Secretos y anécdotas de la categoría vallenata en los Grammy Latinos

Secretos y anécdotas de la categoría vallenata en los Grammy Latinos

En abril del 2006, apareció por primera vez la categoría de vallenato/cumbia.

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20 de noviembre 2014 , 12:39 a.m.

Una nueva categoría en los Grammy Latinos no tiene un “padre” sino muchos. Surge de las reuniones que se realizan a lo largo del año, con miras a la realización de los premios. El proceso no ha variado, es más bien estable. De hecho, el Grammy Latino, nacido en el 2000, tomó los parámetros ya probados por los premios Grammy ‘anglo’, que para entonces llevaban ya 40 ediciones de experiencia.

La historia de la creación de la categoría de vallenato/cumbia no fue muy diferente a la forma como se establecieron categorías posteriores. Los Grammy Latinos hacen dos comités de revisión de álbumes inscritos que actúan como filtros para impedir que discos que no cumplen los requisitos terminen como nominados y ganadores haciendo mella en el prestigio del premio.

Conozco de cerca esos comités, pues desde la creación de la categoría de vallenato/cumbia me invitaron al ‘comité tropical’ que hace el primer filtro, desde el 2006 (hay un segundo filtro antes de las nominaciones). Los detalles son confidenciales, pero se puede decir que tras días de revisar los álbumes que llegan, el grupo integrado por músicos, productores o periodistas especializados reconoce las tendencias en sus respectivos campos. Por ejemplo, empezó a notarse que cada vez hay más fusión con sonidos urbanos y que esa abundancia de álbumes de un género podría conformar una nueva categoría y se propuso. De ahí, surgió (tras años de discusión) la categoría de mejor álbum de fusión tropical que, tristemente, este año se volvió a fundir con la de álbum tropical contemporáneo por falta de inscritos, después de entregarse unas dos veces.

En abril del 2006, cuando apareció por primera vez el rubro de vallenato/cumbia, llamé a la Academia a preguntar cómo ocurrió tal milagro y en su momento la respuesta de Aida Scorza –jefe de premiación- fue: “Han llegado tantos discos de vallenato que no sabemos dónde ponerlos”. También habló de los comités, las reuniones, las evaluaciones.

En aquel momento, las luces se las llevó la anécdota de un compositor que había estado haciendo campañas y recolecciones de cartas a la Academia pidiendo la categoría vallenata. Sin embargo, el proceso de creación de la categoría estuvo muy aparte, como siempre lo dijeron las personas que representaban a la academia en Colombia y el propio Gabriel Abaroa, CEO de Laras (Academia Latina de la Grabación). La categoría de vallenato/cumbia nació bajo el mismo proceso de las otras, en los comités. Impulsada quizás por los colombianos que participaban, que son muchos.

No basta con que un comité la proponga. Cada año se hacen nuevas sugerencias que van pasando a otras instancias. Hay votaciones que pueden prosperar para ser revisadas por los comités siguientes. Y además, existe otro comité ya no de revisión, sino de premiación, en el que personas elegidas por las directivas de la organización analizan propuestas que han ido tomando fuerza en este proceso de “decantación”. Una vez fui testigo de esas discusiones finales en las que se tomaron decisiones. Fue cuando se decidió que las categorías más importantes como canción y grabación del año, así como nuevo artista y álbum del año tuvieran 10 nominados y no cinco.

Escribo esto para explicar lo siguiente: aunque aquí afuera hagamos un grupito que haga ruido sobre la propuesta de abrirle una categoría aparte, por ejemplo, a la ‘salsa choque’ y así inundemos las redes sociales con el tema, el proceso se hace dentro de los comités y la creación de una categoría implica estudiar su viabilidad, porque son en promedio 47 estatuillas al año y que surja una más implica que hubo muchas otras que quedaron en remojo un año más. Cuando indagué sobre la creación de la categoría vallenata en el interior del Grammy, me dijeron que hubo tres años de discusión sobre si el vallenato tenía la suficiente fuerza para perdurar (la clave es tener suficientes álbumes inscritos –más de 25- y suficientes votantes conocedores del género). También supe que se discutió mucho la idea de unir vallenato y cumbia y la conclusión era que no se podía desconocer el peso internacional de la cumbia.

Justamente la presencia de la cumbia fue la primera objeción que pusieron los vallenatos cuando se supo la noticia. La querían fuera, lo que tampoco sería justo pues su influencia ha sido tan fuerte que echó raíces en toda Latinoamérica.

Y hubo otras discusiones sobre si el vallenato que debía postularse en el Grammy Latino tenía que ser el tradicional o el moderno. No puedo más que recordarlo con cierta ternura, porque la posibilidad de inscribirse estaba abierta a todos los estilos y propuestas que pudieran identificarse como vallenato o como cumbia, así fueran más o menos modernos (a menos que la propuesta fuera tan contemporánea que le calzara mejor la categoría de álbum tropical contemporáneo, como pasa con las propuestas de Carlos Vives).

Y es que el comité tropical no lo integran solo conocedores de vallenato, sino personas de otros ritmos tropicales: las músicas cubanas, la salsa, los ritmos dominicanos y venezolanos y de otros países. Y si un álbum convence a todo el comité de que se identifica más con el vallenato o la cumbia (venga esta del país que venga) que con el ítem de tropical contemporáneo, se queda ahí, aunque los puristas se rasguen las vestiduras. Y no son decisiones arbitrarias, no se puede darle la espalda a la evolución de la música.

De la primera entrega del Grammy en Vallenato/Cumbia, en Nueva York, tengo vívidos recuerdos. El favorito era Jorge Celedón que había sacado su álbum de ‘Grandes éxitos en vivo’ y el premio fue para ‘Cien días de bohemia’, de Los Hermanos Zuleta que acababan de partir cobijas tras una pelea de cobertura nacional. Poncho y Emiliano no querían verse, se alojaron en hoteles distintos, el primero llegó con su entonces nuevo acordeonero ‘El Cocha’ Molina y el segundo llegó con su hijo ‘Coco’. El primero se distrajo en la parafernalia de la alfombra y no se percató que el pretelecast donde se repartían las estatuillas, entre estas la vallenata, se estaba llevando a cabo. Emiliano recogió el trofeo, no porque hubiera sido el más puntual, sino porque se perdió buscando la alfombra y cayó en el escenario del Madison Square Garden cuando entregaban los premios. Esto, porque los artistas entran primero a esta primera tanda de premios y cuando solo quedan los trofeos más importantes por entregar, se les guía hacia la alfombra para que puedan ser entrevistados por periodistas de todo el mundo en la antesala al show de televisión, pero eso entonces no lo sabían los primeros nominados vallenatos. Así que Poncho fue el gran desilusionado, cuando sentado ya ante el show de televisión, preguntaba a los demás colombianos: “¿O sea que ya no voy a poder subir allí a recibir el trofeo?”

Los Grammy Latinos le dieron suficiente realce ese año al debut del vallenato en sus premios. Además de la entrega de la estatuilla, se hizo el primer reconocimiento en los Premios a la Excelencia Musical a Rafael Escalona, que acudió como el ícono del folclor que era y recibió su gramófono un día antes de la ceremonia, en una velada entonces más íntima en el Rockefeller Center.

Y, por otro lado, Jorge Celedón fue el encargado de abrir el show del after Grammy, al que suelen acudir la mayoría de artistas nominados y ganadores apenas se cierra la ceremonia. Celedón invitó a cantar con él a Poncho Zuleta y también subió a la tarima al maestro Escalona, presentándoles a los artistas en ese escenario lo que podía ser el ambiente de una parranda vallenata. Y el ejemplo más cercano de la curiosidad y expectativa que se creó en torno a esa categoría me lo dio Gustavo Cerati al día siguiente. Cerati se había llevado un par de estatuillas en la velada, tropecé con él en un hotel, después de haberle hecho una entrevista a ‘Poncho Grammy’ como se hizo llamar el ganador del premio esa mañana. Y lo primero que me preguntó fue por la categoría de vallenato. Dijo que se alegraba por los colombianos y estuvo un rato preguntándome sobre el género, decía que lo iba a oír más, que quería saber... Y estoy segura de que no fue el único artista que volteó a mirar esta música con otros ojos a raíz de los Grammy Latinos. Abrió puertas, dio visibilidad.

Desde entonces, la estatuilla la han recibido Jorge Celedón y Jimmy Zambrano, Peter Manjarrés y Sergio Luis Rodríguez (que han ganado dos veces), Diomedes Díaz, Juan Carlos Coronel, Juan Piña y Felipe Peláez. De todos estos premios quedan un montón de anécdotas. Por ejemplo, una charla con Peter Manjarrés en la que se declaró “adicto al Grammy Latino”, porque “nunca había sentido tanto respeto hacia él” como en el ambiente que se respira en el entorno de los premios. La sorpresa que fue el trofeo de Juan Piña, cuando se esperaba que Silvestre se llevara el premio. El sonrojo que me dio al saber que Jorge Oñate, fiel a su estilo, recibió un día el Premio a la Excelencia Musical (2010) y al día siguiente protestó airadamente por no haberse ganado el trofeo de vallenato/cumbia. También recuerdo a Felipe Peláez, el año pasado, cuando al recibir su premio resaltó el papel del acordeonero en el vallenato, en un momento en el que la polémica era la pérdida de protagonismo de estos músicos en relación con los cantantes.

Y el más reciente chisme: Este año, a alguien se le ocurrió divulgar que los Grammy Latinos pensaban suprimir la categoría vallenata porque los artistas del género se la pasaban como perros y gatos, o algo así. Y llegó a oídos de muchos que se preocuparon, incluso lo comenté con Gabriel Abaroa, presidente de la Academia, que más bien se quedó perplejo en una actitud como la que tomamos cuando vemos absurdos, nos encogemos de hombros y decimos: ¿Ve como es la gente?

Porque este premio, el más prestigioso en la música latina, no se pone con juicios policivos sobre la actuación de los artistas en su ambiente. Tiene claras sus normas: elige unos votantes de la industria musical que cumplen unos requisitos para, a su vez poder votar, para que escojan los que a su juicio son los mejores álbumes grabados en el año.

Y las categorías sobreviven, como dije, cuando tienen suficientes inscritos (cosa que es responsabilidad de artistas y disqueras) y votantes. Es todo. Si se critican, se insultan o se pelean, incluso si están inconformes con nominados o ganadores, no tiene que ver con la supresión de las categorías. La única penalidad que se aplica es para los artistas que intenten manipular el proceso para ganar y es la descalificación de su canción o álbum. Y la academia sabe detectarlos.

Esta tarde habrá nuevo ganador, el noveno en ostentar la estatuilla. Está entre Diomedes Díaz, Jorge Celedón, Alejandro Palacio, Dubán y Jimmy y Juan Piña. A la luz de los resultados anteriores, cualquiera puede ganar. Como dijo Jorge Celedón: “Que gane el mejor”.

Liliana Martínez Polo
Cultura y entretenimiento

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