Futbolista pasó del Atlético Nacional a pastor de iglesia

Futbolista pasó del Atlético Nacional a pastor de iglesia

Juan Guillermo Ricaurte fue futbolista profesional. Se retiró en 2007, hoy es un pastor de iglesia.

02 de diciembre 2014 , 05:45 p.m.

Han pasado ocho años desde que Juan Guillermo Ricaurte dejó el fútbol profesional, para convertirse hoy en pastor de la iglesia Comunidad Cristiana de Fe.

Pero ese no era su sueño. El sueño que tuvo desde niño era ser futbolista, y este comenzó a convertirse en realidad cuando jugó un partido de fútbol, en su natal Cisneros, con algunos jugadores del Envigado. Entre ellos Hugo Tuberquia y Felipe Pérez, también estaba su primo, Carlos Ricaurte.

Tras jugar ese partido amistoso, lo llamó el profesor Hugo Castaño para que se probara en el Envigado.

En ese entonces había terminado el colegio y estaba trabajando en una panadería. Sin embargo, tenía claro qué iba a hacer con su vida: sería futbolista y estudiaría en la universidad.

Por eso abandonó Cisneros y llegó a Medellín, sin conocer muy bien la ciudad. Solo había una cosa que se parecía al paisaje que estaba acostumbrado a ver cada día: el fútbol.

“Estando ya en el equipo le recordé a Hugo que yo quería estudiar Contaduría Pública. El equipo empezó a pagarme la mitad del estudio. Entonces me iba a clase desde por la mañana y luego me iba a entrenar, y volvía a clases después del entrenamiento”, cuenta Ricaurte.

Luego de tres años en el Envigado pasó a Nacional, el equipo de sus amores. “Llegar a Nacional era llegar al sueño que tuve desde niño. Yo siempre soñé con jugar en Nacional porque siempre fui hincha del equipo”, comenta.

Estando en Nacional terminó sus estudios. Demostró que sí se puede estudiar y jugar fútbol al mismo tiempo. Nacional le dejó muy buenos recuerdos, como la Copa Merconorte que le ganaron a Millonarios y la liga en que superaron a Santa Fe. También recuerda el gol de taco que le marcó a Millonarios en el Campín. Esos instantes siempre estarán en su mente, porque los vivió con el equipo del cual es hincha.

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En esta foto de 2002, en la fila de abajo, aparece Juan Guillermo Ricaurte, el cuarto hombre de izquierda a derecha, cuando con el número 17 jugaba para el Nacional.

También pasó por cosas difíciles: la final con América, en donde lo expulsaron en el partido de ida; la final de la Copa Sudamericana, frente a San Lorenzo, y los subcampeonatos en el 2004.

Para las derrotas había revancha, vendrían más campeonatos, pero para lo que no hubo revancha fue para su rodilla. La ‘tríada infeliz’, la lesión que retiró de las canchas a Juan Guillermo. Esa lesión involucra la ruptura de los ligamentos y meniscos de la rodilla.

La primera lesión fue en un partido con Bucaramanga. El ‘profe’ le dice que juegue de lateral y, aunque no le gustaba esa posición, la pasión del fútbol lo llevaba a jugar y a jugar en cualquier lado. Ese día, jugando de lateral, rechazó un balón y cayó al suelo. Se dio cuenta de que le iban a ganar la espalda, se paró rápido y, con la misma intensidad con la que se puso de pie, hizo un giro. Segundos después, el guayo de la pierna izquierda estaba enterrado en el gramado.

Ocho meses estuvo fuera de las canchas. Para cuando regresó, las cosas no salieron como todos lo esperaban. Jugando un clásico volvió a sufrir una lesión.

Su carrera llegó al final, la rodilla no daba más. En enero del 2007 se despidió de sus compañeros en medio de lágrimas, estaban haciendo la pretemporada.

Lo que significaba una nueva temporada para el equipo, para él significaba el retiro. “Cuando me retiré la despedida fue muy dura. Eso es una familia y desprenderse de la familia no es fácil. Yo me demoré dos años para volver al estadio solo de la nostalgia que me daba. Solo yo sabía lo que por dentro sentía”, dice.

Ricaurte no era un fervoroso creyente de religión alguna, pero cuando un compañero del Envigado le insistió para que asistiera a una iglesia cristiana, aceptó.

No fue amor a primera vista. Ricaurte le dijo a Víctor Cortés, que era el que lo había invitado a la iglesia, que eso no le había gustado y que no volvería allí.

Pero le fue imposible no volver. Por una razón inefable, Ricaurte sintió el impulso de volver. Siguió yendo hasta que lo nombraron pastor juvenil de la iglesia Comunidad Cristiana de Fe.

Desde ese día, Dios siempre ha estado presente en su vida, aun en los momentos difíciles.

“Yo recuerdo que una vez salí de un partido en Pasto, perdimos 2-0. Me arrodillé a orar y alguien del cuerpo técnico vino y me regañó. Yo recuerdo que le dije que mi relación con Dios no depende de que pierda o gane un partido, depende de mi relación con Dios”, cuenta.

Al dejar el fútbol, la iglesia le dio la mano pues, además, la carrera no funcionaba, la empresa tampoco, y los ahorros se fueron hacia abajo.

Ricaurte comenzó como jefe de mantenimiento de la iglesia, luego pasó a la parte administrativa y después fue asistente del pastor principal.

MATEO GARCÍA A.
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN

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