Repetitiva y superficial / Opinión

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La comedia del guionista Woody Allen peca de clichés o estereotipos que saltan a la vista.

29 de noviembre 2014 , 08:32 p.m.

La más reciente comedia romántica del respetado director y guionista Woody Allen, siendo su película número 45, peca de clichés o estereotipos que saltan a la vista. En el relato simplista del caballero inglés disfrazado de mago chino, quien pretende desenmascarar a una médium gringa en la Costa Azul años 20, se recrean sesiones espiritistas a medianoche con cambios de voz y manifestaciones sobrenaturales de un difunto patriarca invocado. Además del embeleco de trucos profesionales para hacer caer en la trampa a la presunta impostora, hay sesiones de jazz y charlestón en terrazas con vista al mar que divierten, sin sorprender, a sus ricos veraneantes en familia.

Allen, quien mañana cumple 79 años, se trasladó para la ocasión de Nueva York y San Francisco (Blue Jasmine) a la Riviera Francesa y el Mediterráneo, con banales descripciones de época que bordean los espacios sospechosos de la tarjeta postal. Porque todo se le ha perdonado al creador de imperecederas obras maestras como Manhattan, Annie Hall y Match Point –entre otras–. Es que su estancia europea en el siglo XXI ha sido generosa en admiradores y taquilla, aunque llena de lugares comunes, o de concepciones ligeras y turísticas, de sus mundanidades particulares.

En Historias de Nueva York, veinticinco años atrás, el episodio que podríamos traducir como ‘El naufragio de Edipo’ representó con chispa original la desaparición de una madre judía en el Central Park, por obra y gracia de un número fallido de espiritismo al aire libre; el espectro gigantesco sobrevolaba los cielos de Manhattan y advertía que su hijo –el mismo Woody– estaba mal de novias y debía casarse bien. Ahora nos demuestra que el hechizo de la magia frustrada se ha disipado, con una bola de cristal rota para entrar en elucubraciones esotéricas no del todo satisfactorias.

Al igual que su ilustre antecesora Cate Blanchett, el también laureado actor británico Colin Firth luce bastante creíble bajo las riendas de Allen. Ganador del Óscar por El discurso del rey, Firth crea esta vez un personaje astuto y profesional que se desenvuelve como un escéptico capacitado para atacar el irracionalismo e indagar en la existencia de Dios y los misterios del más allá.

A propósito de prestidigitadores e ilusionistas, hay demasiada charlatanería y por momentos resulta evidentemente aburrida al opacar su historia de amor para dejarse seducir por cuestiones obvias, distantes de sus valiosos precedentes.

MAURICIO LAURENS
Para EL TIEMPO
presidencia@cbcine.org

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