Termina la historia del primer general secuestrado en Colombia

Termina la historia del primer general secuestrado en Colombia

Rubén Darío Alzate permaneció en poder de las Farc por dos semanas junto a un cabo y una abogada.

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30 de noviembre 2014 , 09:21 a.m.

En medio de la selva chocona, a 170 kilómetros al norte de Quibdó, en zona rural del municipio de Vigía del Fuerte, fue entregado el primer general secuestrado por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) en la historia del conflicto armado colombiano. Rubén Darío Alzate, comandante de la Fuerza de Tarea Titán del Chocó, el cabo Jorge Rodríguez y la abogada Gloria Urrego ya gozan de la libertad.

El presidente Juan Manuel Santos confirmó en Twitter la liberación de los tres secuestrados y puso fin a 14 días de especulaciones, de operativos militares, de pronunciamientos de las Farc y del Gobierno nacional; un tire y afloje frente a un incidente que puso en vilo el proceso de paz que se adelantan en La Habana (Cuba).

Ese secuestro, el de mayor importancia para las Farc, provocó que el presidente Juan Manuel Santos, como no se había visto desde el inicio del proceso, ordenara a la comisión negociadora no viajar a ese país hasta tanto entregarán al general Alzate.

Por supuesto la respuesta no se hizo esperar. Dos días después del secuestro, las Farc confirmaron que lo tenían en su poder y se inició una suerte de pulso político que terminó en comunicaciones encontradas, aunque nunca se negó entregar al oficial y a sus acompañantes.

Jamás se había visto que en tan poco tiempo la guerrilla liberara a un miembro de las Fuerzas Armadas de un rango tan alto y que menos, de su parte, lo hicieran sin mayores exigencias, como el intercambio humanitario, que ha sido parte de sus propuestas para estos casos.

Hay varias hipótesis que rodean el secuestro del general. La que mayor fuerza ha tomado es que un cabecilla de las Farc, de los tres que hay en el Chocó, lo había contactado para desmovilizarse en el corregimiento Las Mercedes de Quibdó, a la orilla del río Atrato. Pero lo que la hace tambalear es la decisión del oficial de decirle a la abogada Urrego que la acompañara a lo que debió ser un operativo militar.

La otra es un supuesto trabajo social que el oficial realizaba en ese corregimiento. Tenía que ver con un proyecto hidroeléctrico -para darle electricidad al pueblo- que adelantaba bajo la asesoría del ingeniero Jorge Bermúdez, esposo de la abogada Urrego.

Sin embargo, hay eslabones perdidos. Los líderes de Las Mercedes aseguraron que no habían conocido al general Alzate y que nunca los contactó para dicho proyecto.

Lo más delicado es que en la tarde de ese 16 de noviembre no hubo, según los pobladores, ninguna persona armada en la ribera, ni mucho menos gritos o amenazas, pues sostienen que el general, que llegó de civil y sin escolta, se encontró con cuatro personas con las que habló y luego se fue en una panga río arriba.

Eso contradice la versión del soldado que avisó del secuestro. En su declaración dijo que unos hombres armados salieron de las casas palafíticas y amenazaron al oficial y se lo llevaron. Él alcanzó a escapar en la panga en la que arribaron al corregimiento y que, pese a ello, no le dispararon.

Esas preguntas aún siguen sin respuesta son las que deberá resolver el general Alzate pues aunque se le advirtió que Las Mercedes era zona roja él decidió ir violando todos los protocolos de seguridad.

Yeison Gualdrón
Enviado especial de EL TIEMPO

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