Más para píldoras, menos para teteros

Más para píldoras, menos para teteros

¿Por qué y para qué más cumbres ambientales si en ellas no ponemos el cascabel al gato?

notitle
11 de diciembre 2014 , 05:15 p.m.

¿Va a donar una gotica para alimentación?, suelen preguntar a los compradores de almacenes de cadena las personas que atienden en las cajas registradoras. Como autómatas, muchos dicen que sí; otros, que no, sin que medie una posición reflexiva sobre ese ‘sí’ o ese ‘no’. Yo siempre digo ‘no’, porque día tras día espero la pregunta anhelada: ¿quiere donar una gotica para programas de planificación familiar? Estoy entre los colombianos y colombianas que piensan que hay que invertir más en píldoras anticonceptivas y menos en dinero para fomentar la irresponsabilidad de tener hijos para luego buscar toda clase de subsidios y limosnas, que nunca son suficientes.

La vigésima Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio climático, que se celebra en Perú, con representantes de 195 países, ha hecho recordar una vez más al mundo que el esperado enorme aumento de población en el planeta contribuye al cambio climático y, por lo tanto, a las grandes catástrofes ambientales. La población urbana mundial aumentará en más de 2.500 millones de personas para el año 2050. Y lo que es más grave: cerca del 90 por ciento de los nacidos provendrán de países de menos recursos y de los habitantes más pobres de los mismos. En los 49 países menos desarrollados del mundo, la población se duplicará para llegar a 1.800 millones de personas. En Europa, la población descenderá en torno a un 14 por ciento para el 2050.

La cantidad de gases de efecto invernadero enviados a la atmósfera alcanzó un nuevo máximo histórico en el 2013. Así lo reveló, a principios de septiembre, la Organización Meteorológica Mundial. Hay que recortar emisiones de gases de efecto invernadero entre un 40 y un 70 por ciento para el 2050. Para ello se necesitan pragmatismo y acciones locales, con pensamientos globales.

El problema del cambio climático, multicausal, como todos ya sabemos, debe ser abordado desde sus diversas génesis para que se produzcan resultados concretos, y una de ellas, fundamental, es el tema poblacional. Aparte de consideraciones ideológicas o religiosas, América Latina y el Caribe, con el apoyo de organismos multilaterales, necesitan políticas poblacionales que frenen los nacimientos que impiden romper el círculo de la pobreza. ¿Por qué no se implementan subsidios del Gobierno para que las familias no tengan más de dos hijos, en lugar de fomentar programas paternalistas y populistas que incentivan los nacimientos? ¿O es que no saben las cajas de compensación que los maridos que se van y dejan a sus hijos en la miseria les suelen decir a sus sufridas mujeres: ‘¡chao, ahí te queda el subsidio para que te defendás!’?

¿Por qué los programas empresariales no se destinan más a educar a las mujeres de los sectores deprimidos que a darles teteros para sus niños no deseados? ¿Han estudiado las cifras que año tras año muestran la relación directa entre baja escolaridad y aumento de embarazos? ¿Por qué el Ministerio de Protección Social no presenta las cifras reales de lo que vale prevenir un embarazo frente a lo que cuesta sostener a un niño? ¿Por qué las empresas siguen temiendo apoyar programas para prevenir el embarazo adolescente, con todo lo que ello implica en el cambio de mentalidad de la población colombiana? ¿Por qué y para qué más cumbres ambientales si en ellas no ponemos el cascabel al gato?

Las mentalidades van cambiando, pero de manera lenta. Los escenarios de coyuntura por cuenta y riesgo del cambio climático, la escasez de agua, el incremento de la violencia, la informalidad del empleo y la contaminación del planeta hacen que hoy la población joven asuma la decisión de no tener hijos, para no someter a su descendencia a la crítica situación que se ve venir. Comparto ese pensamiento.

Hacia mediados de los cincuenta, muchas cosas tendrán que suceder: menos hijos, ciudades diseñadas para vivir y trabajar en ellas sin necesidad de largos desplazamientos, energías más limpias, rebajar el consumo de carne y lácteos por el impacto en la salud, en la deforestación y en la producción de gases contaminantes; menos desechos sólidos y, en general, un cambio en el modelo económico, en el cual los grandes generadores de contaminantes se quedan con las ganancias y la población pobre se queda con la consecuencia de los desastres ambientales.

Cambios drásticos en nuestra manera de abordar los problemas, como está ocurriendo con el tema de la marihuana y su legalización, serán necesarios en el tema del crecimiento de población, y este pasa por la autonomía femenina, la educación y la ruptura del círculo de la pobreza, acudiendo a un pensamiento liberal y de avanzada en temas de planificación.​


Sonia Gómez Gómez

Empodera tu conocimiento

Sal de la rutina

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.