El acoso tuitero

El acoso tuitero

El proyecto de WAM! puede ser decisivo para combatir el acoso de género en internet.

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26 de noviembre 2014 , 05:42 p.m.

Alguien por fin está haciendo algo acerca del acoso de género en Twitter. El problema es que no es Twitter. El servicio empezó a trabajar en conjunto durante un mes con el grupo activista WAM! (Women, Action & the Media) para crear una nueva forma de reportar el acoso en línea. Esta alianza ha sido recibida como un paso adelante, como una señal de que Twitter por fin está tomándose el acoso seriamente. Pero me parece que esto es solo un recurso provisional que tomaron para quedar bien después de haber recibido muchas críticas, y es una prueba más de que Twitter no está dispuesto a invertir plata en proteger a sus usuarios más vulnerables.

Internet es una cosa hermosa en teoría, pero también es un lugar difícil de controlar porque no tiene leyes ni reglas, solo términos y condiciones. Ahora todo el mundo escribe lo que piensa en Facebook, Twitter o sus blogs. Así, la línea entre respetar la libertad de expresión y acolitar comportamientos abusivos es delgada en servicios como Twitter. Según Jaclyn Friedman, la directora ejecutiva de WAM!, un estudio reciente mostró que el 25 % de las mujeres han sido acosadas sexualmente en línea y que el 26 % ha experimentado algún tipo de stalking. Por eso, WAM! invita a todas las mujeres que usan Twitter a que reporten sus casos en un formato que ha sido adaptado a todos los tipos de acoso que las mujeres enfrentan en Internet (desde amenazas de violación hasta revenge porn). WAM! le enviará los reportes validados a Twitter y al final del periodo de prueba publicarán un informe con la respuesta que Twitter le dé a los distintos tipos de acoso de género. Apoyo la participación de WAM! y me gusta que esté pasando, pero me pregunto por qué Twitter no usa el nuevo y mejorado formato de reporte de una vez en su sitio, reemplazando el proceso de reporte actual, y así destinan algunos de sus recursos a solucionar el problema.

Twitter, como casi todas los servicios de la Web 2.0, se beneficia de algo que la gente a la que le gusta hablar en spanglish la mitad del tiempo denomina engagement. Esto significa que tiene más poder entre más gente lo use. Le dicen a uno: “Entre más usuarios haya en Twitter, tu audiencia y tu influencia será más grande”. Y sí, a nosotros nos beneficia que Twitter crezca; yo he conseguido trabajo y he conocido a personas que ahora son mis amigos por Twitter. Pero lo realmente importante es la parte que los beneficia a ellos: que entre más comprometido esté uno con el servicio, es más probable que vea los tuits promocionados y las otras formas en las que Twitter gana plata. Los beneficios y las ganancias van primero que las personas porque a fin de cuentas son una empresa. Para Twitter, la persona víctima de una amenaza de violación vale lo mismo que la persona que escribe la amenaza. Por eso no les conviene tanto pelear contra el acoso de género en su servicio.

Cualquiera que haya tratado de reportar a alguien en Twitter diría que cualquier cosa es mejor que el sistema actual. El formato de Twitter hace muy pocas preguntas, muy ambiguas y, además, ignora los reportes hechos por personas que no hayan sido las víctimas del acoso. Hace poco recibí un tuit que me hizo sentir muy incómoda y además de bloquear al usuario, lo reporté. Días después recibí un correo de Twitter diciendo que a menos de que hubiera una amenaza violenta y “real”, no podían hacer nada. Yo no estaba pidiendo que sacaran por siempre de Twitter al tipo ni que fueran hasta su casa a partirle el router con un martillo; lo único que quería era que le suspendieran la cuenta por un tiempo. El acoso es real así sea hecho en internet y si aquellos que escriben cosas que hacen sentir incómodas a las mujeres supieran que hay consecuencias, tal vez tomarían decisiones distintas.

Muchas personas creen que el internet es diferente a “la vida real”, pero la “realidad virtual” ahora es tan real como la vida que tenemos por fuera del computador o del celular. Tenemos discusiones y conversaciones en Twitter y en las secciones de comentarios de los blogs. Hablamos todo el día con nuestros amigos por Facebook, G-Chat o Whatsapp. Les mandamos correos a nuestras mamás reportándonos para que no digan que somos malos hijos. Subimos fotos de todo lo que hacemos a Instagram. Le damos like con fastidio a las fotos del bebé recién nacido de nuestro primo. Y en muchos casos publicamos y promocionamos nuestro trabajo online. Esa realidad está presente siempre y, si es muy incómodo estar en Twitter mientras lees comentarios sexuales no deseados en Twitter, no me imagino cómo será tener que trabajar y comunicarse mientras alguien te hace amenazas de violación o publica tu dirección y celular en esta red social.

Entiendo la actitud de “no le des cuerda a los trolls”, “no leas los comentarios” o “ignora ese tuit en el que un tipo habla sexualmente de ti sin conocerte”, pero creo que es importante que las mujeres que experimentan este tipo de acoso online hablen y hagan que la gente tome conciencia de lo que está pasando. El proyecto de WAM! puede ser decisivo para combatir el acoso de género en internet pero Twitter debería recordarlo con vergüenza como el momento en el que no destinaron un solo centavo de los millones que les entran anualmente a solucionar el problema y, en cambio, aceptaron la ayuda no remunerada de dos personas que hacen parte de uno de los grupos más afectado por las fallas de su servicio. Espero que después de este mes algo cambie pero no me como el cuento tan fácil.​


Juliana Abaúnza Jaramillo

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