Petróleo: fuente de riqueza y corrupción

Petróleo: fuente de riqueza y corrupción

El escándalo de Petrobras explotó en medio de las elecciones presidenciales y aún sigue afectando.

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05 de diciembre 2014 , 08:09 p.m.

En medio de la marea de noticias venturosas para Brasil llegó una cargada de futuro: era 2007 y Petrobras, la petrolera estatal brasileña, la mayor empresa de América Latina, anunció que se había encontrado una bolsa gigante de crudo en uno de sus campos en prospección, a 300 kilómetros de la costa del sudeste del país.

Estaba en el subsuelo marino, bajo una capa kilométrica de sal, de ahí su nombre, pre-sal, y haría a Brasil no solo autosuficiente en materia de hidrocarburos, sino mucho más: “Nos transformaremos en un país de proporciones exportadoras al nivel de algunos países árabes, Venezuela y otros”, dijo solemnemente la entonces ministra jefe de la Casa Civil y anterior ministra de Minas y Energía, Dilma Rousseff.

Los brasileños creyeron entonces que el futuro energético del país estaba garantizado, y más aún cuando vieron a Lula da Silva, de nuevo él, enfundado en un mono naranja, con casco, gafas de obrero y sus manos de nueve dedos manchados de petróleo. Brasil iba bien y más que iría.

Han pasado siete años y la situación parece una caricatura de lo anunciado.

Mientras el pre-sal se extrae todavía en un bajo porcentaje, Petrobras se tambalea entre los malos datos económicos –en los últimos cuatro años ha perdido casi el 60 por ciento de su valor en dólares– y las corruptelas que parecen un pozo sin fondo.
La operación Lava Jato, ya conocida como ‘Petrolao’ en Brasil, ha dejado al descubierto una red de comisiones ilegales y sobreprecios que ha ido llevándose por delante a altos cargos de la empresa y con ellos a decenas de directivos de las mayores constructoras brasileñas con contratos en vigor con Petrobras.

Para Rafael Herzberg, consultor especialista en energía y petróleo, la corrupción no es de hoy ni tampoco atiende a la casualidad.

“Petrobras es un monopolio y no tienen la necesidad de competir con otra empresa en costes, así que hay tratos claramente corruptos. Su situación está muy debilitada porque hay auténticos mafiosos que actúan dentro de Petrobras dilapidando el propio patrimonio”, acusa.

Por esta razón, dice Hertzberg, “el pre-sal ya no puede ser otra promesa más. Por más que se empeñe Petrobras en decir que todo está perfecto, no deja de ser una promesa vacía. Y aún hay mucho más por descubrir. Esto empieza resolviéndose con competencia o no hay chance, es una canoa agujereada”, completa.

Mientras tanto, la empresa asegura que el 22 por cie de la extracción de petróleo ya es del pre-sal y que en 2018 se llegará al 52 por ciento, o 3,2 millones de barriles por día. Si sigue esa progresión, sacarán a Brasil del atolladero energético en el que está metido.

Con una gran dependencia de las hidroeléctricas (más del 70 por ciento de la energía generada), y con el país en una sequía prolongada precisamente en la región con más centrales y embalses, el rico sudeste, los desafíos crecen en un sector capital para Brasil.

Varios bancos y consultoras han alertado contra el racionamiento de energía en el próximo verano, que comienza en enero de 2015.

No ayuda, según muchos analistas, la relación entre el gobierno y las empresas.

“El sector eléctrico no ofrece ninguna confianza, las compañías están preocupadas porque los precios están por las nubes y tienen que competir en el exterior, hay un coste energético brasileño que inspira preocupación en el ambiente corporativo”, comenta Herzberg.

Según los mercados y los analistas, hace falta eficiencia energética y una diversificación de la matriz, o en breve habrá nuevos problemas que, en este caso, tampoco podrán arreglar los millones de litros del ansiado pre-sal, que todavía espera en el fondo del mar.

Petrobras y el PT

Recién reelecta, Dilma Rousseff enfrenta un difícil inicio de mandato debido al escándalo de corrupción en Petrobras.
“Es el mayor caso de corrupción de la historia del país, con consecuencias políticas y económicas todavía imprevisibles”, señala Gil Castello Branco, responsable de la ONG Contas Abertas, que vigila el gasto público. En 2005, el caso conocido como ‘Mensalao’ –una contabilidad ilegal de algo más de 50 millones de dólares para pagar sobornos a legisladores aliados del Gobierno a cambio de apoyo en el Congreso– hizo tambalear al Ejecutivo y costó la cabeza a jerarcas del gobernante Partido de los Trabajadores (PT).

El escándalo pilla a la presidenta en un momento de transición, cuando todavía no ha nombrado a los principales ministros de su segundo mandato, que durará hasta 2019, y en plena parálisis económica, que ya prometía unos próximos cuatro años difíciles para la mayor economía latinoamericana y séptima del mundo.

En las primeras filtraciones a la prensa sobre el caso hubo denuncias de implicación de decenas de políticos, que niegan estar involucrados. “A cada revelación, el mundillo político se estremece”, expresó el columnista Igor Grielow del diario Folha de Sao Paulo.

Las principales revelaciones parten de las declaraciones a la justicia y a la policía del empresario y presunto mediador del esquema de corrupción, Alberto Youssef, y el exdirector de Petrobras Paulo Roberto Costa, que acordaron colaborar con la justicia con toda la información, a cambio de la reducción de su pena, una modalidad raramente empleada en Brasil, pero “que la justicia en Italia usó para desarticular a la mafia”, explicó el jurista Luiz Flávio Gomes a la radio CBN.

Nada ha sido comprobado hasta la fecha y el caso está bajo secreto de sumario. En una declaración ante el juez filtrada en Youtube, Costa contó impasiblemente durante más de una hora cómo, según él, las compañías constructoras añadían un 3 por ciento de sobreprecio a obras adjudicadas por Petrobras para destinarlo a “agentes políticos”, y detalló que los principales destinatarios de ese dinero eran el gobernante PT y dos aliados, el Partido del Movimiento Democrático y el Partido Progresista.

Hasta ahora, los acusados han sido impedidos de mencionar nombres de políticos implicados, porque la justicia primaria no puede juzgarlos y dependen de otro proceso en la Corte Suprema. Se espera que comiencen a conocerse en 2015. “La divulgación de esos nombres puede tener un alto costo de desgaste y mantiene en el país el ambiente político confrontado” de las elecciones presidenciales de octubre, las más reñidas de la reciente historia brasileña, destaca Ribeiro.

La presidenta Dilma Rousseff niega haber tenido conocimiento del esquema de corrupción imperante en Petrobras y defiende que se investigue. “No tengo, nunca tuve y nunca tendré ninguna tolerancia con corruptores y corruptos”, afirmó Rousseff durante una conferencia sobre educación. “Queremos la investigación en su totalidad”, aseguró.

Rousseff llegó al poder en 2011 y demostró firmeza ante la corrupción al despedir del gobierno a varios ministros y otros funcionarios acusados de malversación de dinero público. Pero su ‘limpieza’ –como fue bautizada en un principio– perdió fuerza “al final del primer mandato, porque ella necesitaba de apoyo político para la reelección”, señala Castello Branco.

ARTURO LEZCANO Y AFP
Para EL TIEMPO

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