Al rescate del legado de García Márquez en el país

Al rescate del legado de García Márquez en el país

Investigadores proponen reunir tesoros del escritor para preservar su memoria en suelo colombiano.

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29 de noviembre 2014 , 08:47 p.m.

Tras la noticia de la compra del archivo personal de Gabriel García Márquez por parte del Centro Ransom, de la Universidad de Texas, varios investigadores de la obra del nobel colombiano han reivindicado los otros tesoros personales que quedan en el país sobre la huella del escritor. De hecho, la idea de reunirlos para consolidar una colección similar a la que se pondrá a disposición del público en Estados Unidos, el próximo año, comienza a discutirse.

Gustavo Adolfo Ramírez, director del Archivo de Bogotá, quien además tiene su propio puñado de fotos, documentos, grabaciones y primeras ediciones de los libros de Gabo, firmadas por su autor, es el primero en levantar la mano: “Propongo una ‘vaca’ entre todos, con el apoyo del Gobierno nacional y distrital, para hacer un gran centro de documentación sobre la vida y la obra de Gabriel García Márquez –dice Ramírez–. La Biblioteca Nacional ya está dando los primeros pasos en ese sentido y sé que hay amigos y familiares de García Márquez que están dispuestos a contribuir de diferentes maneras”.

Ramírez ha organizado exposiciones sobre diferentes aspectos de la vida del fallecido escritor, y elaboró una bibliografía de la prensa bogotana sobre la relación de Gabo con la capital del país, que tiene más de 6.000 entradas.

Tesoros como la foto que ilustró las memorias de García Márquez (Vivir para contarla) y la carta más citada por el biógrafo Gerald Martin forman parte de su aporte. Pero la colección de objetos y recuerdos de Gabo se extiende por todo el país. Aquí, algunos ejemplos.

El Museo Nacional tiene el liqui liqui

Cosido a máquina y elaborado en algodón en 1982, el liqui liqui que el escritor utilizó para recibir el Premio Nobel fue donado por él y su esposa, Mercedes Barcha, al Museo Nacional de Bogotá el 24 de junio del 2003.

María Victoria de Robayo, actual directora del Museo, cuenta que la gestión la hizo Elvira Cuervo de Jaramillo cuando dirigía el lugar. “Ella viajaba mucho a México y los visitaba. Sé que Mercedes Barcha tuvo mucho que ver con la donación”, cuenta.

Y por estos días los visitantes lo pueden ver en el Museo. “Con este traje, García Márquez marcó una diferencia, rompiendo el protocolo del frac de rigor que se utiliza en estas ceremonias, usando una prenda propia de su tierra”.

Está en este momento expuesto, aunque no se podrá hacer por mucho tiempo (máximo tres meses) porque los textiles hay que cuidarlos mucho.

El liqui liqui que usó el escritor en la entrega del Nobel está en el Museo Nacional. Foto: Archivo particular, José Muñiz

Libros traducidos al turco y serbocroata

El legado del escritor en la Biblioteca Nacional de Bogotá es de unos 1.200 libros, así como archivos audiovisuales. Según Camilo Páez, coordinador de Colecciones, “380 son ediciones de libros suyos en español, publicadas en Hispanoamérica, y 321 son ejemplares de traducciones a más de 20 idiomas, desde el lenguaje quechua hasta el japonés, pasando por serbocroata, húngaro, macedonio, hebreo, turco, ruso y chino, entre otros”, dice.

Otros son estudios críticos sobre su obra, publicaciones en las que el escritor fue prologuista, grabaciones audiovisuales y piezas gráficas. Y entre lo anterior hay tesoros, como el primer libro en que el escritor apareció publicado, ‘Tres cuentos colombianos’, de 1954. Además, primeras ediciones de ‘La mala hora’, ‘El coronel no tiene quien le escriba’, ‘Los funerales de la Mamá Grande’ y ‘El otoño del patriarca’. Y traducciones al inglés de Gregory Rabassa, cuya interpretación de ‘Cien años de soledad’ le pareció a García Márquez mejor que la versión en español.

También el profesor universitario Carlos Alberto Casas tiene una colección con 43 primeras ediciones de ‘Cien años de soledad’ en lenguas como el chino, que fueron piratas. “Ni siquiera Carmen Balcells tiene esa colección porque incluye unas que no pagaron derechos de autor”, dice el director del Archivo de Bogotá, Gustavo A. Ramírez.

Mariposas amarillas y letras que vuelan al aire

Luego de entrar a la sala Gabriel García Márquez del Museo del Caribe y de verse rodeados de libros, máquinas de escribir de las que se usaban en los periódicos El Heraldo, de Barranquilla, y El Universal, de Cartagena, en los años en los que Gabriel García Márquez escribía en ellos, los niños se sorprenden.

Empiezan a aparecer, gracias a las luces, hormigas encima de las mesas.

Los insectos corren y ellos tratan de cogerlos. Pero antes de que sigan intentándolo, llegan, también gracias a las luces, las mariposas amarillas.

Luego saben que esas hormigas hacen parte de Cien años de soledad y que fueron las que se comieron al penúltimo de los Buendía, y que las mariposas amarillas llegaban, en el mismo libro, para anunciar las apariciones de uno de sus personajes, Mauricio Babilonia.

“Esta sala tiene una conexión muy importante, con los visitantes. Cuando se planteó, se buscó estimular a los niños y a los jóvenes para que se acercaran a la obra de García Márquez, y muchos nos dicen que llegan a sus casas a buscar los libros que tienen del escritor y a leerlos de nuevo”, dice Ilva Chogó, coordinadora del Museo.

Ni el nobel ni su familia donaron objetos para esta sala, pero sí muchos de sus amigos del Grupo de Barranquilla. Igualmente, el sitio alberga la Biblioteca Macondo, un centro de documentación especializado en la obra de Gabriel García Márquez.

La apertura de la mediateca hizo también que muchos compañeros del escritor en el colegio San José de Barranquilla trajeran fotos, documentos y algunos de sus poemas.

43 ediciones de 'Cien años de soledad', en varias lenguas, tiene Carlos A. Casas. Foto: Carlos Ortega / EL TIEMPO

‘Uno llega a La Cueva y ahí está Gabo’

En Barranquilla, el periodista Heriberto Fiorillo revivió La Cueva, el sitio en el que el escritor y sus amigos se reunían para hacer eternas tertulias y tomar trago con el Grupo de Barranquilla, integrado, además, por Álvaro Cepeda, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor y Alejandro Obregón, entre otros. Fiorillo habla del espíritu de García Márquez en el lugar.

¿Cómo pervive el espíritu de García Márquez en La Cueva?

Él ronda, convocado por cada imagen que lo muestra, cada instalación que lo evoca, cada relato que lo recuerda. Lo siente uno con sus amigos, animando tertulias, lanzamientos de libros, fiestas de porro. El espíritu de todos los miembros del Grupo de Barranquilla está en los relatos que circulan entre nosotros, en el contenido de los libros de la biblioteca Fuenmayor, custodiados por Alfonso; en los mensajes ocultos de la máquina de escribir de Cepeda y en cada historia que nos los devuelven de cuerpo entero.

¿Cuál es el principal recuerdo del escritor en La Cueva?

Lo más importante que dejó fue su espíritu, que anima a los jóvenes contadores de historias. El ejemplo de su disciplina, su curiosidad infinita, el hallarle uso literario al juego permanente de palabras, su voluntad de buscar la excelencia del oficio.

Háblenos de los objetos que hay en La Cueva

Fotografías y videos con Gabo y sobre Gabo, instalaciones artísticas que evocan el descubrimiento del hielo en Cien años de soledad y el origen real de uno de sus cuentos de fábula: El ahogado más hermoso del mundo; la primera película que surgió de una ocurrencia suya: La langosta azul; el autorretrato que dibujó en una servilleta y regaló a su colega Patricia Lara; las obras y los cuentos de sus amigos más cercanos, según él, los primeros y únicos que tuvo.

¿Cómo cuida el espíritu de García Márquez y de sus amigos?

Esos tipos no necesitan que uno los cuide. Más los necesita uno a ellos, por eso hay que mantenerlos vivos, siempre.

¿Por qué es importante la preservación inmaterial de la memoria de García Márquez?

Porque los hechos solo ocurren una vez y quedan las historias sobre esos hechos. Eso es lo más importante: lo que contamos y cómo lo contamos. Lo que nos cuentan y cómo nos lo cuentan. Hay un Gabo que cuenta y uno contado. Siempre habrá entonces un Gabo por contar, un Gabo inmortal.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE Y JULIO CÉSAR GUZMÁN
Cultura y Entretenimiento

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