EE. UU. y Cuba: fueron la biología y la tecnología

EE. UU. y Cuba: fueron la biología y la tecnología

La Habana se vio en la necesidad de buscar una alternativa económica, la encontró en EE. UU.

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20 de diciembre 2014 , 04:36 p.m.

La semana pasada ocurrió la más profunda transformación en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba en más de medio siglo. ¿Por qué ahora? La sorprendente respuesta es que la biología y la tecnología crearon las condiciones que hicieron posible este acuerdo.

La biología determina tanto el envejecimiento de los hermanos Castro y de otros líderes cubanos de su generación como el de sus opositores en el exilio, quienes están localizados predominantemente en EE. UU., en el estado de Florida. Estos cambios generacionales han alterado los antiguos equilibrios políticos dentro del régimen cubano, así como en la política electoral estadounidense. La biología también intervino, a través del cáncer que causó la muerte del presidente Hugo Chávez. La desaparición del líder venezolano contribuyó a aumentar el caos institucional, lo cual hizo de este país petrolero un benefactor menos seguro para Cuba.

La tecnología –en especial las innovaciones en la extracción de gas y petróleo– ha permitido que EE. UU. revolucione el mapa energético del mundo. Entre otras cosas, forzó la baja del precio del petróleo. Esta caída (también impulsada por una baja en el consumo mundial del crudo) debilita aún más la ya devastada economía venezolana y reduce su capacidad para seguir manteniendo a Cuba. Así, el régimen de La Habana se vio en la necesidad de buscar una alternativa económica y, sorprendentemente, la encontró en su archienemigo, Estados Unidos. Dice mucho del pronóstico que tienen los bien informados cubanos de lo que va a pasar en Venezuela cuando deciden abandonar a su generoso e incondicional país títere para abrirse a las inversiones, el comercio y el turismo estadounidense.

En EE. UU. también se dieron cambios políticos que allanaron el acuerdo entre Obama y Castro. La parálisis en el Congreso y los resultados de las elecciones de mitad de periodo que dieron la mayoría a los republicanos enfrentaron a Obama a la posibilidad de pasar los dos años que le quedan en la Casa Blanca sin poder hacer mucho. Por ello prometió que si el Poder Legislativo no actuaba entonces “dondequiera y cuandoquiera que pueda tomar medidas sin el Congreso... lo haré”. Así, Obama ha emprendido importantes reformas. Y ahora decidió actuar sobre el fracasado, pero hasta ahora políticamente intocable, embargo a Cuba.

La avanzada edad del exilio cubano en Estados Unidos sin duda facilitó esta decisión. La generación de exiliados cubanos que se oponía ferozmente a cualquier liberalización de la política respecto a Cuba tenía un gran peso electoral en Florida. Pero esta generación se ha visto reemplazada cada vez más por un nuevo grupo de votantes cubanoamericanos más jóvenes y más dispuestos a explorar nuevas opciones.

Por su parte, el régimen de Castro lleva mucho tiempo posponiendo unas reformas que, si bien fortalecerían su economía, significarían admitir el fracaso de la revolución. Retrasar la hora de la verdad ha sido posible gracias al enorme subsidio que Venezuela lleva más de una década otorgando a Cuba. Pero ese salvavidas está ahora en peligro. No hay dudas de que el colapso económico y el caos institucional de Venezuela han sido factores importantes a la hora de motivar al régimen cubano a buscar alternativas.

Las consecuencias de la nueva relación entre EE. UU. y Cuba son muchas. Obvio que este acuerdo ayudará a la economía cubana y le dará un respiro al régimen de los Castro. Pero también es obvio que mantener un brutal Estado policial y represivo en un país más abierto e integrado al mundo es más difícil que hacerlo en una sociedad cerrada, hambrienta y cada vez más pobre. Esto no quiere decir que la transición a la democracia en Cuba ha comenzado. Pero el acuerdo sugiere que el régimen de La Habana está condenado a abandonar muchas de las hasta ahora sagradas premisas que guiaron su revolución. Pero, más importante, el acuerdo también sugiere que, de ser necesario, los líderes cubanos están dispuestos a olvidarse de la revolución con tal de mantenerse en el poder.

Moisés Naím
@moisesnaim

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