Seres que ayudan, ¿por qué lo hacen?

Seres que ayudan, ¿por qué lo hacen?

Por compasión o por pagar una deuda social, el altruismo tiene diversas explicaciones.

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10 de diciembre 2014 , 06:31 a.m.

Las firmas cazatalentos afirman que para encontrar el personal idóneo para laborar en una empresa se debe buscar entre aquellos que se consideran los “salvadores del mundo”, que anteponen sus intereses personales en busca de la felicidad de los otros, con actitudes compasivas, solidarias y altruistas.

Este número de la Revista HUELLA SOCIAL está dedicado a mostrar 9 casos de valientes anónimos que han asumido el trabajo por los otros como una misión de vida, de manera planificada y sistemática, y que aunque no trabajan para compañías o industrias, han creado sus propias fundaciones encargadas de ayudar a los más débiles.

¿Qué los motiva para realizar esta función social? ¿Por qué lo hacen? ¿A qué se debe que piensen primero en los demás y luego en el bienestar propio?

A continuación trataremos de entender las motivaciones de las personalidades altruistas desde diferentes enfoques: el espiritual, el biológico, el psicológico y el de la sostenibilidad, entre otros.

A través de la existencia de la humanidad todas las religiones y caminos espirituales hablan de un bienestar social. Los budistas lo denominan compasión, y tiene que ver con que todos los seres vivos estén libres de sufrimiento y de las causas que lo generan. Para el reconocido monje budista Matthieu Ricard: “Los seres humanos no sólo debemos alcanzar la felicidad individual, sino que también debemos contribuir con la felicidad de los otros”.

El Dalai Lama se refiere a dos tipos de egoístas: el estúpido y el inteligente: el primero quiere todo para sí mismo, mientras que el segundo entiende que el ser humano es un individuo relacional e interdependiente, que sabe que debe invertir en el bienestar de todos los que lo rodean.

La explicación de la existencia de las personalidades altruistas dada por Pedro Menéndez, arquitecto colombiano experto en psicología ambiental y en la construcción de entornos positivos, tiene que ver con la supervivencia de la especie humana. Para Menéndez, el cerebro cuenta con una especie de software preinstalado orientado a garantizar la supervivencia de las especies, con tres funciones básicas: alimentación, protección y reproducción. Los actos altruistas tienen que ver con la supervivencia de la especie, y por tanto siempre habrá personas encargadas de garantizar la existencia de los más débiles.

De otra parte, también se refiere a la provisión de neuronas denominadas “espejo”, propias del ser humano. Estas “nos permiten la empatía con el otro”, concepto del que habla la religión cristiana, a través de ejemplos de vida como la de Jesús, que muere en la cruz para salvar a la humanidad. El de San Francisco de Asís, un renunciante de lo material que venció el miedo para ir a ayudar a los leprosos, camino que nos recuerda al nuevo papa Francisco que le hace honor asumiendo su nombre y su actitud de renuncia a las comodidades de la Iglesia y acogiendo en su seno a los excluidos. En este mismo orden se encuentra San Juan de la Cruz, que lo explica a través de la subida al monte Carmelo, donde el camino del medio es el que conduce a la virtud en pos de la ayuda a los otros.

Ser feliz dando

Para Martín Seligman, padre de la psicología positiva, existen dos opciones básicas que tenemos a mano para ser felices: la autocomplacencia, o hacer un trabajo altruista. Los estudios demuestran que pasadas dos horas la sensación de placer generada por un acto orientado al placer individual desaparece; mientras que la persona que se dedicó a los demás percibe una felicidad que perdura durante 24 horas.

El psiquiatra cubano Freddy Sánchez, miembro de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, explica el fenómeno del altruismo desde la actividad neuronal de la siguiente forma: todo lo que produzca placer o satisfacción genera cambios moleculares, bioquímicos o estructurales. Esa estimulación en los centros de recompensa generada por actitudes que nos causan gozo, cambian el mapa en la cabeza afectando la bioquímica cerebral, aumentando los niveles de dopamina, que es la sustancia encargada de los sentimientos de satisfacción y placer, por lo tanto, es la causante del enamoramiento, lo que hace que el individuo repita la acción. Lo anterior se da a nivel físico-químico.

Pero también puede existir la repetición de la acción influida por actos de conciencia, al percibir que estos tienen un efecto positivo en la sociedad. No existe un solo motivador para explicar las personalidades altruistas. También se pueden generar por el pago de una deuda social, bien sea por algo que se recibió, o que, por el contrario, nunca fue dado.

Cualquiera de las causas anteriores (no lo sabemos con exactitud) han influido en las acciones de Fernando Quintero, director de la Fundación Proyecto Unión, dedicada a atender a dos grupos poblacionales de la sociedad como son los niños desahuciados que son abandonados en los hospitales y los adultos mayores que deambulan como habitantes de calle. “Decidí que yo debía tener otra actitud, ser parte de la solución: actuar y ayudar, porque eso es lo que cambia el mundo”, dice Quintero.

Para este médico que resolvió generarle oportunidades a quien no las tiene, sus acciones, afirma, le traen mucha tranquilidad: “yo recibo a través de ellos”. A esto se refieren también las religiones. Se dice que esta persona “ya tiene ganado el cielo” y, de otra parte, el llamado karma que se refiere a que las buenas acciones se devuelven a favor de quien las ejecuta.

El caso de Luz Dary Gómez tiene una motivación con nombre propio, se trata de su hija Catalina Muñoz, que lleva el nombre de la Fundación. La historia de Cata comenzó al nacer en Bogotá hace 18 años, con un peso menor al normal y una enfermedad genética caracterizada por un retraso en el crecimiento, Catalina tenía el extraño síndrome de SilverRussell, y a los 7 años de edad le diagnostican Arnold Chiari e Hidrosiringomelia, dos enfermedades que hicieron una involución, limitándola en las actividades de la vida diaria.

Hoy es una niña con habilidades asombrosas. Luz Dary, su madre, consciente del milagro de vida que representa su hija, ha dedicado todo su esfuerzo y parte de su patrimonio a donar casas para familias que tengan hijos “especiales”. Lleva 2.354 viviendas entregadas a través de un trabajo con voluntarios en todo el país.

Estos ejemplos nos llevan a deducir que el altruista cuando hace empatía, vacía sus pensamientos del ego. Aquí es preciso inferir que esto necesariamente conduce a la felicidad.

Pero el altruismo al representar una actitud positiva es posible aprenderlo y enseñarlo. El pensamiento complejo hace posible la transformación hacia una conciencia del colectivo, del que habla el reconocido filósofo francés Édgar Morin, que se imparte desde el hogar, es posible irlo adquiriendo y modelando de manera paulatina. Esto sucede con las acciones de la vida cotidiana, a fuerza de repetirlo y a través del ejemplo, cuando se enseña a respetar al otro y a tener conciencia de su existencia.

En este sentido el altruismo se opone al egoísmo. Estos valientes representan la esperanza. La humanidad nunca podrá sucumbir ante el mal porque ellos existen. La biodiversidad trae consigo a estos seres. Así como en la naturaleza al lado de la planta venenosa crece el antídoto, en las sociedades humanas se replica el hecho. La historia nos muestra miles de casos representativos. Tan solo en el siglo pasado en la Alemania nazi, o en el periodo militar argentino, se han venido a conocer los casos contados por las víctimas que, pasado el tiempo, agradecen a quienes arriesgaron hasta su vida para ponerlos a salvo.

Las diferentes culturas tienen dioses y símbolos dedicados a representar la compasión y el altruismo, van desde Quan Jin (China), Chevorezik (Tíbet), Avalokitosvara (sánscrito) y Kanon (Japón). Por citar solo los orientales. Estos están representados con muchos brazos, lo que significa y cuentan los altruistas es que siempre habrá ángeles salvadores dispuestos a apoyar la labor de los que saben dar y por ello nunca están solos, cuentan con el apoyo y reconocimiento de la sociedad.

MARÍA ELENA VÉLEZ
Especial para HUELLA SOCIAL

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