Una cita con Woody Allen y su clarinete en Nueva York

Una cita con Woody Allen y su clarinete en Nueva York

Una periodista de EL TIEMPO fue al café Carlyle en Nueva York, donde se presenta hace 20 años.

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24 de noviembre 2014 , 05:36 p.m.

No sé si Woody Allen toque bien el clarinete, pero verlo a él, uno de los mejores cineastas del mundo, haciendo lo que más le gusta (que no es hacer cine, sino música) es un privilegio de pocos. O por lo menos, solo de quienes lo siguen de verdad, los que saben que todos los lunes de los últimos meses del año aparece muy puntual en el lujoso café Carlyle, ubicado en una de las mejores zonas de Nueva York.

Al lugar entra como uno más. Siempre lo hace minutos después de la Eddy Davis New Orleans Jazz Band (la banda que lo acompaña desde principios de los setenta).

Desde hace más de veinte años asiste a esta cita (antes lo hacía en Michael’s Pub) y casi siempre vestido igual: un pantalón de pana, una camisa clara y un saco que apenas lo abriga para el frío que ya se siente durante esta época en la ciudad.
Se ubica en una pequeña mesa cerca de la barra junto a Jack Rollins, exitoso productor estadounidense que lo acompaña en muchas de sus películas y advierte que no le hablen o tomen fotos.

Allen saca de su maletín color café el clarinete, una boquilla y un trapito con el que limpia su instrumento mientras habla en voz baja, se ríe y mira tímidamente a su alrededor.

Algunos llegamos desde lejos para verlo, más que para escucharlo. Él lo sabe. “No soy más que un clarinetista amateur. Si no fuese célebre, la gente no vendría. Vienen más a verme que a escucharme”, dijo alguna vez.

Nadie se atreve a acercársele. Más que por la advertencia del productor, por respeto. Se ve concentrado para los 65 minutos que se vienen. Estar ahí es de las cosas que más disfruta. Tanto que, por ejemplo, prefirió quedarse tocando jazz en lugar de asistir a los premios Óscar en 1978, cuando su película Annie Hall resultó ganadora. Su afición es de siempre. Por algo, su nombre artístico lo tomó del clarinetista Woody Herman.

El escenario está muy cerca del público. Allen se sienta en una silla de madera, no saluda y en los primeros minutos del concierto no levanta la mirada del suelo. Se quita el saco, agarra el clarinete y ahí está.

Mientras tocan, algunos comen y hablan, y los que preferimos no quitarle los ojos de encima vemos cómo saca un pañuelo, se limpia la boca, se ríe como si se acordara de algo y poco a poco se va soltando, empieza mirar al público, a hablar con Eddy Davis, mientras este toca el bajo. Y entonces, Woody Allen no nos defrauda. Es el que siempre hemos imaginado, tímido, frágil, haciendo los mismos gestos que le hemos visto en películas y entrevistas.

“Lo que sí me sabe mal es no haber sido un gran músico”, ha dicho varias veces. Y pocos de los que estamos ahí sabemos si lo está haciendo bien o mal. A sus 78 años (cumple 79 el primero de diciembre) se atreve a hacer solos de clarinete y logra despertar los aplausos del café entero, como en todos los conciertos, cuando empiezan a presentar a los músicos porque está llegando el final.

Por eso, los que ya nos dimos cuenta de que Allen tiene una cara diferente a la que tenía cuando estaba limpiando su clarinete al principio de la función, nos atrevemos a acercarnos a la tarima. Nadie siente pena, parece que hubiéramos vivido 65 minutos de intimidad.

“Hola, ¿nos podemos tomar una foto? Usted me ha hecho muy feliz”, le digo. Él, entre dientes, responde “Gracias”, se ríe, me toma del brazo y posa junto a mí. Una, dos, tres tomas y él está ahí, parece que estuviera esperando a que yo quedara satisfecha, como si supiera que dos años atrás estuve ahí mismo, junto a él y no pude lograr una buena foto.

Da la vuelta y con el saco a medio poner, enredado en el cuello, sale del lugar. En el camino alguien intenta detenerlo para pedirle un autógrafo, pero él dice que debe irse porque su esposa y sus hijos lo esperan en casa. Woody Allen no nos defrauda. Hasta haciendo lo que más le gusta se mantiene como siempre lo hemos imaginado: tímido y sencillo.

Su nueva película

El jueves pasado se estrenó en Colombia la nueva cinta de Allen, ‘Magia bajo la luz de la luna’, en la que el director neoyorquino se centra en la historia de un mago inglés (Colin Firth), en la década de los 20, que está decidido a desenmascarar a una medium (Emma Stone). Sin embargo, el encuentro de dos personas tan dispares genera una extraña, mágica y divertida conexión emocional.

¿Quiere verlo?

Debe reservar al menos con un mes de anterioridad una mesa, que cuesta 205 dólares por persona. El café abre a las 6:30 p. m. Dos horas después empieza a tocar la banda. Los platos no bajan de 39 dólares.

SALLY PALOMINO C.
EL TIEMPO

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