Editorial: El próspero legado de Mujica

Editorial: El próspero legado de Mujica

01 de diciembre 2014 , 07:53 p.m.

El saliente presidente de Uruguay, José ‘Pepe’ Mujica, le hará falta, y mucha, a la política latinoamericana, no solo por las audaces propuestas que hicieron que el mundo posara la mirada en su país y se granjeara simpatías y admiraciones, sino porque demostró que desde su ideología de izquierda se pueden hacer grandes transformaciones sin apelar a la grandilocuencia de las ‘revoluciones’ o al apetito desmedido de colmar todas las instancias del poder o, peor aún, perpetuarse en él. Supo huir del populismo y liderar un gobierno coherente con la sensatez de su vida sencilla. El laboratorio que significará la producción y comercialización de marihuana por el Estado ya es una realidad que llevará el sello de Mujica, para bien o para mal.

El ‘Pepe’ dejará el poder en marzo próximo, después de la elección el domingo pasado de su copartidario Tabaré Vázquez. Su sucesor tendrá como principal reto encarrilar definitivamente, por la vía del desarrollo, a un Estado que supo levantarse y alzar vuelo tras la crisis del 2002.

Lo anterior obliga, sobre todo, a sacar al país de esa zona de riesgo en la que todavía acecha la posibilidad de que se evaporen los avances, nada despreciables y reconocidos incluso por la oposición, en la última década. Fueron 11 años de crecimiento económico continuo, 7 de ellos (2006-2013) por encima del 5 por ciento; de disminución del desempleo del 19 al 6,5 por ciento y del desplome de la pobreza, del 39,9 al 11,5 por ciento en el 2013, mientras que la población que vivía en la indigencia cayó del 4,7 en el 2004 a apenas el 0,5 por ciento el año pasado.

En la lista de tareas del nuevo mandatario figura también lograr mejoras urgentes en la calidad de la educación, el gran fracaso de Mujica; implementar medidas efectivas para reducir la criminalidad ciudadana y seguir en la búsqueda de nuevos socios comerciales para reducir la dependencia de Brasil y ahuyentar el fantasma de la inflación.

Ese es el desafío que asumirá Vázquez, que en el 2005 fue el Presidente que se encargó de inaugurar la era de la izquierda en el poder en la nación suroriental y que regresa para continuar el legado del exguerrillero que junto con su esposa, Lucía Topolansky, seguirá aportando, pero desde el Senado.

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