'Este pelao es un premio'

'Este pelao es un premio'

Dairo Enrique Guzmán estudiará Administración de Empresas. Es hijo de un lotero cabeza de hogar.

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05 de diciembre 2014 , 05:06 p.m.

Tres semanas antes de su grado, Dairo Enrique Guzmán Orozco ya tenía colgada en el clóset del cuarto la ropa que lució el pasado viernes 28 de noviembre, día de la ceremonia bachiller del Colegio San Francisco en Puerto Colombia (Atlántico).

Se la había probado unas cuatro veces, y cada vez que lo hacía y se miraba en el espejo sentía que le quedaba mejor, en especial cuando se pone los zapatos marca Bossi, que su padre Dairo Guzmán Herrera le escogió para completarle, como él dice, ‘la pinta’. “Cada rato los sacaba de la bolsita para mostrárselos a sus amigos”, dice el hombre mientras cruza su brazo por la espalda del muchacho.

Pero más allá de esos zapatos, lo que verdaderamente llena de gozo el corazón de Dairo, es que hoy ve compensados años de sacrificios y luchas por salir adelante, en especial de su padre a quien le agradece no solo por esa ‘pinta’ que estrenó en el día de su grado, sino por haber sido papá y mamá en estos años de formación.

Este muchacho menudo, tímido, que agita sus brazos largos cuando habla, logró conseguir una de las 10.000 becas que entregó el Gobierno Nacional.

Él hace parte de los 681 estudiantes sisbenizados que se pusieron las ‘pilas’ en el departamento del Atlántico y sacaron puntajes igual o superior a 310 en las pruebas Saber. Dairo consiguió 357, el puntaje más alto en Puerto Colombia, en donde otros tres jóvenes ganaron beca.

Recuerda que siempre supo que le había ido bien el examen, pero desconocía que el puntaje era el mejor del pueblo. Hasta el día 15 de octubre, a las 12 del día, cuando su papá recibió una llamada del Ministerio de Educación en la que le avisaban que su hijo debía estar a las 2 de la tarde en la Institución Educativa Turística Simón Bolívar, donde estaría el presidente Juan Manuel Santos.

“Fue un momento muy feliz para mí”, cuenta Dairo al recordar cuando el Presidente lo saludo y felicitó delante todos. “Nunca pensé estar así de cerca de él”, agrega.

“Que el Presidente te dé semejante noticia, eso es lindo, mi hermano”, dice en tono emocionado el viejo Dairo, mientras muestra las fotos que ese día le tomaron a su hijo al lado del presidente Santos y la ministra de Educación Gina Parody, y al recordar que ese día le tocó correr a planchar el uniforme del hijo y hacer el almuerzo de rapidez.

Lucha y sacrificio

A sus 16 años, Dairo muestra la madurez de un adulto. Es callado y solo cuando entra en confianza muestra ese niño que aún vive dentro de él, y deja escapar una sonrisa que ilumina su cara.

No ha tenido una niñez fácil, es hijo de padres separados y escogió vivir con su papá y su hermano Marcus Yaset, de 10 años.

“Mi papá ha estado siempre con nosotros. Él es quien nos cocina, nos levanta para ir al colegio, plancha y lava la ropa. Por eso este triunfo se lo dedico”, dice el muchacho con la voz ahogada a punto de reventar en llanto, pero luego sonríe cuando se encuentra con la mirada de su padre, que pareciera le da fuerza.

Esta separación no lo afectó psicológicamente, se considera un joven normal, que juega fútbol y tiene amigos con los que sale en el pueblo. Reconoce que en un principio no fue fácil y le tocó ir donde la psicoorientadora del colegio. Y, además, le sirvió mucho hablar con su padre.

Viven en una modesta casa en el barrio Aurora II, en plena zona comercial de Puerto, donde funcionó un colegio hasta hace 4 años, por eso la casa no tiene ventanas sino calados y los cuartos están separados por cortinas.

“En esta casa se respira pura educación”, dice el padre de Dairo, nacido en El Copey (Cesar), hijo de un vendedor de lotería.
“Mi padre crió a 10 hijos con estos papelitos, cómo no voy a levantar yo a dos pelaos”.

Tienen el negocio de distribuir la lotería, con lo que lucha para sacar adelante a sus ‘polluelos’, como llama a sus niños.
Hace ocho años se separó de la mamá de Dairo, pero asegura que nunca dejó a sus hijos. “Aunque viviera con su madre yo siempre estaba pendiente. Hasta el día en que tomó la decisión de venirse a vivir conmigo. Más atrás se vino el pequeño”, cuenta.

Luego de su separación no se comprometió con ninguna mujer y está dedicado día y noche a la crianza de sus hijos, con los que juega, aconseja y siempre está cerca. “Mi gran sueño es que sean profesionales”, dice.

Define a su hijo como independiente, que siempre hizo solo sus tareas, colaborador en las labores de la casa y en el negocio. “Este pelao es un premio”, sostiene lleno de orgullo, y cuenta que cuando lo matriculó en el colegio para iniciar el bachillerato le dijo: “Usted es un muchacho muy inteligente y lo tiene todo para ser el mejor”. Y así fue.

Dairo no se ha deslindado de su madre, los fines de semana la visita con su hermano. Vive a unas cuantas cuadras. Pero siempre está de regreso, pues tiene un negocio de venta de paletas, que no le gusta descuidar.

Su papá se las trae desde Barranquilla y él las vende en el barrio. El congelador de la nevera está copado por estas paletas que vuelan a penas llegan. “Tengo mi clientela entre los vecinos y comerciantes del barrio”, dice tímidamente.

Pero su padre sí le lleva las cuentas claras, y asegura que es un buen rebusque, que le dejan al mes unos 70.000 pesos a su muchacho, con lo que sostiene sus gastos personales. “Ahí tienen su plante, él lo atiende y lleva como mucho juicio”.

Premio a la excelencia

Como estudiante se destacó entre los mejores del colegio. El día del grado recibió dos condecoraciones y una medalla por excelencia.

Es recordado por sus profesores como sobresaliente en las matemáticas y química, y por eso reconoce que estas asignaturas fueron su mayor apoyo. Destaca que los profesores de esas materias fueron los mejores en toda su vida escolar –me felicitaban por mis buenas notas y me incentivaban para que siguiera estudiando–.

En su vida ha primado el estudio. “Después de las tareas, si me quedaba tiempo salía a jugar”. Esa es la regla para alternar sus estudios con su otra pasión, el fútbol.

Sus expectativas ahora están puestas en ser uno de los mejores estudiantes en la universidad. Dairo se graduó de bachiller el mismo día en que su padre. Y tuvo la misma madrina de grado que tuvo su papá, Dubis Guzmán, la tía que es contadora pública, ejemplo de la familia.

El día del grado llegaron familiares de El Copey, Santa Marta y Barranquilla, a celebrar el gran acontecimiento. Por fin se pudo estrenar la ‘pinta’ que su padre con mucho orgullo y sacrificio le compró, en especial los zapatos Bossi, “con los que irá a la universidad y le deben alcanzar para graduarse”, le dice en medio de risas el viejo Dairo.

El gran reto

Los días previos a que se entregaran los resultados de las Pruebas Saber 11 fueron de mucha tensión para Dairo.

Sabía que de eso dependería su ingreso a la universidad, su padre no cuenta con los recursos para enviarlo a una universidad privada, por lo que debía tener un buen puntaje mínimo para entrar a la Universidad del Atlántico. “Estaba listo para ir a la Universidad del Atlántico, era mi opción”, cuenta con detalle el joven.

La fecha esperada fue el 10 de octubre, desde las primeras horas del día comenzó a entrar y salir de la página del Icfes, pero nada que aparecían los puntajes.

Cayó la noche y seguía la angustia por no saber nada. Se quedó en la cama dando vueltas sin pegar los ojos, cuando a las 3 a. m del sábado 11 de octubre un amigo lo llamó al celular para decirle que ya estaban los resultados.

Estaba en la casa de su madre pasando el fin de semana, y recuerda que de un brinco de la cama llegó a la mesa donde estaba el computador.

Cuando introdujo sus claves le salió un mensaje en la pantalla que decía: “tu puntaje es superior o igual a 310, eres uno de los beneficiario de las 10.000 becas del Gobierno”.

Corrió por toda la casa, el grito de alegría fue tan alto que despertó a su mamá, la tía y el perro, que se unió al festejo con fuertes ladridos para compartir la felicidad que envolvía la casa.

Con ese puntaje acababa de asegurar su entrada a la Universidad del Norte, en Barranquilla, una de las más prestigiosas del país que cuenta con acreditación de alta calidad, a estudiar Administración de Empresas, su gran anhelo.

Dairo escogió esa carrera porque le interesa todo lo que tiene que ver con los negocios, y además por su afinidad con las matemáticas.

Como si fuera poco, recibirá un subsidio de sostenimiento, lo que significa que no tendrán que preocuparse por gastos como fotocopias y transporte, y es allí cuando su padre vuelve a insistir y repetir: “Este pelao es un premio”, y eso fue lo que le dijo a toda la familia y amigos el día del grado, cuando vio a su hijo lucir con la ‘pinta’ que él le escogió.

Leonardo Herrera Delghams
Corresponsal de EL TIEMPO
Puerto Colombia (Atlántico).
leoher@eltiempo.com

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