Tres días con Gabo y 20 años extrañándolo, dice Silvana Paternostro

Tres días con Gabo y 20 años extrañándolo, dice Silvana Paternostro

La periodista cuenta el origen de su libro 'Soledad & compañía', un homenaje a su gran maestro.

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23 de noviembre 2014 , 10:05 p.m.

Silvana Paternostro ha sufrido como pocos el rigor de la omertà (ley del silencio siciliana), que, según le comentó alguna vez el escritor argentino Tomás Eloy Martínez, les impedía a los amigos cercanos de Gabriel García Márquez hablar sobre él.

La periodista barranquillera recuerda que, cuando preparaba el libro Soledad & compañía, un retrato ‘oral’ de Gabo construido a partir de las personas más queridas del Nobel, se le acercó un día al poeta José Emilio Pacheco (fallecido este año) para que la ayudara. El mexicano le dijo que lo haría con gusto. Pero su esposa, que estaba cerca y alcanzó a oír, lo tomó del brazo y con la mirada le recordó que ellos no podían hablar nada sobre el novelista colombiano.

Pero eso es lo de menos. Lo que más le duele es que, en un suceso tan misterioso como las historias del hijo más célebre de Aracataca, este la alejó de sus afectos durante cerca de 20 años, como si Paternostro hubiese violado el acuerdo de confidencialidad fraterna.

Portada del libro 'Soledad & compañía', de Silvana Paternostro.

Todo comenzó cuando la reportera tuvo la oportunidad de asistir, como alumna, a uno de los primeros talleres que García Márquez dictaba en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que él mismo creó.

“Yo ya vivía en Nueva York, estaba haciendo reportería para The New York Times y tenía un contacto muy cercano con Paris Review. Cuando me enteré de que Gabo daba esos talleres, mandé (a la Fundación) uno de mis artículos sobre la movida de los roqueros cubanos”, recuerda Paternostro antes de describir su emoción cuando fue aceptada.

Lección para toda la vida

“Hice un taller de tres días con Gabo, en el que aprendí lecciones que, cuando me siento a escribir mis ensayos, mis artículos y mis libros, todavía retumban en mi cabeza”, agrega la escritora, incluida en 1999 en el listado de los 50 líderes latinoamericanos del nuevo milenio de Time/CNN, por su voz innovadora.

De ese encuentro salieron dos artículos, que Paternostro publicó luego en Paris Review y en una revista académica. “Había una regla: ‘Sobre el taller escriban lo que quieran, pero Gabo no da entrevistas’. Pero como yo también sé esa lección de periodismo que él quiso darnos en la Fundación, de que la entrevista no captura un personaje tanto como la historia de lo que ves, regresé a Nueva York y publiqué mis tres días con Gabo”, cuenta.

En el taller, al nobel le dio curiosidad su mezcla de barranquillera y residente en Estados Unidos. “Me dijo que era como sus hijos, que hablaba un español raro, como un spanglish”, agrega. A las pocas horas de trabajo, Gabo ya se refería a ella como la ‘gringa barranquillosa’.

Al terminar las clases, ella le contó a su “gran maestro” que vivía en el Village neoyorquino y él le respondió que siempre que visitaba la ciudad de los rascacielos disfrutaba caminar por las calles de ese barrio y que la buscaría cuando fuera.

“Nunca lo pude llevar a oír jazz ni a caminar. Nunca me llegó esa llamada, pero la que sí me llegó fue una del editor de libros de The Washington Post, en la que me dijo que acababa de entrevistar a García Márquez, de visita en Georgetown”, lamenta Paternostro, quien añade que una de las primeras preguntas del periodista estadounidense aludía al artículo de la barranquillera, tema que molestó a Gabo. “Te podrás imaginar lo que sentí hace 20 años. Que alguien te diga que García Márquez está muy molesto contigo –anota–. Lo he analizado con amigos y en la intimidad, lo he imaginado, lo he soñado... Hay tantas teorías. Alguien me dice que fue porque dije que tenía zapatos blancos; alguien me dice que fue porque dije que me recordaba a mi abuelo, lo que pudo dar a entender que era viejo; alguien me dice que es porque mencioné a Fidel... Porque también hice un artículo, para una revista más académica, donde muestro su figura de mediador político. Entonces toqué el tema de Cuba, que tal vez era delicado para él”.

La escritora cuenta que el fallecido Tomás Eloy Martínez leyó su artículo y le mandó un mensaje, en el que le decía: “Yo te quiero conocer, porque me parece que es un retrato lindísimo de Gabo”. “Y en un almuerzo en su casa me dijo lo de la famosa omertà”, relata Paternostro, que en 1996 ganó el premio Paul Taylor-Dorothea Lang, por una serie de reportajes sobre Cuba.

Hoy, después de ver partir a su entrañable maestro, al que ella nunca dejó de adorar, subraya: “Sé que me perdí unas parrandas vallenatas buenísimas con Gabo y unas conversaciones seguramente muy enriquecedoras, pero también sé que, como periodista, tenía que escoger entre mi vocación y el deseo”.

Sin embargo, como un gesto de reconciliación y tributo, finalizó el proyecto de Soledad & compañía, que comenzó hace muchos años como un gran reportaje para la desaparecida revista Talk, sobre cómo se escribió Cien años de soledad.

Fue precisamente en una de las últimas oportunidades que tuvo de acercarse al Nobel cuando se acordó de los 24 casetes que contenían las grabaciones de todos esos amigos entrañables de García Márquez, cuyos recuerdos se entretejen a lo largo del libro. Fue una noche de marzo del 2011, en México, cuando la barranquillera asistió a la inauguración del Museo Soumaya, que el millonario Carlos Slim le regaló a ese país.

Paternostro se sorprendió de ver a Gabo en la tarima principal, al lado del magnate, del Presidente de México y de Larry King, entre otros. “Mientras veía la ceremonia pasar, me preguntaba si ese sería el momento de acercármele para hablar sobre estos 20 años sin él. Yo sabía que él reconocía mi nombre, porque le causaba molestia. Y en el momento en que quise acercarme, cuando había finalizado todo, decenas de personas se lanzaron sobre Gabo. Entonces me retiré, me acordé de mis cintas y decidí que ese sería el homenaje para él”, dice.

Así fue como, después de encontrarlas en una caja de zapatos y de buscar desesperadamente una de las últimas grabadoras de casete en almacenes como Best Buy y RadioShack, se dio a la tarea de iniciar la estructuración del libro, que se divide en dos partes: AC (antes de Cien años de soledad) y DC (después de Cien años de soledad).

La dedicatoria

Una de las curiosidades de Soledad & compañía es la entrevista con María Luisa Elío, a quien Gabo dedicó su novela cumbre (a ella y a su esposo). La contactó gracias a la mediación del escritor Carlos Monsiváis y la describe como una señora “guapa e inteligente”, que le contó la anécdota de la dedicatoria.

“Ella conoce a Gabo en un almuerzo, durante un viaje que él hace a México para visitar a Álvaro Mutis. Ella dice que, aunque Gabo era un flaquito tímido, se sentaron a conversar, y que cuando este señor la fue envolviendo con una serie de historias maravillosas, de barcos en la mitad de una selva y mujeres que se elevaban, la señora le dijo que tenía que plasmar todo eso en un libro. Entonces, Gabo le dijo: ‘Si lo escribo, te lo dedico’. Pasaron los años y García Márquez cumplió su promesa”, resume Paternostro.

Providencialmente, la periodista se encontraba en México el Jueves Santo, cuando el autor de El amor en los tiempos del cólera, que vivía allí, partió para siempre. Por eso tuvo el honor de asistir a ese último y majestuoso homenaje que se le rindió en el Palacio de Bellas Artes, donde incluso fue invitada a hacerles guardia de honor a sus cenizas.

“Un poco por pudor, por no hacer nada en contra de mí ni en contra de él, y porque no soy muy oficialista y este era un homenaje bastante oficial, no me sentí preparada y preferí decir que no”, comenta la barranquillera, cuyos artículos han aparecido en revistas como Etiqueta Negra, Gatopardo y El Malpensante.

Un amigo que se sentó a su lado le advirtió, al final del homenaje, que no se fuera porque iban a volar mariposas amarillas. Y del bolsillo sacó unos insectos de papel que él y muchos otros asistentes lanzaron por los aires a la salida del recinto y que fueron impulsados por unas máquinas de aire.

Entonces se vieron miles de mariposas amarillas volando como monarcas. Yo simplemente me agaché, cogí unas y las tiré al aire como homenaje a mi maestro”, concluye, con los ojos iluminados de alegría, la autora de Soledad & compañía, que siente que logró reconciliarse con su querido Gabo, quien lamentablemente no alcanzó a ver finalizado este libro ni a decidir si, por fin, la ‘gringa barranquillosa’ merecía su perdón.

El nobel, contado por sus amigos

En ‘Soledad & compañía’, Silvana Paternostro reúne las voces de muchos de los amigos del autor de ‘El otoño del patriarca’. La autora lo define como ir a una gran fiesta, donde todos hablan sin prejuicios. “Hay voces divertidas, pero también hay otras serias, como la de Gerald Martin, su biógrafo. En ese sentido, ‘Soledad & compañía’ se podría leer casi como un libro complementario de sus biografías”, dice.

Entre las voces que aparecen están las de Guillermo Angulo, Quique Scopell, Carmen Balcells, Nereo López, Héctor Rojas Herazo, Margot García Márquez, Ramón Illán Bacca, Santiago Mutis, Jaime Abello Banfi y Plinio Apuleyo Mendoza. Paternostro es una de las invitadas al Hay Festival de Cartagena, en enero, precisamente para un homenaje a Gabriel García Márquez.

CARLOS RESTREPO
Redactor de EL TIEMPO

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