Ayotzinapa... al pie del fuego orientador

Ayotzinapa... al pie del fuego orientador

Ayotzinapa está enfrentada al narcocrimen investido de gobierno constitucional.

08 de diciembre 2014 , 09:15 p.m.

Ayotzinapa, palabra fértil que, desde su significado náhuatl, se nombra ‘río de las calabacillas’, antigua alusión a los surcos labrantíos y al poder rural colectivo.

Hoy nos convoca alrededor de la defensa de la vida, como en verdad lo ha venido haciendo hace más de 85 años en su sede educativa del estado Guerrero (México). Su historia, en el campo de la justicia social, presenta una admirable unidad que articula los pensamientos de José María Morelos, en el texto Sentimientos de la Nación, las Misiones Culturales, de José Vasconcelos… configurándose, así, en el rostro de la conciencia social del campo mexicano, al punto de ser su nombre reconocido como sinónimo de resistencia y de autonomía educativa del campesinado. Toda población rural de México ha deseado tener su propio ‘Ayotzinapa’, es decir, un proceso educativo que proporciona conciencia de los derechos fundamentales.

De nuevo Ayotzinapa, esta vez enfrentada a un indecible engendro del horror humano: el narcocrimen investido de gobierno constitucional. Ente depredador de todo logro espiritual, pero del dolor de la crueldad vivida por los cuarenta y tres estudiantes, ha emergido un valor estructural mexicano: el vuelo del águila libertaria. Ese vuelo de las libertades, cuyas alas unen las diversas aguas del país: agrupa a los golfos de California y de México, enlaza el Caribe con el Pacífico, junta el río Bravo con el Usumacinta en un solo coro de respeto a lo sagrado: la vida justa para todos.

He aquí que la gran nación construye una oratoria de voces que nacieron hace miles de años en medio de milpas y magueyes, de voces campesinas que endulzaron el atole, de voces marineras que condimentaron el huachinango, de voces urbanas que combinaron el taco y abrieron el país al mundo. Han forjado un tejido con estas voces para abrigar sus principios como sociedad plural, sociedad que se reconoce indignada y se recosntruye a partir de sus propias vergüenzas… que se arropa en aquella frase de Carlos Monsiváis: “somos aquello que creemos, aún sin darnos cuenta”. Y México cree en la vida erguida.

Surge, así, el ejemplo: asumir el reflejo de la angustia en el espejo roto de la corrupción. Reflejo que desean cambiar hacia lo respirable. Las marchas y los plantones representan un alto en el camino que le otorgarán fuerzas orientadoras. México camina hacia una profunda reflexión transformadora… marcha decidido, al decir del verso del poeta López Velarde: “… yo desfilo, lleno de sombra, porque tú trepidas”.

A partir de esta decisión, como si todo el país fuera el volcán Popocatépetl, humean y encienden la conciencia democrática para enfrentar los abusos del poder político-económico, que ha creado un modelo neofeudal global que constriñe la participación ciudadana y recorta los beneficios sociales. Es la última versión del “laissez faire, laissez passer” (dejen hacer, dejen pasar), sin ética alguna, en donde se acuerda una nueva religión: DISA (el dinero salva… sin importar su origen). Allí los negocios legales o ilegales serán “legitimados” a través de los recursos públicos. Contra este modelo es que se ha levantado Ayotzinapa, se ha erigido como una marca de resistencia y transformación.

Aquí… al pie de un antiguo fogón suramericano, aprendemos de la indignación mexicana.

Miguelángel Epeeyüi López-Hernández

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