Cuando la vida se va haciendo una cola

Cuando la vida se va haciendo una cola

No son solo las largas filas para comprar, muchos han hecho de esto un negocio para la especulación.

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03 de diciembre 2014 , 06:00 p.m.

7:30 a. m. Faltan tres horas para que abra sus puertas el centro comercial El Recreo de Caracas y la fila alcanza las 274 personas. Las primeras llegaron desde las 4 a.m. y están semiacostadas en cartones, en la acera, esperando ingresar a la tienda Movilnet, la red del Estado de telefonía celular.

El dinero se escurre y la gente quiere invertir algo de su dinero en un teléfono nuevo, barato.

8:00 a.m. Por cuarto día consecutivo se cuentan más de 150 personas a la puerta de la tienda Daka en Bello Monte. La experiencia les hace llevar una lista para poder entrar sin atropellos, la cual extienden a la Guardia Nacional que custodia el lugar. Allí van a buscar electrodomésticos, sobre todo neveras, cocinas y lavadoras, también importados con dólar regulado. Saben que si pierden el chance los encontrarán al triple de su valor, si acaso los encuentran.

12:30 p.m. De pronto un enjambre de personas baja del barrio Santa Cruz del Este. En segundos, el mercado entra en modo defensivo y cierra las santamarías (rejas), pero permite el paso gota a gota. Llegó la leche. Se arremolina la gente que empieza a llamar por celular a tías, vecinos: “Llegó leche, no te vengas sola, dejan cuatro por persona”.

En el Farmatodo más cercano también llegaron pañales, champú y desodorantes. Allí la fila es más modesta, pues el establecimiento estableció desde hace semanas el control al número de compras por persona.

Tres postales de Caracas tomadas un mismo día. En cuestión de un año los venezolanos aprendieron a vivir entre la búsqueda, el almacenamiento y la reventa de todo tipo de productos, desde los alimentos de primera necesidad hasta una pieza de ropa.

Productos que comparten un denominador común: su precio está regulado por el Estado o fue importado con dólares entregados por el Estado, que sostiene tres tipos de cambio (6,30, 11,2 y 49,98 bolívares) muy por debajo del precio “paralelo”, que sobrepasa los 120 bolívares y es el que rige de verdad los precios en el país.

Aunque son millones las personas que salen a buscar productos porque los necesitan, el fenómeno de la escasez se ha mordido la cola en Venezuela al generar otra distorsión: otros millones de que, a falta de trabajo, salen a cazar los productos baratos y escasos para revenderlos a precios que superan hasta 5 veces el inicial, agudizando su desaparición de los anaqueles.

El fenómeno del “bachaqueo” se refiere a verdaderas redes de economía informal en la que se compra un paquete de harina regulado a 12 bolívares, pero se vende a 50; o de champú, regulado a 36, pero que se vende en 90 y hasta 150 bolívares.

La lista es prácticamente interminable y paradójicamente, las reventas golpean el bolsillo de los más pobres, pues los buhoneros (ambulantes) suelen hacer sus ventas cerca de las barriadas populares con precios que superan hasta 300 por ciento el regulado.

“Uno sabe quiénes son porque compran las lavadoras y cocinas reguladas sin preguntar las medidas, las características. Solo dicen, me llevo esta y esta, como si fuera arroz”, dice Agata Portillo, de una tienda de electrodomésticos en Caracas.

“Una lavadora regulada está a 20.000 bolívares (400 dólares), pero la vende en seguida a 80.000, le saca un provecho tan grande que hacen lo que sea. Si el gobierno quiere de verdad socialismo para todos debería mandarnos las 100 neveras y las 100 cocinas que pedimos con los dólares regulados que pagamos, pero nos mandan 16 piezas o 12, por lo que la gente se pelea para encontrar lo que sea”.

Para los compradores, y sobre todo los revendedores, hacer lo que sea va desde pernoctar en las afueras de la tienda “a esperar a que llegue la mercancía”, como dijo a EL TIEMPO una mujer que espera con su esposo a las afueras de la tienda, “hasta caerse a golpes si no se respeta el orden de llegada”.

Desde hace cuatro meses el Banco Central no publica el índice oficial de escasez de productos. Sin embargo, empresas privadas de análisis de entorno como Datanálisis señalan que no se consigue un 70 por ciento de los alimentos esenciales sólo en Caracas, por lo que la gente recorre hasta cuatro y cinco establecimientos para poder completar la compra básica.

En su último estudio concluyó que 65 por ciento de las personas que hacen las filas para comprar lo hacen por negocio, para revender los productos.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas

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