Editorial: Un pavo agridulce

Editorial: Un pavo agridulce

28 de noviembre 2014 , 07:30 p.m.

El Día de Acción de Gracias, la fiesta más importante para las familias estadounidenses, celebrada el pasado jueves, cogió al país en medio de un balance agridulce. Por una parte, las tensiones sociales derivadas de las muertes de dos menores afroamericanos por disparos de la Policía sumieron a más de 170 ciudades en un clima de protestas y disturbios.


Por otro lado, el crecimiento económico del tercer trimestre –que aumentó más de lo previsto– colmó de buenos augurios las proyecciones del 2015 y puso al país muy por encima de economías como la europea o la japonesa, a las que les cuesta salir del estancamiento. No obstante, un aumento de 3,9 por ciento del PIB aún no llena de optimismo a las familias.


Por eso, el mensaje de thanksgiving del presidente Barack Obama aludió de manera sutil al tema racial para hacer un llamado a la unión: “Recibimos las aportaciones de toda la gente que llama a EE. UU. su hogar, sin importar su origen o color de piel porque así se enriquece la vida de nuestro país”. Se refería al ‘E pluribus unum’ (‘De muchos, uno’), el lema de este país que, a su juicio, mejor explica la diversidad, una de las claves de su poderío.


Por supuesto, al ser Obama el primer presidente afroamericano de la historia, lo sucedido en los últimos días en Ferguson (una pequeña localidad de Misuri) y en Cleveland adquiere un cariz diferente. En el primer caso, un jurado de conciencia decidió absolver a un policía blanco que le quitó la vida al adolescente afroamericano Michael Brown. El menor estaba desarmado y recibió 12 disparos porque el agente del orden se sintió “amenazado”. Actuó en “legítima defensa”, conceptuó el jurado, integrado por nueve blancos y tres afroamericanos, lo que condujo a miles a protestar en las calles de esa localidad y de otras ciudades contra lo que se consideró un crimen racial. Lo sucedido en Cleveland, por su parte, fue mucho más dramático porque quedó registrado en un video. Un ciudadano denunció que un menor afroamericano jugaba en un parque con un arma, presumiblemente de juguete. La Policía llegó al lugar y, prácticamente sin mediar palabra, disparó dos veces contra Tamir Rice, de 12 años.


Regresan así los interrogantes sobre la formación de los policías en este país y la capacidad de reaccionar en momentos de tensión. Quedan también en evidencia serios prejuicios raciales, que se convierten en definitivos cuando se trata de accionar el gatillo de un arma. Y es que en EE. UU. un afroamericano tiene cuatro veces más posibilidades de ser arrestado sin justa causa que un blanco.


Esta emergencia social quizás opacó otra de las noticias claves de la semana: la renuncia el lunes de Chuck Hagel, el secretario de Defensa y único republicano del gabinete. Acosado por las críticas sobre el manejo de la amplia ofensiva del movimiento terrorista Estado Islámico, Obama da un timonazo para enfrentar lo que se espera sea una operación de larga duración en Irak y Siria. El relevo implica un cambio de estrategia. Al Presidente le quedan dos años para mostrar resultados en esta región.


Hoy más que nunca es claro que, a pesar de tener su primer mandatario afroamericano, a EE. UU. aún le falta mucho para dejar atrás el fantasma racial, que muy a menudo asusta y que pone en entredicho que sea el ‘país de la libertad’. El ascenso de Obama apenas ha sido el inspirador paso adelante de un largo camino.


editorial@eltiempo.com.co

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