Editorial: En el nombre del cuento

Editorial: En el nombre del cuento

21 de noviembre 2014 , 08:11 p.m.

Suele decirse que el respetado y exigente género del cuento, que llevó tanto a Poe como a Cortázar a algunas de sus más recordadas sentencias, ha estado perdiendo terreno en los planes de las editoriales hispanoamericanas. Se da por sentado que hoy publicar un libro de relatos cortos, en la tradición de Ficciones, El llano en llamas o La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada, es, por decir lo menos, una proeza. Nadie sabe qué vino primero, si el editor que se dijo a sí mismo “el lector prefiere la novela al cuento” o el lector que concluyó “para qué perder el tiempo en historias breves” o el escritor que resolvió dedicarse a las narraciones extensas en busca del triunfo literario, pero parece un hecho que las ficciones cortas llevan años perdiéndoseles del mapa a los públicos generales y se han resignado a ser objeto de estudio de los especialistas.


Con ese panorama en mente, la Biblioteca Nacional de Colombia lanzó en la pasada Feria del Libro un ambicioso concurso de cuento hispanoamericano al que le dio el nombre del premio Nobel Gabriel García Márquez.


Ayer, después de un riguroso proceso de selección en el que participó un puñado de eminentes escritores de la región, se dio a conocer el ganador entre cinco finalistas de gran calidad: el elegido del jurado, la compilación Una felicidad repulsiva, de Guillermo Martínez, fue muy bien recibido por los expertos, pero, como se dijo en los corrillos de la Biblioteca, lo cierto es que cualquiera de los otros cuatro participantes –también compilaciones– habría merecido el mismo reconocimiento: Las otras, de Carolina Bruck; Anoche dormí en la montaña, de Héctor Manjarrez; Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas, de Óscar Sipán, y Mis documentos, de Alejandro Zambra, son prueba de que no es que en esta Hispanoamérica fabuladora se haya abandonado el cuento, sino que se ha estado pensando menos en cómo entregárselo a sus lectores.


El concurso no solo ha servido para verificar la buena salud del cuento, y darle un nuevo aire, sino que ha sido un magnífico pretexto para homenajear a ese extraordinario cuentista que fue y que es García Márquez. Es justo decir, en suma, que se trata de un estupenda idea muy bien ejecutada.

 

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