Lo que viene en el proceso de paz tras el secuestro del general Alzate

Lo que viene en el proceso de paz tras el secuestro del general Alzate

Decisión de las Farc de liberar al oficial y otras cuatro personas, es señal de paz sin precedentes.

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22 de noviembre 2014 , 06:49 p.m.

Más allá de que los críticos de los diálogos con las Farc menosprecien el hecho, la decisión de esta guerrilla de liberar al general Rubén Darío Alzate es una señal de paz sin precedentes en los dos años de negociación con el gobierno de Juan Manuel Santos.

Este sábado el mandatario informó, desde su cuenta en Twitter, que ya se tienen las coordenadas para la entrega del oficial de más alto rango secuestrado hasta ahora por las Farc y de las otras cuatro personas en su poder (tres militares y una civil), y que las operaciones para tal fin se darán en el transcurso de esta semana.

¿Qué reflexiones deja lo ocurrido?

Al poner en suspenso las conversaciones por el secuestro –ocurrido hace ocho días en el Chocó–, el mismo Santos despejó el camino para que las Farc dejaran la mesa sin pasar a la historia como las responsables de una ruptura del proceso de paz. Es claro que nunca han estado dispuestas a asumir el costo político del fracaso de una negociación. (Lea también: Cinco familias permanecen a la espera de liberaciones de secuestrados).

Las Farc le reclamaron al Presidente por romper el pacto inicial de que lo que ocurriera militarmente en Colombia no afectaría la continuidad de los diálogos, pero dicho esto, no dejaron la mesa de diálogos. Y eso es importante, porque cabe recordar que hace 12 años, en el Caguán, estaban más listas para irse que para quedarse cuando un frente guerrillero secuestró al senador Eduardo Géchem, en el Huila. (Lea también: Arauca y Chocó, teatros de liberaciones).

De hecho, la tendencia de esta guerrilla ha sido provocar situaciones que hagan levantar de la mesa a su contraparte. Pero nada indica que ese fuera el caso con el secuestro del general Alzate.

“Queda clara la vocación de permanecer en la mesa”, dice Humberto de la Calle al hablar sobre la actitud de las Farc, pero también del Gobierno, para superar la crisis que le creó al proceso de paz el secuestro del general y de las dos personas que lo acompañaban, el cabo Jorge Rodríguez y la abogada Gloria Urrego.

La reciprocidad del presidente Santos con la señal de paz de las Farc fue inmediata. “No importan los obstáculos, las tempestades, los enemigos; llegaremos al puerto de destino, que es una Colombia en paz”, dijo.

Retener al general Alzate por un tiempo largo era una opción para las Farc. Independientemente de las circunstancias en las que esto ocurrió, es el primer general retenido por el grupo guerrillero en 50 años de enfrentamiento con el Estado. (Lea también: Congreso pedirá explicaciones al general Rubén Darío Alzate).

Sin duda el papel de los países garantes, Noruega y Cuba, llamados a intervenir en el momento de alta tensión, fue fundamental para recomponer pronto la relación del Gobierno y las Farc, y además para lograr que se incluya en las liberaciones a los dos soldados secuestrados previamente en Arauca. Las partes lo destacaron y, a la vez, los dos países reconocieron la “actitud” del Gobierno y la guerrilla.

Es probable, también, que la expectativa de las Farc por el encuentro de jefes guerrilleros con comandantes militares para hablar de cómo serían un cese del fuego y la dejación de armas haya influido en la decisión de liberar rápido al general.

Ante los retrasos provocados por las nuevas circunstancias, este cara a cara apenas podría darse a mediados de diciembre. Por el lado de las Farc va a estar encabezando ‘Carlos Antonio Losada’, uno de los cuatro miembros del secretariado que están hoy en La Habana. Por el lado del Gobierno, como ya se sabe, por el general Javier Flórez.

Un reencuentro difícil

General Rubén Darío Alzate secuestrado hace una semana por las Farc.     Foto: AFP

Pero en una negociación nada sale gratis. Es previsible que las Farc no dejen pasar la oportunidad de cobrarle al Gobierno que haya condicionado el regreso de sus delegados a La Habana a la liberación del general Alzate.

Porque, como recuerda una persona cercana al proceso de paz, cuando estaban en la fase secreta de los diálogos murieron 16 jefes de frentes guerrilleros, y como la condición era que lo que pasara en Colombia no debía afectar a la mesa, se siguió negociando.

En este sentido, afirma esta fuente, es de esperar que “las Farc intensifiquen su campaña, a través de sus voceros y a través de terceros, para que el Gobierno acepte un cese bilateral del fuego” mientras transcurren las negociaciones.

Al margen de que la decisión del presidente Santos sea no ceder en este punto, la sola presión le pone una carga adicional a la mesa de conversaciones.

El Gobierno y las Farc, como lo reveló esta semana EL TIEMPO, vienen hablando desde hace tres meses de mecanismos para desescalar el conflicto en lo que afecta a los civiles. Tampoco es de extrañar, entonces, que en estas nuevas circunstancias la guerrilla quiera llevar esto también al plano militar.

Hasta ahora se han considerado mecanismos como la ubicación de restos de secuestrados por las Farc, el refuerzo de la Unidad para la Búsqueda de Desaparecidos, la desactivación de minas y la entrega de menores que están en las filas guerrilleras.

Pero de lo que se viene en el reencuentro de los negociadores del Gobierno con los de las Farc es indicativo lo que dijo esta semana el jefe de la delegación de la guerrilla, ‘Iván Márquez’, tras defender el proceso de paz: “No es admisible que quien declara la guerra sin cuartel, en medio de ella pretenda que no se le toquen a sus soldados y generales”. Una alusión a la decisión de negociar en medio de la guerra, un marco dentro del cual nadie puede garantizar que en el futuro no se desaten otras tormentas que puedan llegar hasta La Habana.

“Este no será un reencuentro cualquiera. Hay que hacer un reacondicionamiento, unos propósitos. Ojalá las Farc lo vean como un momento para impulsar el proceso y no le saquen ‘punta’ (ventaja) a lo ocurrido con el general, porque se congela todo y el gesto de liberarlo habrá sido en vano”, le dijo a EL TIEMPO otra de las personas cercanas al proceso.

Un buen síntoma

El tema de los tiempos sería uno de esos propósitos, sobre todo porque el Gobierno sabe que es urgente evitar el desgaste del proceso ante la opinión pública. Su anhelo es concluirlo en el 2015, como ha dicho el presidente Santos.

También el jefe guerrillero ‘Pablo Catatumbo’ aseguró esta semana –en entrevista con RCN Radio– que la “aspiración” de las Farc es que la paz se firme el año entrante.

Esta coincidencia en las declaraciones públicas es al menos un síntoma positivo y contribuyen a que el proceso de paz gane ante la opinión pública.

Pues como afirma en su libro Así empezó todo el periodista Enrique Santos –protagonista en el arranque de este proceso de paz y quien ha seguido sus avatares– que el Gobierno diga una cosa y luego la guerrilla lo desmienta, como ha ocurrido varias veces confunde al país.

Y bien dice: “No es fácil ambientar la paz cuando además de los hechos de violencia prima la pugnacidad verbal”.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO
En Twitter: @MarisolGmezG

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