'Brasil no vive una crisis de corrupción, vive el fin de la impunidad'

'Brasil no vive una crisis de corrupción, vive el fin de la impunidad'

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, habla sobre los retos para su segundo mandato.

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20 de diciembre 2014 , 07:44 p.m.

Dilma Rousseff tomará posesión de su segundo mandato al frente de la Presidencia de Brasil el primero de enero con desafíos mayores que cuando asumió por primera vez, hace cuatro años. En aquella época, afianzada por el popular presidente Luiz Inácio Lula da Silva, tenía como función darles continuidad a sus programas. Ahora, quiere dejar una marca propia de su administración para no pasar a la historia simplemente como la primera mujer presidenta de Brasil.

Dilma llegó al principal cargo de su país en 2010 como consecuencia del ocaso de otros pretendientes del PT (Partido de los Trabajadores) que se vieron salpicados por los escándalos. Fue el caso de los exministros de Hacienda, Antonio Palocci, y de la Casa Civil, José Dirceu, involucrado en el escándalo del Mensalão por haber organizado supuestamente un esquema para pagar a diputados que apoyaran la administración del PT. (Lea también: Rousseff y Putin, personajes del año para la prensa regional).

Sin grandes nombres para sustituirlo, Lula optó por Dilma, su ministra de la Casa Civil. Minera de Belo Horizonte, Dilma, que cumplió 67 años el 14 de diciembre, comenzó pronto en la militancia política en dos organizaciones clandestinas que defendían la lucha armada, entre 1967 y 1972. En ese tiempo, fue torturada y pasó 28 meses en la cárcel. Se casó dos veces, y del segundo matrimonio nació Paula, su única hija. Hoy separada, es abuela de Gabriel.

En su primer mandato, Dilma buscó dar continuidad a programas sociales de Lula, quien había dejado al país con dificultades. Tanto, que se hizo famosa la “contabilidad creativa”, en referencia a los malabares que el Ministerio de Hacienda tuvo que hacer para cerrar las cuentas del Gobierno.

En la campaña del 2014, Dilma fue cuestionada varias veces por sus opositores sobre la conducción fiscal de su futuro gobierno.

A pesar de haber partido al frente en la carrera electoral, un accidente aéreo que le quitó la vida al candidato Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño (PSB), cambió el escenario e hizo del pleito de este año el más disputado desde 1989, cuando se hizo la primera elección presidencial directa tras 20 años de dictadura.

Marina Silva, exministra de Medio Ambiente de Lula y vice en la pareja con Eduardo Campos, lo sustituyó como candidata y fue quitándole votos a Dilma. Pero, en la recta final de la primera vuelta, Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), nieto de Tancredo Neves, presidente electo indirectamente y que murió antes de tomar posesión en 1985, relegó a Marina y fue a la segunda vuelta contra Dilma –protagonizando así una sexta disputa presidencial consecutiva entre el PT y el PSDB. El resultado de la elección mostró un país dividido: Dilma obtuvo un 51,64 por ciento de los votos válidos, y Aécio, un 48,36.

En el próximo mandato, Rousseff tendrá grandes desafíos: contener la inflación, que amenaza con cerrar el año por encima del techo del 6,5 por ciento, retomar la credibilidad del país ante los mercados financieros, atraer inversiones, cortar gastos, y, sobre todo, enfrentar los efectos políticos del escándalo que está envolviendo a Petrobras, la mayor empresa del país. Se estima que cerca de 70 políticos estarían envueltos en un esquema de propinas, entre los que figurarían ministros, senadores y diputados de la base aliada de Rousseff. Aunque no sea candidata en el 2018, Dilma tendrá que equilibrarse en sus diferentes desafíos e intentar limpiar la imagen de su partido para pavimentar el regreso de Lula, que piensa intentar un tercer mandato.

En entrevista exclusiva con los periódicos del GDA, Dilma se defendió recordando que fueron los gobiernos del PT los que efectivamente investigaron, al contrario de lo que, según ella, acontecía antes. “Brasil no vive una crisis de corrupción. La corrupción siempre existió en el país. Brasil vive, en la realidad, un momento impar e inédito de efectivo fin de la impunidad y de combate a la corrupción. Lo que está en crisis en Brasil es la histórica impunidad”, dijo.

¿Cree que las quejas por el caso Petrobras pueden afectar a la paz política necesaria para su segundo mandato?

Mi indignación con las denuncias que involucran a Petrobras es la misma que sienten todos los brasileños, y quiero, al igual que todos mis compatriotas, que los culpables sean castigados. En Brasil no hay intocables. Este es un compromiso de mi gobierno.

La población reconoce el esfuerzo en la lucha contra la corrupción. La encuesta del instituto Datafolha publicada el 6 de diciembre muestra que el 46 por ciento de los brasileños considera que mi gobierno es el que más ha investigado casos de corrupción en toda la historia, y el 40 por ciento considera que es el que más ha castigado a los corruptores. Estos índices de investigación y lucha contra la corrupción son los más elevados de entre los presidentes considerados en la encuesta.

Para dar una idea de este gran cambio, en los 8 años de los gobiernos inmediatamente anteriores al PT, se realizaron solo 48 operaciones de la Policía Federal contra la corrupción. Mientras que en los 12 años de los gobiernos del PT, se han llevado a cabo 2.226 operaciones especiales de la Policía Federal.

El gran fortalecimiento de las instituciones de control y la intensa promoción de la transparencia administrativa durante los gobiernos del PT a veces transmiten la falsa impresión de que los casos de corrupción han aumentado. En realidad, lo que ocurre en el Brasil de hoy es que, por primera vez en la historia, estamos combatiendo efectivamente la secular llaga de la corrupción.

Brasil no vive una crisis de corrupción, como afirman algunos. En los últimos años comenzamos a ponerle fin a un largo periodo de impunidad.

¿Cómo puede liderar una campaña anticorrupción cuando su propio partido es protagonista del escándalo de Petrobras?

Es la Policía Federal bajo mi gobierno la que conduce las investigaciones sobre corrupción en Petrobras. Han sido esas investigaciones las que llevaron al desmantelamiento de un esquema del cual se sospecha que tenga décadas de existencia, con anterioridad a los gobiernos del PT.

Mi gobierno es el que ha liderado el proceso contra la impunidad en Brasil, poniendo fin a la era en que los ilícitos se ocultaban debajo de la alfombra. Yo misma despedí, tres años antes de esas investigaciones, al director que confesó ante la justicia la conformación del esquema de desvío de dinero en Petrobras. Lo que importa es que todos los que estén implicados sean castigados.

¿Cuáles son las consecuencias para la región de la aproximación entre EE. UU. y Cuba?

Los pronunciamientos de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama tienen un significado histórico. Estamos asistiendo a uno de los últimos –si no el último– episodios de la Guerra Fría. Más de cincuenta años de embargo económico impusieron enormes sacrificios a la sociedad cubana y no produjeron los resultados que buscaba EE. UU., como lo afirmó el propio presidente estadounidense de forma realista. Su declaración tuvo el mérito de reconocer cuán inocua ha sido la medida.

Después de tantos años, ganó la opción del diálogo y la búsqueda de una solución negociada, en detrimento del uso de medidas unilaterales al margen del derecho internacional.

La normalización de las relaciones Cuba-EE. UU. transciende en mucho el ámbito bilateral. Ese acercamiento tendrá un impacto fuerte y positivo en toda América Latina. Una expresión de eso ya se podrá constatar en la Cumbre de las Américas, que se realizará en abril próximo en Panamá. El encuentro y el apretón de manos entre Castro y Obama serán símbolo de que algo nuevo está ocurriendo en nuestro continente.

Espero que, en seguimiento a las importantes decisiones de los últimos días, tengamos muy pronto el fin del embargo económico que todavía pesa sobre Cuba. Mi gobierno se enorgullece de haber desarrollado amplia cooperación con Cuba, que tiene en la financiación del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) al puerto de Mariel, una de sus más importantes expresiones.

¿Qué línea pretende seguir en la política económica?

El nuevo equipo económico trabajará en medidas de elevación gradual, pero estructural, del resultado primario de la Unión, para estabilizar y luego reducir la deuda bruta del sector público respecto al PIB. También seguiremos mejorando nuestra política de incremento de inversiones y de ampliación de la productividad, pues esto es lo que sostiene un crecimiento más rápido del PIB y de los salarios reales, con estabilidad macroeconómica. Nuestra prioridad es recuperar la capacidad de crecimiento de la economía, con un riguroso control de la inflación y el fortalecimiento de las cuentas públicas, para, de esta manera, asegurar el empleo y los ingresos.

Los ajustes que se realizarán, inevitables frente a la persistencia de un panorama económico internacional difícil, no se harán, sin embargo, en detrimento de los empleos y de los salarios de los brasileños, en especial de los más vulnerables, como ya ocurrió en Brasil y ocurre actualmente en otros países del mundo.

¿Qué mecanismos podrán ayudar en la aproximación de Brasil al bloque de la Alianza del Pacífico?

Nos complace ver la iniciativa de Chile de promover un encuentro entre los cancilleres del Mercosur y de la Alianza del Pacífico, con el propósito de estudiar mecanismos de convergencia entre estos dos procesos de integración. Este también es uno de los objetivos del nuevo secretario general de Unasur, Ernesto Samper. Brasil y el Mercosur, en la práctica, ya ejercen el libre comercio con Chile, Colombia y Perú, por ejemplo. Y Brasil también ha firmado varios acuerdos con México. Todo ello ha representado una base concreta para la creación de un área de libre comercio en Sudamérica.

Respetamos la opción que hicieron muchos países de establecer tratados de libre comercio, pero los temas referentes a la integración no se nos plantean hoy de la misma manera que en el siglo pasado. Las distintas estrategias de ingreso en la economía mundial no impiden una cooperación provechosa en el ámbito regional.

Creemos que la integración sudamericana debe priorizar a la vez el lado comercial y la necesidad de una mayor complementariedad productiva, con énfasis en la innovación tecnológica, que permita crear cadenas de valor, y en la construcción de una fuerte infraestructura energética y logística.

La alianza internacional más visible en la que hoy participa Brasil son los Brics. ¿Por qué no avanza la integración regional?

La participación de Brasil en los Brics, en el G20 y en otros grupos es uno de los ejes prioritarios de la inserción internacional brasileña.

Desde el punto de vista de mi país, son procesos complementarios. Es más, fue justamente gracias a los procesos de integración regional que América Latina ascendió como protagonista e interlocutora en la comunidad internacional.

Grupo de Diarios América (GDA)
Brasilia.

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