La verdad del narcotráfico y las Farc

La verdad del narcotráfico y las Farc

Lástima que el Presidente se metiera en el tema que debe definir el Congreso y avalar la Corte.

06 de diciembre 2014 , 07:06 p.m.

¡Qué tal la avalancha que se le vino al Presidente con su propuesta de que el narcotráfico sea conexo con el delito político, de manera que si es cometido por las Farc, sería tan indultable como la rebelión!

Y de qué no lo acusaron. Desde legalizar el narcotráfico hasta querer indultar a los grandes capos de la droga. ¿Y, entonces, para qué mandamos a la muerte segura a soldados y policías? ¿Para qué tantos mártires políticos y civiles de la lucha contra el tráfico de drogas, si al final los narcos de una determinada estirpe se irán a sus casas, con todo y sus millonarias ganancias?

Hasta podríamos decir que el mismo Presidente tiene la culpa de esa avalancha no solo mediática, sino de opinión e incluso institucional, que casi lo sepulta. La razón, su inoportunidad. Recién entregados el general Alzate y los soldados, de los cuales uno fue rematado por estar herido; recién humilladas las Fuerzas Armadas con fotografías de los liberados aún bajo el poder de las Farc; y corriendo el riesgo de que la guerrilla se alebreste con el negocio ante tan “generosa” propuesta presidencial, el presidente Santos más bien debió guardar silencio. Otras son las instancias, como la mesa de negociación y desde luego el Congreso, para abrir más adelante esta controversia.

Pero el Presidente se sintió obligado a contestarle a una periodista seria e incisiva como es Yolanda Ruiz, cuando ella le preguntó directamente, y como le tocaba, si entre los delitos conexos que se propone ampliar para instrumentalizar jurídicamente el proceso de La Habana estaba el narcotráfico. Y sí. Ahí estaba.

El tráfico de drogas, junto con otros delitos comunes, será considerado y por consiguiente enjuiciado como un vehículo del delito principal. Como una forma de financiar el alzamiento en armas con el propósito de tumbar al Gobierno. Es decir que la paz, inevitablemente, se firmaría con personas que han cometido narcotráfico. Eso viene en combo.

Pero no deja de tener unas contradicciones feroces para la opinión, difíciles, si no imposibles, de explicar para el Presidente. ¿Terminará siendo absolutamente sancionable el tráfico de drogas siempre y cuando se cometa en forma pura y simple, con el único ánimo de que su autor se enriquezca, y en cambio será indultable si su autor quiere hacer política pero ha narcotraficado con el propósito de derrocar al Estado, y para ello ha asesinado, secuestrado, reclutado menores, sembrado minas quiebrapatas?

Lo ideal, pero el periodismo se da sus mañas para garantizarle la verdad a la opinión pública, habría sido que el Presidente se hiciera el loco. Que no se metiera en tan espinoso tema y más bien hubiera permitido que lo definiera la ley estatutaria del Marco Jurídico de la Paz, que se deberá surtir en el Congreso precisamente para eso: para saber qué será indultable, qué será objeto de justicia transicional y qué no.

La única instrucción de este Marco Jurídico para la Paz, que no les gusta a las Farc, aunque fue hecho a su medida y ya recibió el visto bueno de la Corte Constitucional, es fulminante. Ojo: no podrán participar en política los miembros de las Farc que sean máximos autores de delitos de lesa humanidad sistemáticos.

Un narcotraficante puede ser autor de este tipo de delitos, como puede que no. Igual, un autor de delitos de lesa humanidad puede ser traficante de drogas, como puede que no. Ambos tipos de delitos pertenecen a universos distintos y el problema es cuando se entrecruzan.

Presidente: yo le recomendaría más silencio. No culpe a los secuestrados, así sean militares, de los problemas de la negociación. No se ensarte en temas que serán decisión del Congreso y tendrán que ir avalados por la Corte Constitucional. Y no fomente la guerra entre ricos y pobres, porque precisamente estamos armando un país en el que deberían caber todos.

Entre tanto… Si el canal de Nicaragua realmente es un cuento chino, el 22 de diciembre no estarán poniendo la primera piedra.

María Isabel Rueda

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