Vidal, el hombre que convirtió su taxi en un pesebre rodante

Vidal, el hombre que convirtió su taxi en un pesebre rodante

Lleva 9 años decorándolo. Dice que la inversión, hasta de $ 700.000, la hace por sus pasajeros.

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09 de diciembre 2014 , 07:20 p.m.

Por fuera parece un taxi más, pero por dentro el vehículo se transforma en todo un altar de Navidad.

Por ello, quienes se suben por esta época al taxi de placas TGX 608, conducido por Vidal Robayo, no pueden evitar sorprenderse con el pequeño mundo que encuentran allí.

“Se cogen la cara y me preguntan: ‘Señor, ¿usted qué tiene en el carro?’ ”, confiesa sonriente y agrega: “Otros me dicen que yo sí llevo completa toda la Navidad y me felicitan”.

Pero lo que más enorgullece a este conductor son las sensaciones que logra transmitir con su decoración y la felicidad patente en cada pasajero.

“Nadie se ha bajado triste del taxi. Pueda que se suban de mal genio, estresados o aburridos, pero en el carro les cambia la cara y van felices”, asegura.

Y aunque tenga que repetir innumerables veces la misma historia, pues no hay quien se suba y no le pregunte por su decoración, siempre cuenta orgulloso cómo hace su pesebre.

Completar la labor le toma varios días, incluso meses. Comienza en octubre, haciendo la base del pesebre, para lo cual reúne papel de aluminio, papel higiénico, periódico, crepé, cartón y colbón.

Con estos materiales forra el tablero (donde están el timón y la guantera) hasta que la base queda seca, lo que puede tardar hasta 15 días; luego, la pinta.

Una vez terminada esta etapa, y a lo largo de 20 días más, se dedica a llenarla de luces y a pegar las cerca de 160 figuras que dan vida al pesebre. “He quemado instalaciones tratando de conectar las luces a la cigarrera, a la farola interna del carro y a la batería, pero ya le cogí el tiro”, dice, mientras prende y apaga cada extensión.

La decoración la hizo realidad a mediados de noviembre. De ella sobresale el nacimiento, una laguna (elaborada en acrílico sobre luces) en donde hay rinocerontes y cocodrilos, que fueron elaborados por su hijo mayor.

“También hay una zona esmeraldera, en honor a los mineros y a todas las tragedias que han tenido que enfrentar”, explica Robayo.

El pesebre llega hasta el techo, en donde predomina el color blanco, en alusión al Polo Norte, por lo que son los osos polares y los pingüinos los que prevalecen allí. En el techo hay una lona de harina, que se asemeja al cielo con luces y estrellas.

Y en la bandeja trasera ubica un pequeño árbol de Navidad, hecho por él mismo, en el que, en lugar de esferas navideñas y guirnaldas, cuelgan de las ramas pequeños taxis. Junto al árbol, dos grandes camellos completan la decoración.

Los asientos, tanto traseros como delanteros, también se llenan de color, al estar forrados de verde y rojo. Y el ambiente musical no podría ser otro: al ritmo de Cayetano baila, de Los Melódicos, y el Chiquichá viajan sus pasajeros. “Me gusta poner música de fiesta, pero desde el 16 de diciembre solo pongo villancicos”, aclara.

Una tradición

Vidal Robayo no soportaba la idea de manejar el taxi en jornadas de hasta 15 horas continuas y no poder disfrutar del pesebre que lo aguardaba en casa y que con tanto esmero armaba cada diciembre.

Por ello, decidió hacer un nacimiento dentro del vehículo, desde hace nueve años, para poder sentir la Navidad en cada momento.

Inicialmente lo hizo para su atracción, pero ha sido tal la acogida que ya lo arma para entretener a sus pasajeros.

Asegura que no conoce otro vehículo de servicio público que se decore de tal manera, y eso mismo es lo que le repite cada pasajero cuando viaja con él.

También subraya que el pesebre nunca ha sido igual y que cada año lo mejora. Por ello, no vacila en invertir hasta 700.000 pesos en su decoración, pues ya se le convirtió en una tradición, así como llevar consigo una bota navideña “para las propinas”, explica.

Manejando taxi por más de 14 años es como Robayo ha sacado adelante a su familia, conformada por sus dos hijos, Valentina y Sergio, y su esposa, Nieves.

“Espero que el día menos pensado el Niño Dios me regale un taxi”, dice esperanzado y agrega: “Este es de una señora que también es fanática de la Navidad, por lo que siempre me da permiso para decorarlo”.

VANESA CASTRO
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