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Economía y paz

Economía y paz

Es un profundo error limitar el aporte de la economía a que, simplemente, financie la paz.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de diciembre 2014 , 07:34 p. m.

En el 2003, en una conferencia organizada por la Fundación Agenda Colombia, titulada ‘Hacia una economía sostenible: conflicto y posconflicto en Colombia’, el premio nobel Joseph Stiglitz planteó que, dada la situación de Colombia, se debía trabajar en dos agendas de manera paralela: la económica y de desarrollo en general, y la de la paz. Su argumento, después analizado por consultores colombianos en el libro Stiglitz en Colombia (2004), fue el siguiente: los problemas económicos seguirán si se acaba el conflicto y, a su vez, el crecimiento económico no garantiza per se el logro de la paz.

Hoy, cuando se avanza en las negociaciones para acabar con el conflicto interno, vuelve y surge el debate sobre las interrelaciones entre economía y paz. Para algunos, para ser realistas, es mejor abordar paz y posconflicto en lo que podría llamarse su versión minimalista. Es decir, lo fundamental es que cese la guerra, y, por consiguiente, el posconflicto debe limitarse a resolver los problemas que se derivan directamente de esta. Es decir, el tema de las víctimas, de los reinsertados, de los desmovilizados, etc. Lo económico y lo social, en otras palabras las grandes transformaciones que la sociedad requiere, se dejan para después. Dentro de esa perspectiva, el vínculo con lo económico parecería limitarse a que existan los recursos fiscales necesarios para asegurar la financiación de estas tareas.

Sin embargo, se cometen varios errores que aún se está a tiempo de rectificar. En primer lugar, incluso la versión de paz y posconflicto minimalista incluye la profunda reforma del sector rural, porque este es el primer punto de la agenda que se ha discutido y acordado hasta ahora entre el Gobierno y las Farc. No se debe desconocer que esta reforma de fondo del campo es un tema económico y social. Es decir, forma parte de la agenda de desarrollo del país en la cual no solo el ritmo sino la forma de crecimiento de la economía son claves.

Segundo, así el Gobierno insista en que no hay causas objetivas que expliquen el conflicto, la verdad es que el tipo de crecimiento que ha tenido la economía –la distribución desigual de sus beneficios entre distintos sectores de población– no puede aislarse totalmente de las causas del conflicto. Cada sociedad busca la manera de resolver sus problemas y los ejemplos de países más pobres, como Bolivia, o desiguales, como Chile, que no han optado por conflictos como el nuestro, no son válidos.

Pensar que la economía colombiana es neutra en términos de la paz y del posconflicto y que su rol se limita a generar los recursos para financiar los problemas que se derivan del cese de la confrontación es una señora equivocación. La economía, y no solo las políticas sociales, pone su “impronta” en el tipo de sociedad. Cuando el lema es la confianza inversionista y para los pobres, limosnas e informalidad laboral, las directrices económicas contribuyen, de hecho, a una sociedad injusta, desigual. Puede que se les dé mucho a los pobres, pero si se les da más a los ricos, se generan profundas insatisfacciones que cada sociedad traduce en ingobernabilidad.

Por consiguiente, así se programe el posconflicto de manera que primero se atiendan los efectos negativos de esta guerra, la versión debe ser la maximalista. Entiéndase: incluir en este largo proceso las reformas estructurales que modificarán las políticas económicas, sociales, ambientales, entre otras, para que se construya una paz sostenible. Es decir, entender el posconflicto como la gran oportunidad de fortalecer nuestra débil democracia, de volver más equitativo este país excluyente, de ser una sociedad más justa y de tener un crecimiento que asegure el bienestar de nuestras próximas generaciones. Por ello, es un profundo error limitar el aporte de la economía a que, simplemente, financie la paz.

cecilia@cecilialopez.com

Cecilia López Montaño

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