En Medellín se puede adecuar vehículos con los turbo-motores

En Medellín se puede adecuar vehículos con los turbo-motores

Hay centros especializados para ello. Dicen que no dañan los carros como algunos sostienen.

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19 de diciembre 2014 , 07:03 p.m.

Ganar velocidad en el menor tiempo posible mientras se conduce es sinónimo de poder y de estatus social para los jóvenes.

Pero para lograr este propósito es necesario tener un motor grande que pueda generar mayor poder o modificar uno pequeño para que entregue más caballos de los que normalmente trae de fábrica.

Para conseguirlo hay dos maneras. La primera de ellas es a través de un cambio de componentes y agregando inyección de nitrógeno a la cámara de combustión para que el motor pueda mantenerse un poco más frío y no sufra cuando alcance la zona roja de altas revoluciones.

La segunda opción es más costosa, pero mejor al momento de tener un resultado constante.Consiste en agregar un sistema completo al motor de sobrepresión de aire que permite llevar más combustible a la mezcla interna. Da como resultado más potencia.

Ricardo Vásquez Orozco, gerente de Autotest, explicó que esta es una de las tendencias más marcadas actualmente en el mundo de la personalización de vehículos y que existen dos sistemas en el mercado que cumplen con esta función. Ambas tienen nombres similares pero trabajan de distinto modo.

El primer sistema es el supercargador que funciona de forma mecánica. Básicamente es un tornillo compresor que está sujeto al cigüeñal y mientras más vueltas produce el motor mayor es la compresión que genera.

Este sistema se usa especialmente en motores de más de tres litros.

El segundo sistema y el más comercial es el turbocargador que funciona con los gases de escape del motor reutilizándolos para movilizar una turbina llamada caracola, que comprime el aire caliente para nuevamente llevarlo al motor y así generar una explosión más grande en la cámara de combustión.

Estos aditamentos traen como resultado que en dos carros exactamente iguales, quien tenga el turbo, va a llegar al final del trayecto en menor tiempo.

Pero no todo es tan romántico y tan simple como correr más y ganar prestigio.

Estas modificaciones o adiciones que no son de serie traen riesgos altos para el funcionamiento correcto de los vehículos y de su vida útil. Por tanto ir más rápido puede salir muy caro.

Vásquez explicó que el sobreesfuerzo que deben soportar las piezas con el turbo no fue concebido en el diseño del carro y ello aumenta en gran medida las probabilidades de falla de una biela, un anillo, un casquete o el cigüeñal y esto significa una reparación de motor que cuesta de 3 a 4 millones de pesos.

“Yo conozco carros con turbo que apenas 10.000 kilometros después de instalado ya han sufrido la ruptura del bloque que es la peor de las pesadillas que uno pueda tener”, agregó el experto.

Pero no todos han tenido tan mala suerte con este aditamento. Daniel Arango, presidente a nivel nacional del Club Spark, aseguró haber sido propietario durante cuatro años de un Chevrolet Spark LS con turbo y en ese tiempo, donde recorrió más de 80.000 kilómetros, nunca tuvo que reparar el motor.

Este joven asegura que con solo 1.000 centímetros cúbicos el carro pasó de 65 caballos de fuerza, que es lo normal al salir de fábrica, a 140 caballos de poder, fuerza suficiente para enfrentarse a grandes ligas como el Toyota Corolla, el Honda Accord y otros coches de 2.000 centímetros cúbicos.

Daniel cree que la clave del éxito en la transformación del vehículo fue no haber escatimado recursos en la calidad de los componentes, ya que el valor total de la intervención para su máquina fue de seis millones de pesos en el año 2009.
Igualmente influyó el gran conocimiento del mecánico Andrés Guerrero –reconocido en Medellín por alistar los vehículos más rápidos–, quien asesoró la compra de cada una de las piezas y que luego fue el encargado de ponerlas a funcionar en perfecta sincronización.

Aunque parece increíble la velocidad punta alcanzada por el carro fue de 230 kilómetros, sin duda una aceleración bastante riesgosa en las vías locales, pero una clara muestra de que este juguete con siete libras de presión de aire funcionó más que bien: “perfecto”.

David Sánchez Mejía
Reportero gráfico de EL TIEMPO
MEDELLÍN

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