El metro de Quito estará listo en el 2018

El metro de Quito estará listo en el 2018

Ecuador se ha convertido en un ejemplo por la rapidez y eficacia con que se realizan las obras.

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15 de diciembre 2014 , 07:41 p.m.

Es impresionante. La construcción de las dos principales estaciones de la primera línea del metro de Quito –que tendrá una extensión de 22 kilómetros y que transportará a 400.000 personas al día en la capital– avanza a un ritmo imparable.

Hombres y mujeres trabajan 18 metros bajo tierra; hay retroexcavadoras y camiones que remueven diariamente toneladas de arcilla y greda entre las gigantescas columnas de cemento y las losas que separan los diferentes niveles.

Se estima que la fase 1, que contempla la culminación de la superficie de las estaciones, estará lista en enero. “La idea no es trabajar el metro como un elemento único, sino como algo que hace parte del sistema integrado de transporte”, dice a EL TIEMPO Carla Arellano, ingeniera y coordinadora técnica del Metro de Quito. “La gente necesita calidad de vida”, agrega.

La meta es que esa primera línea –que inicialmente fue presupuestada en 1.500 millones de dólares, pero que podría llegar a los 1.949 millones por sobrecostos, para los que se busca ahora financiación– esté funcionando en el 2018.

Y esa es tan solo una de las obras emblemáticas que se realizan en Ecuador. La política es clara: construir puentes, carreteras, aeropuertos, hidroeléctricas, puertos, hospitales y colegios.

Durante los últimos siete años, el país andino se ha convertido en un ejemplo para la región por la rapidez y eficacia con que se llevan a cabo las obras.

Según datos de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo de Ecuador, el gasto de ejecución anual de infraestructura pasó de los 508 millones de dólares en el 2007 a los casi 5.377 millones en el 2013, lo que significó un incremento del presupuesto un poco más de 10 veces en siete años, en los que el gobierno ecuatoriano gastó 18.493 millones de dólares.

Esa es quizá una de las cifras más sorprendentes de la inversión pública y una de las razones que explican el hecho de que Ecuador hoy parezca un país recién hecho en algunos lugares, pues la modernización aún contrasta con su infraestructura colonial.

Solo en vías, se invirtieron 7.103 millones dólares entre el 2007 y el 2013, dinero con el que se han llegado a consolidar lo que el viceministro de Relaciones Exteriores e Integración Política de Ecuador, Leonardo Arízaga, catalogó la semana pasada como “las mejores carreteras de América Latina” al buscar apoyo en Rusia para nuevos proyectos estratégicos que se requieren iniciar por un valor de 28.000 millones de dólares.

Pero el objetivo no es solamente mejorar la conectividad y la calidad de centros de salud y educación, sino también cambiar la matriz productiva. Por eso, actualmente se adelanta la construcción de diez hidroeléctricas que tendrán un valor de 5.500 millones de dólares.

De hecho, uno de los proyectos más importantes es el Coca Codo Sinclair –ubicado unos 150 kilómetros al este de Quito, liderado por chinos, y en el que el que el domingo pasado ocurrió un accidente que dejó 13 muertos–.

Esa hidroeléctrica necesitó de una inversión de 2.200 millones de dólares y se estima que cubrirá el 36 por ciento de la demanda nacional de energía. “Esto significa que en el 2016 vamos a tener una de las matrices energéticas más limpias, y por ende con energía más barata”, dijo el secretario nacional de Planificación y Desarrollo, Pabel Muñoz. Además, otros 1.000 millones de dólares son invertidos en proyectos multipropósito.

Las claves del éxito en infraestructura

Según el sociólogo Jorge León, el éxito de la infraestructura radica en diferentes factores. Entre ellos, el hecho de que Ecuador experimenta en este momento el ‘síndrome de rico’, lo que quiere decir que el Gobierno está dispuesto a pagar lo que sea para que se haga rápido. “Se paga más para que se construya las 24 horas, los 7 días de la semana. A eso se suma el hecho de que el presidente Correa usa la presión pública para denunciar el incumplimiento de los contratistas, que para evitar perder contratos ejecutan y cumplen”.

SANDRA RAMÍREZ CARREÑO
Enviada especial de EL TIEMPO
QUITO

 

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