Editorial: Niños y jóvenes, lejos del alcohol

Editorial: Niños y jóvenes, lejos del alcohol

21 de noviembre 2014 , 08:13 p.m.

Sesenta y tres de cada cien escolares de Colombia han consumido alcohol alguna vez en su vida, y si bien el dato es alarmante, más lo es el hecho de que la edad de 12 años, en promedio, es la de inicio en esta práctica, tanto entre niños como entre niñas.

Infortunadamente, el país parece anestesiado ante datos como estos, aun cuando las consecuencias son desastrosas. Vale la pena recordar, para empezar, que la ingesta temprana de dicha sustancia psicoactiva (que lo es, aunque muchos pretendan sacar al trago de esa categoría), afecta negativamente el desarrollo del cerebro.

Eso no solo causa daños estructurales en este órgano, sino que funcionalmente atenta contra los procesos de aprendizaje y de memoria de manera irreparable. Además, y está demostrado, el licor aumenta la probabilidad de que los adolescentes consuman otra clase de drogas y que de adultos sean alcohólicos o adictos.

Los perjuicios son tan claros que hace rato existe en Colombia una legislación que prohíbe claramente su venta, distribución y suministro a menores. Se destacan la Ley 1098 del 2006, que, de modo rimbombante, dice que “los niños serán protegidos contra el consumo de tabaco, sustancias psicoactivas, estupefacientes y alcohol”. También están la Ley 124 de 1994, con su “prohíbase el expendio de bebidas embriagantes a menores de edad”, y el Decreto 120 del 2010, que adopta medidas de protección específicas.

Lo paradójico es que, de acuerdo con el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Colombia (2011), el 70,8 por ciento de los escolares sostienen que para ellos resulta muy fácil comprar bebidas alcohólicas, con el agravante de que el 58 por ciento no considera que ello sea riesgoso.

El país no puede llamarse a engaños. Estos menores de edad lo compran y lo consumen a plena luz del día, y con el consentimiento de los adultos. El 76 por ciento asegura, según un estudio de la Corporación Nuevos Rumbos, que los supermercados, las tiendas y las licorerías se cuentan entre sus proveedores. Eso cuando no está disponible en sus propias casas.

La pelea se está perdiendo. Juegan en contra factores como el peso de las tradiciones, que le ponen un ropaje cultural a la desbordada proclividad social a consumir alcohol. Así mismo, quienes dicen que las cifras de ingesta entre adultos no son tan altas como en otros países olvidan que, de acuerdo con la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (Cicad), Colombia ocupa el vergonzoso segundo lugar en cuanto a consumo de licor entre jóvenes en América Latina, superado solamente por Uruguay.

Como están las cosas, la sociedad tiene que empezar a plantearse en serio la puesta en marcha de restricciones absolutas contra este flagelo y de fuertes campañas de educación, enmarcadas en políticas serias de prevención. Uno de esos esfuerzos es la iniciativa de RedPapaz ‘El Ángel Protector’, generada para crear conciencia sobre la ilegalidad y la inconveniencia de que los jóvenes ingieran trago, que cuenta con el respaldo del Bienestar Familiar y a la que se han sumado varios municipios. Con ella se ha logrado el compromiso de decenas de establecimientos de no expender licor a menores de edad.

Se trata de un laboratorio interesante, que la próxima semana mostrará sus alcances en un foro sobre el asunto en Bogotá. Autoridades y sociedad deberían amplificarlos.

editorial@eltiempo.com
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