Semáforo amarillo para la movilidad en la capital peruana

Semáforo amarillo para la movilidad en la capital peruana

Con la reforma de transporte Lima espera tener el 50 por ciento de la demanda cubierta para 2015.

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10 de diciembre 2014 , 07:42 p.m.

“Señorita, hay que respetar el rojo, ¡mire el semáforo, el rojo es ‘yo no paso’!”, le grita un agente de tránsito a una joven que cruza la calle sin mirarlo, e intenta organizar el caos vehicular de mediodía en el cruce de la avenida Arequipa con la José Pardo, de Lima.

Más adelante se forma una congestión de peatones que hacen fila renegando para subir a uno de los buses azules que ahora son su única opción en esa vía.

“Tengo que hacer una fila larga, esperar a que me dejen subir a alguno de esos buses azules, pero ni siquiera me deja en mi casa y me toca caminar”, es el reclamo no solo de la señora que sale de su trabajo e intenta volver a casa, sino de muchos pasajeros que hasta ahora están empezando a entender la lógica del nuevo sistema integrado de transporte de Lima, el SIT.

La ciudad es ensordecedora en las zonas más transitadas y el caos empeora en las ‘horas punta’, como se le conocen en Perú a las horas de mayor congestión.

Es un mar de vehículos de transporte público que saturan las calles y no permiten que circulen ni los carros particulares.

Entre los buses, microbuses y combis, la mayoría de ellos destartalados y en dudosas condiciones por su antigüedad (la mitad tienen más de 20 años) se atraviesan los taxis –carros de todos los colores con una franja de cuadritos negra– que paran en cualquier parte a ‘negociar’ una carrera porque no tienen taxímetros.

Ante este panorama, el desarrollo en los últimos años de la capital peruana ha buscado la forma de mitigar uno de sus más grandes dolores de cabeza: la movilidad. Para esto se ha venido implementando una reforma de transporte público integral, que por supuesto ha tenido sus traumas.

Sobreoferta de vehículos

Con el sistema del Metropolitano –buses articulados que circulan por corredores exclusivos como el Transmilenio en Bogotá–, que opera desde 2010, se concentra el 5 por ciento de la demanda.

Adicionalmente está el metro de Lima, del que hasta ahora está en funcionamiento la línea 1 y en proceso la construcción de la 2, que transporta el 1,5 por ciento de la demanda.

Para ampliar el margen de cobertura y buscar una solución a la sobreoferta vehicular –que se calcula en 40.000 vehículos–, “la municipalidad de Lima se propuso abarcar una mayor cantidad de corredores con su reforma y que estos garanticen que para el 2015 se pudiera tener el 50 por ciento de la demanda atendida”, asegura el director ejecutivo de Protransporte, Juan Tapia.

Así entró en operación hace dos meses el corredor azul, uno de los cinco que se proyectaron con el objetivo de modernizar la flota y sacar de operación las unidades antiguas, acabar con el negocio informal –también conocido como la mafia del transporte– y poner a circular vehículos en mejores condiciones y bajo un sistema legal e integral.

“Se aprobó una norma en la cual se congeló la flota y se cerraron los registros desde 2011. Se cambió el patrón tecnológico para que todo nuevo vehículo que ingresara tuviera un nivel más alto”, indicó Tapia, quien agregó que lo que buscan es pasar de la micro a la macrotransportación para llevar a las personas en vehículos más grandes con mayor capacidad. Como era de esperarse y como ha sucedido en diferentes ciudades latinoamericanas donde se han hecho reformas similares, durante el primer mes de prueba del corredor azul las calles colapsaron en horas punta.

Las filas para abordar los buses eran interminables, los otros vehículos no respetaban la ruta exclusiva y las personas se lamentaban por el cambio. “El cambio siempre trae traumas a la gente. Péru tiene 80 años de retraso en cuanto al transporte público y el cambio cultural es muy fuerte; el usuario está acostumbrado a sacar la mano, parar el vehículo donde le da la gana y esa misma gente es la que se queja después del caos”, expuso Alfonso Flórez, de la Fundación Transitemos, durante las primeras semanas del corredor.

La transformación tomará, sin embargo, un buen tiempo, pues más que adaptar a los usuarios, modificar un sistema que estaba monopolizado por unos pocos que se lucraban con el transporte de Lima no será tarea fácil.

Desde que se inició el proceso se han registrado más de 20 paros. Sin embargo, la reforma sigue en marcha a pesar de que genere rechazo al principio y haya ajustes que hacerle, como dicen los expertos.

MARIA LUISA TABARES
Enviada especial de EL TIEMPO
LIMA

 

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