El cronómetro, el amuleto de Costas

El cronómetro, el amuleto de Costas

Con solo seis meses en Colombia, está a un juego de ser campeón. Controlar el tiempo es su obsesión.

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20 de diciembre 2014 , 12:44 a.m.

Gustavo Costas es un entrenador inquieto. Que corre, que salta, que patea balones imaginarios, que se contorsiona desde la línea técnica. Sin embargo, Costas tiene momentos de pausa. Muy a menudo, en medio de su exaltación, baja la mirada. Aprieta su puño derecho, donde tiene aferrado, como si fuera un amuleto, un cronómetro blanco. Lo mira, lo repasa, lo revisa. A Costas lo obsesiona el control del tiempo.

Llegó a Santa Fe en junio de este año y de entrada le imprimió un cambio de actitud al equipo. Su trabajo ha llamado la atención por la energía que despliega en los partidos. “Este hombre creo que corre más o igual que un jugador en la cancha. Como vive el fútbol se lo inculca a los jugadores, que lo tienen ahí cerca, no los deja respirar, tienen que estar metidos en el partido. Costas no deja que el equipo se relaje o se caiga”, aseguró el presidente del club, César Pastrana, cuando conoció mejor el estilo del entrenador.

Es tanto el ímpetu de Costas, que es muy recordada su reacción durante la tercera fecha de la liga, cuando, por un penalti que no concretó Omar Pérez (el primero de la mala racha cardenal este semestre), contra Patriotas, pateó con furia una caneca de bebidas que estaba junto al banco técnico.

“Es su forma de ser. Es como vive el fútbol. Ellos (cuerpo técnico) toman nota de cada detalle del partido. Por ejemplo, él siempre tiene su cronómetro”, cuenta un compatriota suyo, el volante argentino Franco Razzotti.

El cronómetro es una pieza más del trabajo de Costas. Lo carga permanentemente, colgado a su cuello o aferrado a su muñeca, un detalle no menor, ya que le gusta controlar el tiempo.

“Él maneja el tiempo. A toda hora mira su cronómetro como si fuera un reloj. Apenas empieza el partido lo pone a andar y lo mira y está pendiente del paso de los minutos. Además, en los entrenamientos maneja los tiempos de cada microciclo de trabajo”, cuenta José Rendón, kinesiólogo del club.

Ese cronómetro blanco es un sello de identidad de Costas. Incluso cuando dirigía en Ecuador al Barcelona siempre lo usaba. “Es el mismo que tiene hace mil años; él tiene su cábala”, cuenta su asistente técnico, Pablo Fernández.

Apegado a su inseparable aparato, con un estilo apasionado y en solo seis meses, Costas quiere colgarse la medalla de campeón.

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