El 'arte' de decapitar obras clásicas

El 'arte' de decapitar obras clásicas

Las editoriales afirman que lo hacen para 'facilitarle la obra al lector'.

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16 de diciembre 2014 , 04:35 p.m.

La idea de decapitar una obra clásica no es nueva, y ha sido objeto de agudas polémicas de los escritores y académicos que se oponen con razón a este tipo de “asesinato literario”.

Las editoriales y los escritores que participan de esta práctica infame afirman que lo hacen para “facilitarle la obra al lector”.

En realidad, detrás de este argumento peregrino, hay un interés comercial y económico. Las editoriales y los escritores escogen justamente a un clásico porque saben que los muertos no protestan, y pueden hacer con su obra lo que les dé la gana: suprimir capítulos, agilizar la narración, actualizar el lenguaje de la época e intervenir en el estilo y tono del libro.

Hoy en día, no solo se mutilan cuerpos humanos; se mutila, así mismo, el legado literario de la humanidad.

A estos escribanos mal pagados ¿quién los autorizó a entrometerse en las obras clásicas? ¿Los autores? ¿Los herederos del autor? ¿El lector?

El argumento de que al joven lector hay que facilitarle la lectura de la obra no solo es cursi, sino que lo mira como si fuera un tonto; un tarado. ¿Acaso toda lectura no implica un trabajo intelectual del lector que, a su vez, enriquece la obra?

Estanislao Zuleta, quien compendió la lectura como el elogio de la dificultad, decía que en el mundo de la ciencia, el arte y la literatura “no había lecturas fáciles, sino lectores fáciles”.

El placer de la lectura consiste en bucear en aquel mundo rico y complejo, lleno de imágenes simbólicas, que nos ofrece la literatura. Por esto leer es un desafío del espíritu, donde el lector debe emplearse a fondo y enfrentarse, él solo, a ese mundo maravilloso que es la literatura.

En principio, a mí no me molesta que las editoriales y los escritores ganen dinero. Ni más faltaba. Pero el dinero se puede hacer de una manera más decorosa, sin necesidad de masacrar a un clásico.

¿Creen ustedes que los argentinos van a dejar retocar los poemas de Borges? ¿O que la familia García Barcha va a dejar que intervengan Cien años de soledad?

Italo Calvino, quien no dejaría que manosearan su obra, afirmó: “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”.

Por esto hay que leerlo y releerlo completo; sin necesidad de amanuenses. ¿O es que a los decapitadores de libros les gustaría que los escritores del futuro intervinieran su obra?

Con la rica información cultural que existe, el lector de hoy no es tonto. Cuando llegue a sus manos la versión para dummies del Quijote, de Cervantes, o María, de Jorge Isaacs, hará sencillamente clic en su tableta, y buscará la versión completa y original.

Para mayor información ver: portal cultural NTC de Gabriel Ruiz y María Isabel Casas: http://literaturaenelvalle.blogspot.com/2014_11_26_archive.html

https://sites.google.com/site/fabiomartinezescritor/​

Fabio Martínez

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