La auténtica ruta del tango y las milongas en Buenos Aires

La auténtica ruta del tango y las milongas en Buenos Aires

Los lugares que debe visitar para descubrir el ritmo del dos por cuatro y no tener que pagar tanto.

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05 de diciembre 2014 , 10:40 a.m.

Allá lejos y hace tiempo, el tango fue una música masiva en Buenos Aires.

En las décadas del 40 y del 50, la ciudad estaba llena de discotecas con orquestas en vivo, programas de radio y de televisión y obras de teatro sobre el género. Después llegó un ‘otoño del tango’, con orquestas menos rentables y una juventud con nuevos intereses, como el rock y el folclor.

En este siglo XXI, dominado por las redes sociales y la hipercomunicación, la ciudad vive un nuevo auge del tango. Se multiplican las milongas, donde cientos de jóvenes bailan tango, otros tantos aprenden a tocar bandoneón –el instrumento más emblemático del género– y se están formando nuevas orquestas.

El interés de los turistas jugó un papel importante en ese resurgimiento, pero en muchos casos los dueños de locales presentan versiones edulcoradas y ‘for export’ de la música, con bailes acrobáticos y shows de 150 dólares la noche.

Acá va, entonces, una guía para disfrutar esos retazos de la Buenos Aires pasada, auténtica, nostálgica, que todavía quedan en la ciudad. De ese pasado que, en alguna parte, se mantiene intacto y auténtico, como una forma de eternidad.

Cantantes autóctonos salen a la tarima, desprevenidos, a compartir su talento.

Cantantes autóctonos salen a la tarima, desprevenidos, a compartir su talento. 

Bar Los Laureles

“¿Sabés por qué este lugar es auténtico? ¡Porque no ganamos guita –dinero–! Es una milonga fuera de catálogo”, dice la encargada Doris Bennan. En el salón hay un cartel que indica la fecha de inauguración: 1893. Primero fue una pulpería (centro de abastecimiento general), luego almacén y finalmente restaurante y tanguería.

Se dictan clases de baile, recitales y la ‘milonga empastada’, que toma ese nombre porque solo pasan música en discos de pasta (tienen una colección de más de siete mil).

De una de las paredes cuelga el plano original de la casa, que tenía un aljibe, palenque para los caballos y un gran campo, una enorme parcela plana de tierra.

Los Laureles estuvo cerrado algunos años y la codicia inmobiliaria amenazó con comerse el lugar, hasta que Bennan y unos amigos se hicieron cargo. Tanto, que viven en sus habitaciones.

Es sábado. Hay personajes que parecen salidos de aquellas décadas de oro del tango. Gente de trajes antiguos y corbatas anchas. Señoras con lentejuelas y abrigos de visón. Una de ellas se hace llamar ‘La Calandria de Pompeya’.
Sube a escena –la entrada a todos los recitales es gratuita– y todos la aplauden.

“Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más penas ni olvido...” comienza a cantar esos versos azucarados, subida en unos tacones altos.

El Boliche de Roberto

Lo primero que uno ve al llegar a este rincón del barrio de Almagro es un cartel que anuncia los horarios de la casa: “Abrimos cuando llegamos. Cerramos cuando nos vamos”.

Después, aparece un papel firmado por Carlos Gardel, que solía tomarse unos tragos acá. El lugar existe desde finales de 1800; comenzó funcionando como un despacho de bebidas, un lugar para tomar un trago camino hacia el Mercado del Abasto.

Un ambiente bohemio y entretenido se vive en estos lugares.

Un ambiente bohemio y entretenido se vive en estos lugares.

Hoy mantiene el espíritu de cosa vieja, pero es atendido por jóvenes, que entre tango y tango ponen algún rock de colección.

“Acá vienen músicos de barrio y otros consagrados. Tenemos recitales de lunes a domingo. Siempre gratuito y a la gorra”, cuenta Pablo Spikermann, el actual dueño, que comenzó a frecuentar el lugar siendo un adolescente de 14 años. Las mesas son redondas y se comparten.

El escenario de madera es de un metro por un metro. Se canta sin amplificación, a grito pelado. Voz y guitarra. O voz y bandoneón, como en los viejos tiempos. En algún momento aparece algún tango clásico, como Yuyo verde:
“Callejón... Callejón... Lejano... Lejano... Íbamos perdidos de la mano. Bajo un cielo de verano. Soñando en vano...”, canta alguien.

La Milonga de Vinilo

Poca historia tiene este lugar. Apenas cinco años ofreciendo comida, bebida y música en una calle encantadora de Palermo, quizá el barrio más ‘cool’ de Buenos Aires. Hay shows todos los días. A las siete de la noche es la primera clase (cuesta solo cinco dólares).

Wanda es una de las profesoras. “Comencemos caminando la pista”, dice. Y sugiere un abrazo fuerte con desconocidos. Después todos andan en ronda, como si fuesen una nueva tribu urbana y tanguera. El tango llega a los cuerpos, aunque algunos de los alumnos no entienden el lenguaje. Al cabo de un rato llega el dúo tanguero Ramírez-Satorre.

Otro día llega la Orquesta Victoria, que anima el baile. Cuando dejan de tocar, por momentos, el silencio es vivo. Se siente a alguien arrastrando los pies y practicando el abrazo sensual con su compañera.

Los viajeros, en tenis, pueden recibir clases de tango.

Los viajeros, en tenis, pueden recibir clases de tango.

Al aire libre

El sur es el punto cardinal del tango. Sur se llama una de las obras más bellas del género, hecha por Aníbal Troilo y Homero Manzi. Las calles y las lunas suburbanas, y mi amor y tu ventana todo ha muerto, ya lo sé...” dice la letra de la canción, con esa nostalgia tan porteña.

En el sur, también, está el barrio Parque Patricios, donde todos los sábados se hace una milonga popular que convoca a gente de todas las edades, que se junta de manera espontánea. Jean Pool es el entusiasta que coordina toda la milonga al aire libre. A las cuatro de la tarde comienzan las clases. Después los recitales. Y las prácticas.

De fondo, el parque con veredas es testigo mudo de la danza, que comienza con un cabeceo tímido como invitación y con un abrazo algo brutal.

Tango hecho teatro

No solo de música y baile se alimenta el tango en Buenos Aires. La ciudad también es conocida por su numerosa cartelera teatral. Y hay algunos espectáculos en cartel que giran en torno al ritmo del dos por cuatro. Pepe Cibrián Campoy y Ángel Mahler, una dupla artística conocida en el mundo de los musicales, están presentando la obra Mireya. Además, está en cartel, con gran éxito, Stravaganza Tango, que mezcla música, teatro y acrobacia.

Si usted va...

Una buena opción para conocer la esencia del tango es visitar el Museo Casa Gardel, que le rinde tributo a uno de los principales exponentes de este género musical. Combina historia, música y arte.
Informes: museos.buenosaires.gob.ar

Diego Jemio

Especial para Viajar

 

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