Fin del bloqueo

Fin del bloqueo

Es hora de la reconciliación y también de dar pasos firmes y decididos hacia la libertad.

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17 de diciembre 2014 , 06:46 p.m.

América Latina empieza a cerrar una de sus páginas más tristes, pero también más enrevesadas. La misma que en ocasiones condenó a esa misma América. Revoluciones, guerras, guerrillas, paramilitares, agencias secretas, CIA, focos de tensión, golpes de Estado son, en buena medida, fruto de lo que en Cuba y entre el país caribeño y Estados Unidos ocurrió. Cinco décadas y media. De espaldas, una veces; a media espalda, otras. Bloqueo y cerrazón. Recelo y desconfianza. Tensión dialéctica. Picos puntuales de agravamiento y deterioro. Pero ¿de qué y para qué ha servido el bloqueo norteamericano? ¿A quién ha beneficiado realmente, si es que ha beneficiado a alguien? Siempre ha sido el anatema, también la excusa perfecta para discursos beligerantes, unas veces; culpables, otras, y de distraimiento por una causa y afrenta común, las más.

Firmeza y dureza, callejones sin salida. Trincheras absurdas. Todo debe cambiar, y esta vez de verdad. La noticia, no por menos esperada, supone un aldabonazo en toda regla. Restablecimiento oficial de relaciones. Oficiosamente, de un modo u otro, siempre ha habido un hilo, mínimo, delgado, endeble. En medio, el ciudadano. El ciudadano cubano. A quién derechos y condición de ciudadano se antojaban entelequias.

Normalidad. La que nunca debió romperse. La palabra lo puede todo. El pasado, y es mucho el que hay atrás, debe quedar definitivamente enterrado. Distensión dialogada. No cerrojo. Ahí solo gana el régimen, y pierden los ciudadanos. No será fácil no toparse con la obstrucción de congresistas y, sobre todo, senadores republicanos norteamericanos, habida cuenta de que el bloqueo y su entramado legislativo necesitan el desenredo legal suficiente, y donde las comisiones del Senado no comulgarán a bote pronto con la decisión de Obama.

¿Qué sucederá en la isla a partir de ahora? Es el interrogante. Cuba diluye de repente el gran muro que tenía. Un muro conflictivo. Un muro que era además el cemento y la argamasa para el régimen y la gerontocracia, desde bahía Cochinos. Cuba se irá abriendo, poco a poco. Muy lentamente, pero los pasos empiezan a darse. No puede sobrevivir por más tiempo sin ellos. El régimen lo sabe. Los Castro, también. Los ciudadanos, igualmente. Nada puede ser de golpe ni de repente. La Unión Europea ha reaccionado también desde hace meses. La década anterior es la década perdida. La del no diálogo. Y una dictadura siempre gana cuando el otro no quiere interactuar ni dialogar. Las tesis más reacias han sido abandonadas. Una década atrás tenía marcado acento español. Hoy, el péndulo bascula y gira. Europa sabe y es consciente de la oportunidad que se abre, en todos los sentidos y en todos los contextos.

El futuro sólo pertenece y debe pertenecer a los cubanos. Al pueblo cubano. Los de la isla y los de fuera. Han sufrido mucho todos. Unos y otros. Es hora de la reconciliación y también de dar pasos firmes y decididos hacia la libertad, la democracia y la dignidad del ser humano a través de sus derechos inviolables. Hoy, más que nunca, es necesaria la ayuda de las democracias para construir puentes de diálogo, de entendimiento, de reconciliación, de unidad y de futuro para una sociedad que ha visto y ha vivido mucho.

Francisco, el papa jesuita, ha sido clave en este gran paso. Falta mucho, todo, por hacer. Hagámoslo. La liberación de presos, espías o no, a uno y otro lado del mar ha facilitado y desencadenado la noticia. El trabajo que hay detrás es inmenso. Empieza una nueva etapa. Algunos tratarán de colgarse medallas que seguramente no les pertenecen. Sacarán también réditos, o lo pretenderán, pero no es día para vacuas y melifluas retóricas. Es un gran día para Cuba, como pueblo. Todo lo que venga a partir de ahora será la consecuencia. La que ustedes imaginan y muchos soñaban. Paso a paso. El ciclo político empieza a cambiar. El biológico también lo hará, inexorablemente.

Quienes apuestan por la cerrazón y el candado o lo apostaron todo a esa carta en los últimos años erraron. Todo debe cambiar, pero esta vez de verdad. Démosle tiempo, pero también apoyémoslo.​


Abel Veiga

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