Cómo afrontar las fiestas decembrinas cuando un ser querido ha muerto

Cómo afrontar las fiestas decembrinas cuando un ser querido ha muerto

Pueden ponerse en marcha acciones para superar el dolor y seguir adelante. Los expertos opinan.

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20 de diciembre 2014 , 04:18 p.m.

Hace 18 años falleció su hijo en octubre. Todo el mundo le decía que como era psicóloga lo iba a superar rápido. Ella no entendía: “Antes que mi profesión, soy un ser humano”, solía decir.

Cuando llegaron las fiestas decembrinas, recordó que siempre preparaba natilla para su hijo, así que ese año, en vez de acabar con la costumbre, la preparó y salió a la calle. Se encontró con un indigente, a quien le deseó que la disfrutara en nombre de su hijo. Hubo algo de tristeza, pero también de tranquilidad.

La historia la cuenta la psicóloga especialista en duelo Margarita Hoyos, y aunque en principio puede parecer dolorosa, fue la forma que ella encontró de aceptar y superar la muerte de su hijo. Algo que cada persona debe tratar de hacer mientras afronta su proceso de duelo.

Perder a alguien justo cuando se acercan fechas de celebración, como son Navidad y Año Nuevo, es difícil porque el dolor aumenta y, aunque no debe haber una falsa alegría, sí pueden ponerse en marcha acciones para superar el dolor y seguir adelante, recordando a la persona que ya no está.

Mery Luz Bernal, psicóloga especialista en duelo, explica que el duelo que viven las personas por esta época se denomina síndrome de aniversario. “Son las primeras fechas importantes sin el ser querido que falleció, entonces se abre nuevamente la herida –asegura Bernal–. El sentimiento de tristeza aumenta porque, mientras el mundo festeja, hay luces y alegría, nosotros estamos nostálgicos”.

Un error común que cometen las personas es hacer el duelo a un lado, negarlo y hacer como si nada hubiese pasado. Esto es como una olla a presión que algún día puede reventar. De allí que hay que encontrar un equilibrio.

Así le sucedió a Diana Ruiz hace 17 años, cuando perdió a su esposo. “No quería aceptarlo, quería morirme con él. Incluso le tenía rabia a mi hija porque por ella sentía que debía quedarme en este mundo. Me dediqué a trabajar muchas horas”.

Con el tiempo entendió que el duelo tiene unas etapas que hay que vivir para estar bien. Hoy dirige una fundación llamada Vida por Amor a Ellos, que creó hace 15 años con su suegra, con el fin de darles la mano a las personas que acaban de perder a un ser querido y necesitan ayuda para seguir con sus vidas.

No se aísle

Expertos recomiendan no aislarse durante las fiestas y hablar de lo que pasó. “Lo que más ayuda en estos procesos es afrontar y asumir. Posponer o evitar no sirve. Dondequiera que vaya llevará el dolor consigo. Van a seguir las Navidades, porque la vida sigue, pero lo que sí no puede pasar es acumular el dolor”, acota Bernal.

Cada persona puede decidir si quiere celebrar o no y a qué ritmo quiere hacerlo. Si no se siente listo para festejar, puede tratar de asistir un rato a las reuniones y compartir con sus familiares y amigos, pero no se condene a la soledad absoluta.

Tenga en cuenta que así como a usted nadie debe presionarlo a celebrar, usted tampoco debe dañar la Navidad o el Año Nuevo a los demás, especialmente en los hogares donde hay niños.

“A veces –explica Hoyos– sentimos rabia en estas fechas porque pensamos que el mundo debería parar ante nuestro dolor y ocupamos un rol de víctimas. Experimentamos una especie de sensación como si las demás personas nos hubiesen hecho algo, pero nadie nos ha hecho nada: la muerte es un proceso natural que nos ocurre a todos: el mejor homenaje que podemos hacerle a quien murió es recordarlo y seguir con nuestras vidas”.

Ahora, si se siente con ganas de festejar, tampoco tiene por qué sentirse culpable. “Las personas que viven la muerte de un ser querido sienten una especie de lealtad hacia ellos y creen que, por el amor que les tuvieron, no pueden permitirse cierto grado de disfrute, por lo que se aíslan, toman pastillas para dormir o tienen manifestaciones de tristeza y depresión”, aclara Hoyos.

En este caso, la experta explica que la depresión no es una enfermedad propia del duelo; lo que sucede es que algunas personas la traen latente y, ante un episodio como la muerte de un ser querido, puede exacerbarse.

Siéntase en la libertad de hablar con sus familiares cercarnos. Tome decisiones con ellos sobre lo que quiere hacer el 24 y el 31 de diciembre. Puede optar por hacer una reunión adelantada o salir de la ciudad. A juicio de Bernal, esto sirve para seguir adelante y comenzar a entender que, aunque la persona se ha ido, la vida sigue. No se sienta obligado a estar alegre solo por complacer a los demás, pues a lo único que lo va a llevar es a entrar en un conflicto interior.

“Respetemos los estados interiores. Cada quien decide, sin sentirse presionado, lo mejor para él”, afirma Hoyos. “Renunciar a vivir la Navidad lo único que va a hacer es que la próxima la vivamos con la misma tristeza con que vivimos esta. Hay que vivirla a nuestro ritmo, respetando nuestro sentir pero también el de otras personas que están alegres”, concluye.

La importancia de buscar una red de apoyo

La psicóloga Mery Luz Bernal aconseja escuchar al familiar que atraviesa un proceso de duelo, estar para lo que necesite y nunca decirle cómo llevar su dolor. “Esas frases de cajón como ‘tienes que ser fuerte’, ‘él está en el cielo’, no ayudan mucho en estos momentos. Mejor pregúntele: ‘¿qué necesitas?’, ‘¿qué puedo hacer por ti?’, Nunca imponga; acompañe y apoye”.

SERGIO CAMACHO IANNINI
Redactor de EL TIEMPO

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