Las historias más insólitas de la TV colombiana

Las historias más insólitas de la TV colombiana

Fragmentos del capítulo 'Aunque usted no lo crea' del libro 'Bestiario de la televisión colombiana'.

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22 de noviembre 2014 , 07:07 p.m.

Dolphin Bidet

La de galán de televisión debería figurar entre las profesiones de alto riesgo en los listados de las ARL. Cualquiera que quiera apostarle a esta profesión debe aprender a convivir con el riesgo constante de pasar, por obra y gracia de una medición de Ibope, de encabezar la lista de afectos de las televidentes a engrosar otras listas menos apetecidas, diga usted, las de las centrales de riesgo.

Si alguien está al tanto de estos peligros es Danilo Santos, uno de los más representativos galanes de los noventa. Seguramente cansado de tanta inestabilidad, Santos decidió hace poco incursionar en nuevas actividades lejanas de la TV, y más bien cercanas al WC.

En efecto, en el 2006 se le pudo ver en la Feria del Hogar promocionando el Dolphin Bidet, un “implemento sanitario para la higiene personal que dispara un chorro de agua discreto”. Sin duda, una buena forma de aplicar los conocimientos adquiridos en su formación como galán. En este caso, acerca de los vericuetos de la feminidad.

La otra faceta de Cerdo

El país recuerda a Cerdo Molina, inolvidable personaje de La Tele y, en versión animada, de El siguiente programa, por su talento y garbo a la hora de revolcarse en los más selectos lodazales, por su sección ‘Life style’ y por la pata de pollo que solía acompañarlo y con la que subió a recibir un premio TVyNovelas.

A este dechado de virtudes hay que añadirle una hasta ahora desconocida: su olfato. Pero no olfato para subirse en una producción que sea éxito de audiencia o para saber a qué número apostarle en el chance. No. Cuentan los que lo conocen que Cerdo se ufana de tener el don místico de detectar, a través del olfato, guacas enterradas. En efecto, así como en Europa los cerdos (de cuatro patas) son utilizados para rastrear con su olfato la presencia de trufas (hongos altamente valorados por su aroma y sabor), acá se utiliza a uno de dos patas y protuberante abdomen.

Con este dato por fin revelado no se extrañen si pronto se le ve, con cadena y collar, como parte de una unidad élite de la Policía olfateando las paredes de un apartamento recién allanado.

¿Cómo callar a dos costeños que hablan de béisbol?

El comentarista de béisbol Marquitos Pérez es un tipo feliz; además de comentar con singular gracia y donaire al lado de Mike Schmulson las grandes ligas por Telecaribe, hace poco recibió al aire la que ha sido una de las más grandes manifestaciones de amor puro en la historia de los canales regionales. Eso sí, tanto amor fue un golpe en la mandíbula, no solo para Pérez, sino para sus compañeros de set.

Un nieto suyo, que lleva su mismo nombre, decidió llamarlo en plena transmisión en vivo del juego entre los Yankees de Nueva York y los Marlins de Florida para felicitarlo por su cumpleaños.

“Eche, saca la llamada al aire”, dijo Schmulson, conmovido por semejante acto de ternura familiar para con su fiel escudero. Abrieron los micrófonos y enlazaron la llamada con el estudio. Todo estaba preparado para el bello reencuentro de familia, que haría escurrir un pequeño lagrimón en medio de jonrones y bates de aluminio hasta al menos sentimental.

El viejo Marquitos saludó a la descendencia de su descendencia con un majestuoso: “¿Y cómo va Marcos Pérez, el tercero?” Del otro lado del auricular vino la frase del nieto, contundente y conmovedora:

“Oye, ¿tú sabes lo que yo te quiero, viejo hijue...?”

Fueron 60 segundos de silencio total y de señas de tijeras con los dedos índice y corazón, para que cortaran ipso facto la comunicación con el cariñoso nieto de Marquitos. Fue el bache más grande de una transmisión regional en los últimos tiempos.

Con memoria de elefante

En la época clásica de la televisión colombiana, muchos de los actores fueron formidables autodidactas sin preparación formal, que habían encontrado su destino casi por milagro o pura casualidad. Algunos, incluso sin nivel académico, dieron muestra de ser excepcionales.

Fue el caso de Numa Pompilio Delgado, figura repetida en los melodramas y seriados de los años sesenta y setenta, en programas de altísima recordación como Caso juzgado, Piel de Zapa y Teleteatro de los jueves, y filmes que ya pertenecen a nuestra tradición como Mamagay, La muerte es un buen negocio y El muro del silencio.

Numa Pompilio era un actor de carácter con unas impecables caracterizaciones. Su pinta algo gótica daba para papeles de vampiro, homicida o desequilibrado. Entre sus compañeros era respetado por el juicio con el que aprendía sus parlamentos.

Una tarde de ensayo, sin embargo, sorprendería a sus compañeros y su director. Numa siempre llegaba con sus roles preparados de manera que no había lugar a modificaciones. Pero en aquella ocasión sí hubo necesidad de corregir algún detalle del libreto y, para el efecto, se le pidió a Numa que leyera algunos párrafos. El hombre se puso transparente, tembloroso, al borde del colapso y no tuvo más remedio que confesar que no sabía leer, y que preparaba sus papeles con ayuda de sus familiares, que le leían los libretos hasta que los memorizaba con exactitud pasmosa.

Más tacto tiene un quemado

Tatiana Ariza es seguramente una de las presentadoras que hizo mayor gala de ternura en un set. Tanto más que Xiomara Xibille, cultora de las manifestaciones edulcorantes en cámara. Esto, aunque parezca una virtud, se puede convertir perfectamente en un defecto capaz de ofender. El exceso de mimos será perjudicial para la salud hoy y siempre.

Para ese entonces (2002), la Ariza presentaba la sección de farándula del ‘Noticiero Caracol’, y su jefe inmediato era Yamid Amat. En ese tiempo, la cadena llevaba a cabo una loable campaña entre los colombianos para que colaboraran con una niña del Chocó a la que su madre le quemó las manos sumergiéndoselas en “colada Maizena” hirviendo, todo porque la pequeña se apropió de una moneda de 200 pesos de la mesa de noche.

El país entero se volcó hacia las urnas a dejar donaciones en dinero para las difíciles cirugías a las que se vería sometida la niña. También infinidad de regalos llegaron a las puertas del canal, como muestra de solidaridad para esta víctima de la violencia intrafamiliar.

En la emisión de las 7 de la mañana apareció un conmovido Yamid Amat al lado de la niña, cuyas dos manos, envueltas en kilómetros de gasa blanca, se asemejaban a un hisopo. La menor además aguantaba con poco éxito las lágrimas causadas por el dolor que padecía ante sus graves heridas. Yamid, muy feliz por el apoyo de los colombianos a tan encomiable propósito, le pidió a Tatiana Ariza que fuera hacia donde había una gran pila de regalos y trajera una de esas cajas.

Tatiana fue corriendo, dando saltitos de dos en dos –como si estuviera cantando ‘El puente de Avignon’–, agarró el regalo más grande, se devolvió trotando y bamboleándose como Heidi y puso el regalo frente a la niña. Acto seguido, la Ariza lanzó la única palabra que no podía ni debía decir:

“Ábrelo”.

“¡Pero no ve que no puede abrirlos si tiene las manos quemadas!”, gritó enardecido Yamid Amat. Fue el perfecto punto para ir a comerciales. Nadie más volvió a ver a la niña quemada ni a Tatiana en las emisiones de ese día.

‘Bestiario de la televisión colombiana’

El libro de la editorial Aguilar tiene 224 páginas cargadas de anécdotas que pintan de cuerpo entero nuestra industria televisiva. Se consigue en librerías por 32.000 pesos.

CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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