico”, relata Diego, quien comenta que luego la agrandaron para la Copa Libertadores del 2012 y que, recientemente, para la final contra Nacional (2013) hicieron la última versión y le pusieron apellido: ‘La fuerza de un pueblo, una sola hinchada’, reza ahora.

Fueron horas y horas de trabajo en conseguir la tela, en coser –se le pasa maquina plana y se filetea para que quede segura–, en pasar noches en vela durmiendo sobre ella –dice Diego que es “hasta cómodo”– arropados con ella, en conseguir recursos, pintura... “La bandera fue elaborada inicialmente con recursos de la Guardia, y no llegamos a pensar que en otras tribunas la llegaran a querer tanto. A veces nos preguntan que dónde está la bandera, que qué se necesita; las últimas veces nos han dado pintura espontáneamente, es gente que va a oriental u occidental y que llega con su galón de pintura y nos ayuda”, cuenta Diego.

Desde su nacimiento, el mantenimiento de la ‘Fuerza de un Pueblo’ ha sido como su nombre: de trabajo constante, de varias manos unidas para que cada vez luzca mejor, más exuberante. Por supuesto que en cada partido la bandera sufre las heridas de cualquier batalla. Son muchas rasgaduras en las que hay que intervenir como si de una delicada operación se tratara.

Esta es la más reciente versión de la bandera, dice 'La fuerza de un pueblo, una sola hinchada'. Archivo Particular

“El trabajo logístico es muy importante y complicado porque la bandera se rompe siempre. Hay que hacerle mantenimiento, repararla, consentirla… Pero eso no es coger dos máquinas y ya, eso pesa como tonelada y media, diría yo. El trabajo es conseguir mucha gente para que nos ayuden a mover la tela, trasladarla de un lugar a otro, para eso necesitamos entre 40 y 50 personas para alistarla para el siguiente partido en que la vamos a exhibir. También la dividimos para facilitar el trabajo y luego cosemos las partes”, describe Diego, cada vas más espontáneo en su relato, como si la emoción ya lo invadiera horas antes de la final.

La bandera de todos

Desde su primera aparición en el 2006, la bandera gigante contagió a los hinchas santafereños. Dejó de ser la bandera de una barra para ser querida por todos.

“Debajo de ella se siente como que el sentimiento de comunidad es más fuerte, como ‘encerrados’ todos juntos. Pero al verla a la distancia se siente alegría, emoción. Es como un estandarte izado antes de la guerra. Como que me como el cuento de eso de la ‘Fuerza de un pueblo’”, dice César, un fiel aficionado que no falta a la tribuna oriental, que no es de la barra, pero que ama la bandera.

Laura es una aficionada que asiste sin falta a occidental, tampoco tiene nada que ver con la barra, pero tiene un sentimiento especial por la bandera: “La primera vez que vi ‘La fuerza de un Pueblo’ me quedé sin aliento. Es única. Que exista ese manto que nos cubre me hace estremecer. Debajo de esa bandera está el amor que nos invade. Siento que somos un solo corazón”.

La bandera gigante ha sabido conquistar a los aficionados, se ha hecho parte de toda una afición que hoy anhela la octava estrella, y para sus creadores ese sentimiento la enaltece como símbolo. Cumplió el objetivo.

“Para la Guardia es un orgullo que nuestra bandera sea un icono para la hinchada y la quieran”, dice Diego y finaliza su relato.

En la noche del viernes, la bandera iba a recibir su mantenimiento, la iban a reponer de las últimas heridas y a dejarla lista para el ritual de este domingo, justo en la final, cuando esa hinchada esperará ver el cielo rojo y blanco, se abrazará y se arropará bajo el mismo manto.

Medellín también tiene bandera

Esta es la bandera gigante que tienen los hinchas de Independiente Medellín. La imagen fue tomada el pasado miércoles en el partido de ida de la final del fútbol colombiano, contra Santa Fe. Diana Sánchez/EL TIEMPO

PABLO ROMERO
Redactor EL TIEMPO

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