Enlace de complicidad / Diario de la Expedición Antártica Colombiana

Enlace de complicidad / Diario de la Expedición Antártica Colombiana

Primer día y ya tuve una metida de pata: me senté, sin saberlo, en la silla reservada al Capitán.

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15 de diciembre 2014 , 08:26 p.m.

Sábado, Diciembre 13, 2014

El buque es bello. Y aunque no es el más grande de los que hay atracados al muelle, el ARC 20 de Julio me parece imponente y majestuoso. Pienso en la cantidad de agua que habrá de pasar bajo esa quilla bruñida, la cantidad de latitudes y cambios de temperatura y amaneceres oceánicos que se cernirán sobre sus costados, y siento como si un enlace de complicidad comenzara a forjarse entre ambos.(Conozca todos los detalles de la expedición)

Es su primera expedición antártica, pero es mi primera navegación por la costa pacífica suramericana. Ambos vamos a explorar. Pienso que un buque es más que un objeto inanimado. Para mí, termina adquiriendo su propia personalidad; algo en la forma en que cabalga sobre el lomo de las olas o el brío con que ataca el horizonte.

Y bien, es el primer día de familiarización, y ya tuve una metida de pata: me senté, sin saberlo, en la silla reservada al Capitán, en la Cámara de Jefes. Con suma delicadeza pero gran seriedad, el Segundo Comandante me explicó que eso es un “no-no”. Primera lección de la vida militar para un civil: prestar suma atención a los rangos y lo que ellos conllevan. (Sepa por qué Colombia irá a la Antártida)

La siguiente hora es una inmersión en las reglas de la casa, con el Capitán Camilo Segovia. Con 102 personas a bordo de un mismo buque durante tres meses, es absolutamente crucial seguirlas. Por ejemplo, no salir al puente sin anunciar antes; nadie quiere que una ola arrase con la mitad de los ocupantes del buque cada vez que salen a tomar aire. La indumentaria a bordo es otra consideración.

Con la cantidad de maquinaria pesada y objetos móviles en cubierta, un buen par de zapatos con la punta reforzada se hace indispensable. Nada de sandalias cucas o chanclas tres puntadas por ahí afuera. (Lea también: Colombia y Antártida, sentimientos encontrados / Análisis)

El acceso a internet es bastante amplio, excepto el uso de las redes sociales. Twitter, Facebook, Instagram, nada de eso vale por aquí. Tendremos acceso a sitios .org, .mil, .edu, Yahoo, G-mail, Wikipedia, pero otras direcciones IP no están habilitadas, uno imagina que en parte para que nadie pueda surfear idiotamente por YouTube, o bajar porno.

A partir de Valparaíso y hacia el sur (en que la órbita de los satélites ecuatoriales y sub tropicales comienza a inclinarse demasiado, y se hace indispensable para la expedición comprar capacidad en un satélite de órbita polar, el uso de internet es más restringido. Los distintos grupos de abordo, divididos a grandes rasgos en tripulación, investigadores y comunicación estratégica (es decir nosotros los divulgadores) tendremos un número X de gigas mensuales.

Por ejemplo los comunicadores tendremos 15 gigas. Eso puede no sonar demasiado, pero somos unos consentidos porque los científicos tienen menos, y la tripulación entera deberá repartir sus e-mails y fotos en unas pocas gigas al mes.

Igual, comparado con otras regiones de la Antártida, como el Polo Sur Geográfico, es un lujo. Recuerdo que hace seis años allá uno sólo podía enviar unos pocos e-mails sin fotos. Y ello, cada dos o tres días. Ahora las cosas son distintas, pero de todas formas, puesto que el negocio de satélites polares tiene menos clientes que el de otras latitudes, hay menos oferta.

Mi camarote es otro lujo. Es el Camarote de Jefes #2. Tiene TV, una neverita, y su baño propio. Tiene el tapete azul, una mesita con una buena lámpara, y un armario respetable. La gente se asombra cuando les digo que voy a compartirlo con otras tres personas. Pero sé bien que a bordo de un buque, donde la propiedad raíz es más preciada que en el Japón, esto es cinco estrellas. La madera color miel de los muebles le da un toque de calidez a la cabina y mi rasgo favorito, naturalmente, es el ojo de buey de la ventana, con sus gruesos tornillos de bronce.

Camarote del Arc 20 de Julio

El camarote del Arc 20 de julio. Foto: ÁNGELA POSADA-SWAFFORD



Tengo asignado el camarote de en medio, y ya que soy la primera en llegar, trato de acomodar mis cachivaches dentro del armario. A ver dónde va a caber el contenido de las dos tulas que estarán llegando mañana en el avión de la FAC. Y a ver dónde va a caber el ‘mecato’ que nos aconsejan comprar: agua, frutas, papitas, maní, dulces, todo eso que engorda y que sabe tan bien durante un turno de guardia, cuando la cocina está cerrada a la medianoche.

Ya lo quiero como si fuera mío, al 20 de Julio. Es mi buque, nuestro buque, made in Colombia. Es nuestra nave espacial del mar. Toco agradecida el metal en el costado de estribor. Después de todo, este casco será lo único que me separe de una masa de agua helada.

ÁNGELA POSADA-SWAFFORD*
Para EL TIEMPO

*Corresponsal de El Tiempo y la Armada en la Primera Expedición Antártica Colombiana; en 2006 y 2010 llevó a cabo dos expediciones al Polo Sur Geográfico y la Península Antártica con la National Science Foundation.

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