Así es un crucero de 12 días por Grecia, Turquía, Georgia y Rumania

Así es un crucero de 12 días por Grecia, Turquía, Georgia y Rumania

La travesía por los mares Egeo y Negro descubre islas, paisajes, ciudades y tesoros arqueológicos.

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28 de noviembre 2014 , 03:03 p.m.

En doce días se surcan las aguas de tres mares: el Egeo, el Mármara y el Negro, mientras se descubren puertos de cuatro países: Grecia, Turquía, Georgia y Rumania. Es una ‘sobredosis’ de historia, de paisajes y de ciudades, que parte del puerto del Pireo en Atenas (Grecia), y lleva por tesoros que hablan de los imperios persas, romanos, bizantinos, árabes, mongoles, turcos y rusos.

Acrópolis

Acrópolis, punto de partida a una gran travesía.

El barco Seven Seas Mariner, de la naviera Regent, surca las aguas del mar Egeo. La capital griega queda atrás con su imponente Acrópolis, con sus templos, fortalezas, iglesias, ruinas y vestigios, de los más antiguos de la humanidad. Vale la pena llegar dos días antes de la partida de la nave para descubrir con calma y con tiempo esta metrópoli.

En medio de la solemnidad de los monumentos y patrimonios de la humanidad que hablan del origen de la civilización occidental, hoy la vida ateniense es divertida y amable. Los griegos son hospitalarios y todos unos maestros de la buena mesa.Así que perderse entre las calles estrechas y coloridas del antiguo barrio Plaka para recorrer el ágora o trepar hasta la Acrópolis, caminar el moderno Kolonaki y su plaza Sintagma, y descansar entre restaurantes y bares de estos lugares, es un placer mañana, tarde y noche. Para completar, no es una ciudad costosa.

La oferta de comida y alojamiento es amplia y para todos los bolsillos. Un buen plan es recorrerla en un bus turístico que por 40 euros lo lleva por los lugares imperdibles.

Seven Seas

Vista del Seven Seas en la belleza del mar Negro.

A navegar rumbo a Siros

La naviera con su promesa de un viaje de lujo tiene el reto de llevar a los 700 pasajeros del Seven Seas Mariner por una aventura de talla mayor. El barco emprende su recorrido a las 5 de la tarde y navega toda la noche para atracar en medio de un rojizo amanecer en Siros, capital de las islas Cícladas, de parajes desérticos y arquitectura blanquecina, con playas, palmeras, bares y cafés que hablan de la cultura griega.

Es tiempo de caminar por sus playas y por el puerto, y adentrarse en su historia, construcciones y museos que dan al viajero una pincelada de la vida en esta región. Los pasos irán por el teatro Apolo, las iglesias ortodoxas y cristianas como la de San Nicolás, la de la Asunción o la de la Resurrección y el Monasterio de los Capuchinos.
Sus calles empinadas invitan a caminar y a perderse entre recovecos en los que hay que hacer pausas para gozar la plácida vista del mar Egeo.

Efeso, el gran museo al aire libre

La tercera jornada se cumple en territorio turco, en uno de los sitios históricos más valiosos sobre la faz de la Tierra: Éfeso. Estar allí, a pesar de los 40 grados centígrados de temperatura en verano, es sobrecogedor, y más cuando se sabe que no han descubierto la totalidad de esta antigua ciudad del Asia Menor.

Éfeso

Éfeso, una de las zonas más grandes del mundo.

Es una de las zonas arqueológicas más grandes del mundo. La magnitud de las ruinas y el relativo buen estado en el que se conservan permiten imaginar cómo fue esta urbanización creada por uno de los arquitectos más grandes de la historia: Hipódamos.

Excavada desde el siglo XIX por arqueólogos ingleses, en la última época del imperio Otomano, han brotado de sus entrañas cerámicas y objetos, algunos de los cuales están hoy en el Museo Británico.

La época dorada de la ciudad llegó con los romanos, cuando se convirtió en uno de los grandes centros culturales y económicos del Antiguo Occidente. De ese periodo quedan vestigios del Templo de Artemisa (una de las Siete Maravillas del Mundo).

La gloria de esta ciudad aumentó con la época cristiana. Los pasos de Pablo de Tarso enriquecieron estas tierras y dejaron allí una de las Siete Iglesias del Apocalipsis, de la que hoy solo quedan ruinas.

Deslumbra en este recorrido la fachada de la biblioteca de Celso (la más antigua del mundo), el templo a Adriano, el Gran teatro, el Odeón, la Casa de la Virgen María. Tanta historia y tantas huellas abruman. Demasiado destino para un solo día.

En las montañas de Trabzon

La siguiente parada es en un puerto turco que por su ubicación entre Estambul e Irán ha sido un punto importante y apetecido. Trabzon (en griego) o Trebisonda es una ciudad que se descuelga por una montaña con iglesias, mezquitas, antiguas casonas y la famosa iglesia-museo de Santa Sofía (en la foto), construida en el siglo XIII.

Fue fundada en el siglo VII a. C. por los colonizadores milesios. Hizo parte de la Ruta de la Seda y en el siglo XV fue una polis griega. Llegó a ser un imperio modesto nacido como consecuencia de la toma de Constantinopla por los cruzados en 1204. Luego estuvo bajo el dominio de los otomanos.

Religiones, lenguajes y culturas se han mezclado. Pompeyo, Mitrídates y Adriano son algunos de los gobernantes que han dominado esta tierra, cuya historia es rica en guerras, fortificaciones y poderíos. El barrio antiguo, repleto de casas de madera, conserva el espíritu medieval.

Tras la huella de los argonautas

Atrás queda el Egeo y el barco toma rumbo al mar Negro, no sin antes atravesar las aguas del mar de Mármara y hacer su paso triunfal por el estrecho del Bósforo. Un espectáculo que impacta con el perfil lejano pero muy vivo de una de las ciudades más interesantes e impresionantes del mundo: Estambul (Turquía).

Sínope

Sínope, un pequeño puerto sobre la costa norte de Turquía.

El Negro es un mar que curiosamente se desvanece entre verdes y azules, pero luego se tiñe de oscuro y profundo, gracias a la alta concentración de microalgas. De ahí su nombre. Sus aguas tranquilas llevan a un pequeño puerto sobre la costa norte de Turquía: Sínope (Sinop).

Basta poner un pie en esta tierra para que la imaginación vuele a las leyendas de los Argonautas, los héroes que viajaron en la nave Argos en busca del vellocino de oro.

Atenienses, griegos, bizantinos también sembraron allí sus huellas y dejaron ruinas y fortificaciones. Vale la pena detenerse en el Museo de Arqueología, en el que hay un buen recuento de las diferentes épocas y periodos por los que ha atravesado esta ciudad. En su puerta, vigilante, la estatua de Diógenes, el filósofo que nació en esta ciudad y fue exiliado y se trasladó a Atenas.

Las mil caras de Batumi

Batumi está en plena construcción. Esta ciudad y puerto de Georgia, como todos los de esta región, tiene miles de años de historia, pero vive hoy un curioso renacer. Sus calles hablan de imperios persas, romanos, árabes, mongoles, turcos y rusos. Por eso su arquitectura resulta tan variopinta.

Al recorrer su avenida costera se ve una ciudad que tiene ínfulas de una europea moderna, con rascacielos, torres y hoteles de gran tamaño y arquitectura futurista, que alternan con edificios venidos a menos de la época comunista.

Dicen que fue la ciudad mimada del anterior presidente, Mikheil Saakashvili, quien destinó importantes sumas a su reconstrucción. Hoy es uno de los principales centros turísticos de este país, en el que la uva es un orgullo nacional: los georgianos se ufanan de haber inventado el vino por el año 6000 antes de Cristo.

La constancia de Constanza

Constanza

El malecón es el punto de encuentro de las familias los fines de semana. Al fondo, el antiguo casino.

Nostalgia y melancolía. Este puerto rumano se quedó atrapado en el tiempo, y aunque lucha por despegar y renovarse, sus raíces están clavadas en una Europa decadente. Basta caminar algunas de sus calles, playas, puertos, hoteles y comercios para percibirlo.

Constanza es el puerto más importante de Rumania y una de las principales ciudades del país. Ya en tierra, conviene visitar el Museo de Historia Nacional y Arqueología, en la plaza de Ovidio, con objetos de las épocas grecolatinas, orfebrería helenística, esculturas griegas y romanas.

También, la mezquita de Mahmudiye, levantada en el siglo XIX sobre otra del XIV; la catedral ortodoxa griega de finales del XIX, al igual que la iglesia católica, que ostenta una torre o campanario románico.

No puede faltar un paseo por el malecón. La vista allí la domina la mayor joya de la ciudad: el antiguo casino, construido en el siglo XX, mezcla de arquitectura barroca y rococó. En esta tierra yacen los huesos de Ovidio, uno de los más grandes poetas de todos los siglos.

Kusadasi, un momento para las compras

Ya de regreso de Éfeso, se debe hacer una justa parada en Kusadasi, la ciudad en la bahía más bella del Egeo. Yates, hoteles, playas y comercio atraen a viajeros de todo el mundo. Para los turistas de los barcos de crucero es el sitio ideal para ‘bajarse’ de unas liras turcas a cambio de marroquinería, tapetes de seda, objetos de vidrio o cerámicas.

Comer, beber, vivir Estambul

Una odisea de esta dimensión no puede tener mejor puerto final. Son pocas estas líneas para hablar de la grandeza de Estambul, una de las ciudades más ricas y maravillosas sobre la Tierra. Sin duda, la recomendación es: destine mínimo tres días para recorrer y vivir brevemente la mayor ciudad de Turquía, que se sitúa entre Europa y Asia.

Será poco tiempo, pero suficiente para caminar por el barrio antiguo de Sultanahmet y perderse entre sus calles para descubrir sus tesoros: El museo de Santa Sofía: tanta historia y majestuosidad requieren por lo menos tres horas.

Por 30 euros descubrirá que este lugar fue una antigua basílica patriarcal ortodoxa, posteriormente reconvertida en mezquita y hoy es un museo con una gran colección de reliquias.Es una gran obra de la arquitectura bizantina.

Mezquita

La imponente Mezquita Nueva (1597).

La Mezquita Azul: debe estar pendiente de los horarios para los turistas y hacer una larga fila para luego estar dentro de un mundo de mosaicos azules, cúpulas y vitrales que conforman la mezquita más importante de esta ciudad y en la que se vive a plenitud el culto musulmán. Única en Estambul con seis minaretes.

El Gran Bazar: tres horas son pocas, pero intente recorrer algunas de sus 58 calles y 4.000 tiendas, con mercancías y artesanías de esta región y de otros lugares del mundo. Regatear y comprar es un placer en este, uno de los mercados más antiguos y encantadores del mundo. Lámparas, tapetes, cerámicas y objetos con toda la magia se consiguen allí.

El bazar de las especias: Almendras, turrones, baklavas (hojaldres bañados en miel), especias, mieles, licores, tés… Qué juego de olores, sabores y colores se levanta en este espacio. Imposible salir de allí sin una bolsita llena de tentaciones.

La Mezquita Nueva: Al frente del bazar de las especias, basta con dar 20 pasos para estar en su interior. Levantada en la época clásica otomana, 67 años duró su construcción. Su vidriera, sus ventanas, puertas y cerámicas interiores la hacen sencillamente encantadora.

Por la armonía entre sus piramides y su cúpula, parece que se elevara hacia el cielo. Veinte minutos de visita, y de allí a tomar un té de manzana en cualquiera de los cafés que la rodean… ¡Qué delicia!

Al frente está el puente Gálata, que invita a caminarlo y a cambiar de barrio. Y, encumbrado, está Beyoglu (también conocido como Pera), en donde deberá visitar su plaza Taksim y su monumento, la Torre Gálata, y las calles que bullen de comercio.

No pueden faltar los palacios: Topkapi y Dolmabahçe. El primero está entre el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara, y desde él se tiene una espléndida vista del Bósforo. Fue el centro administrativo del Imperio otomano y está formado por pequeños edificios juntos y rodeados por cuatro patios.

El segundo, fue el primer palacio de estilo europeo, construido en tiempos del sultán Abd-ul-Mejid I entre 1842 y 1853, tiene la mayor colección de candelabros de cristal de Bohemia y Baccarat; también una escalera con barandas de cristal. Los minutos restantes serán para comer, beber y vivir esta ciudad en la que el tiempo nunca será justo…

El lujo a toda máquina

La naviera Regent Seven Seas Cruises conquista con camarotes de gran tamaño, gastronomía y licores de alto nivel y un servicio que no descuida detalles.

Servicios en Seven Seas Cruises

Champaña y cocteles de bienvenida durante todo el viaje.

¿Sueña con viajar por los mares más interesantes y aventureros del mundo a bordo de un barco que le ofrezca placer, lujo y máxima comodidad? Usted está en la mira de Regent Seven Seas Cruises, una naviera que promete satisfacer hasta el último detalle y anhelo de los viajeros de largo kilometraje.

Ellos saben que el lujo se está tomando Colombia, y tienen claro que este mercado el año pasado se embolsó 1,56 billones de pesos, de acuerdo con el informe ‘El negocio del lujo en Colombia 2012-2014’, elaborado por el portal de información empresarial losdatos.com.

Especializada en turismo de superlujo y exclusividad, entre el 2015 y el 2016 ofrecerá itinerarios por Asia, África, América del Sur, Europa, Caribe y Alaska. Visitará más de 150 puertos en 50 países diferentes, por tierras exóticas y destinos aventureros. Lo suyo no es competir por ser la nave más grande ni por llevar un gran número de pasajeros.

Con tres barcos (Mariner, Voyager y Navigator), la naviera no deja nada al azar e indaga permanentemente a sus viajeros sobre sus gustos y deseos. Por eso, asegura el capitán Luksa Kristovic, “crucero tras crucero encontramos en promedio 300 pasajeros que repiten por el nivel y la calidad de nuestro servicio, en busca de nuevas rutas y de nuevas experiencias”.

Tras navegar en el Mariner por la ruta del mar Negro, les contamos cuáles son sus fortalezas:

1. Los detalles. Desde el embarque hasta cuando se pisa el último puerto, la naviera acompaña y está atenta de sus viajeros. Es una naviera de detalles y de servicio impecable: cero filas en el abordaje, champaña y cocteles de bienvenida y durante todo el viaje, atención permanente en las habitaciones y servicios especiales para quienes no quieren preocuparse ni siquiera de sus reservas aéreas. Para garantizar que ningún detalle se escape, una tripulación integrada por 444 personas de distintas nacionalidades sabe a la perfección el arte del buen servicio. Ni mucho ni poco. Entre ellos encontrará siempre alguien que hable español (y casi seguro un colombiano).

2. Mucho espacio. Este barco de 480 toneladas, que normalmente transportaría a 1.200 pasajeros, solo lleva 700 pasajeros a bordo, lo que quiere decir que dispone de generosos espacios por persona, en los que predomina la decoración sobria y elegante. Cuenta con habitaciones de gran tamaño con balcón, vestier y un cómodo baño, amplios espacios de diversión, zona de piscina, jacuzzis y asoleadoras, teatros, casinos, zonas de lectura y cafés.

3. ¡Buen apetito! Satisfacen los caprichos gastronómicos de los viajeros en restaurantes de comida italiana, francesa, parrilla e internacional. Langosta, caviar y carnes de alta calidad son los más apetecidos. En el Mariner, las cocinas son supervisadas por el colombiano Fabián Meneses, subgerente de alimentos y bebidas. Él asegura: “Tenemos un sello de lujo en la calidad y supervisión de los alimentos. Estamos pendientes de las solicitudes especiales y de las condiciones de salud de nuestros pasajeros”.

4. El room service está disponible las 24 horas, y a las cinco de la tarde puede disfrutar la hora del té o recibir en la habitación quesos, salmón, frutas. Y cuenta con una amplia selección de vinos de cosechas especiales. “Cumplimos con normas de limpieza, manipulación y mantenimiento de alimentos de primera calidad para garantizar un menú saludable”, dice Meneses.

5. La naviera cuida con detalle las rutas y los destinos que visita. En tierra dispone de transporte gratuito en los puertos hasta el centro de la ciudad y de regreso. Ofrece excursiones organizadas de diferente duración e intensidad de caminata por los sitios de interés. Y quienes lo prefieren, pueden optar por servicio de vehículo privado. A la hora de seleccionar el crucero revise muy bien la ruta y los puntos de parada para no llevarse sorpresas ya a bordo.

6. Actividades: en el día, hay conferencias con historiadores sobre los sitios a visitar. O actividades recreativas o deportivas. Todas las noches hay un espectáculo musical, y los bares o la discoteca reciben a los amantes de la rumba. No falta el spa con tratamientos y terapias que integran salud y relajación, el gimnasio con vista al mar y un exclusivo espacio para las compras.

7. Compromiso verde: “Son naves con tecnología de punta que garantizan estabilidad y eficiencia en el consumo de energía, así como el compromiso de la naviera con el medio ambiente –dice el capitán Luksa Kristovic–. Somos respetuosos de las reglas que implementan los gobiernos para la protección del mar”. Las aguas negras son tratadas a bordo, las basuras clasificadas y procesadas para poder ser desechadas bajo parámetros biodegradables.

Si usted va

La naviera Regent Seven Seas Cruises realizará en septiembre del 2015 un itinerario por las Islas Griegas. Duración: 10 noches. Precio: desde 6.399 dólares con todo incluido.

Informes: http://es.rssc.com/

*Invitación de Deluxe Reps Bogotá y Regent Seven Seas Cruises.

Adriana Garzón
Enviada especial de VIAJAR

 

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