Un colombiano, con la mira puesta en Mercurio

Un colombiano, con la mira puesta en Mercurio

El astrofísico Julián Rodríguez es parte de dos ambiciosas misiones de la Agencia Espacial Europea.

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18 de noviembre 2014 , 06:11 p.m.

Como la gran mayoría de los niños nacidos en la década de los 80, Julián Rodríguez Ferreira creció viendo televisión educativa, en especial la serie ‘Cosmos: un viaje personal’, de Carl Sagan, que fue marcando su camino.

Es ingeniero electrónico egresado de la Universidad Industrial de Santander y ahora investigador posdoctoral en el grupo de Cosmología del Centro de Física de Partículas de Marsella (Francia) y miembro del consorcio Nisp/Euclid, de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Se ganó tres becas, cursó dos maestrías en Francia, es doctor en Astronomía y Astrofísica del Instituto de Astrofísica Espacial (IAS) y la Universidad de Paris-Sud; becado por el Centro Nacional de la Investigación Científica de Francia (CNRS) y la Agencia Espacial Francesa (CNES: Centro Nacional de Estudios Espaciales).

No es empleado directo de la ESA, pero trabaja como científico de soporte de esta para dos misiones: ‘BepiColombo’, con su laboratorio del Instituto de Astrofísica Espacial (IAS), en Orsay, y ‘Euclid’, con el Centro de Física de Partículas de Marsella.

En el 2016, la primera irá rumbo a Mercurio y llegará en el 2024. Será la primera misión de esa agencia en colaboración con la japonesa (JAXA), que estudiará el planeta más cercano del Sol. La segunda viajará en el 2020 y tendrá la misión de cartografiar la geometría del universo oscuro.

Rodríguez Ferreira habló con EL TIEMPO sobre las misiones.

Es mucho el tiempo que se emplea para una misión espacial...

En astronomía las misiones se piensan hacia futuro, y el futuro son casi 50 años. Rosetta, por ejemplo, fue lanzada hace diez años, pero duraron casi diez años construyendo los instrumentos y el satélite, y otros diez proponiendo la misión.

¿Cuál es el papel de BepiColombo en Mercurio?

Es una misión compuesta por dos satélites que se lanzarán al mismo tiempo desde la Guyana Francesa a bordo de un cohete Ariane 5, y una vez lleguen a Mercurio, se separarán. Uno, el Mercury PlanetaryOrbiter (MPO) estará en una órbita polar baja, a 400 kilómetros de altura. El otro, Mercury MagnetosphericOrbiter (MMO), estará en una órbita elíptica variando su distancia al planeta de 400 a 12.000 kilómetros, para estudiar el campo magnético y la magnetosfera del planeta. Pese a que es tan pequeño (un poco más grande que la Luna), Mercurio tiene un campo magnético generado internamente y no debería existir.

¿Por qué estudiar a Mercurio?

Los resultados de misiones como Mariner 10 y Messenger (ambas de la NASA) nos permiten pensar que su núcleo está compuesto de hierro y es bastante grande. Su campo magnético, respecto del de la Tierra, es apenas del uno por ciento. Además, es muy difícil de observar desde la Tierra, porque está muy cerca al Sol. Desde aquí solo se puede observar minutos antes de salir el Sol o minutos después de que se oculte; por eso debemos enviar misiones espaciales. Mercurio es muy caliente y muy frío al mismo tiempo. El satélite que se envíe tiene que resistir un cambio brusco de 700 grados centígrados y, sobre todo, asegurar que los instrumentos se encuentren estables alrededor de 20 grados centígrados, su temperatura de funcionamiento.

BepiColombo

Vista artística de BepiColombo de la ESA a Mercurio. Foto: Agencia Espacial Europea (ESA).

MPO llevará 11 instrumentos que estudiarán la superficie y el interior del planeta, incluido SIMBIO-SYS, en el que usted trabaja…

‘Simbio-Sys’ es un complejo sistema compuesto de tres instrumentos: el HRIC, una cámara que tomará imágenes de alta resolución en el visible de hasta cinco metros por pixel, o sea que si un carro se desplazara sobre la superficie del planeta podríamos detectarlo. El STC, una cámara estereoscópica que tomará también imágenes en el visible, pero vistas con dos ángulos de inclinación diferentes y nos permitirán reconstruir un modelo 3D de la superficie del planeta, y el espectrógrafo VIHI. Gracias a este instrumento tendremos imágenes de alta resolución con las cuales podremos ver en detalle la superficie del planeta e identificar de qué está compuesta cada una de las rocas que allí se observan.

¿Cómo va el instrumento?

El modelo que viajará a Mercurio ya está construido y ahora estamos en la etapa final antes del lanzamiento en julio del 2016. Está siendo sometido a pruebas, entre ellas de calibración; es una etapa crítica y muy importante que realizamos en tierra antes de lanzar cualquier satélite al espacio. Es la primera vez que ‘encendemos’ los instrumentos científicos y los operamos bajo condiciones de observación real, obteniendo así las primeras imágenes y datos científicos.

Ustedes están simulando observaciones. ¿Cómo es eso?

Junto con mi equipo en el Instituto de Astrofísica Espacial construimos en el laboratorio un sistema único en Francia, que nos permite simular las condiciones extremas a las cuales va a estar sometido el satélite una vez esté en órbita alrededor de Mercurio. Principalmente, el vacío del espacio, las temperaturas de operación y el flujo proveniente del planeta (lo que permite crear las imágenes).

Sala Blanca

El sistema de calibración del instrumento SIMBIO-SYS/MPO-BepiColombo de la ESA se encuentra al centro de la imagen. Foto: Instituto de Astrofísica Espacial (IAS).

¿Y cuál es el reto con Euclid?

Es un telescopio espacial que será lanzado desde la Guyana Francesa por un cohete Soyuz. Euclid será puesto en órbita de un sitio conocido como punto de Lagrange L2 a una distancia de 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.

Y a diferencia de BepiColombo, ¿qué misión tiene?

En seis años de observaciones, Euclid observará de cerca un tercio del universo en dirección opuesta al centro de nuestra galaxia; se espera obtener imágenes de unos 10 millardos de galaxias, que ocuparán la cantidad colosal de 10 petabytes (memoria del complejo sistema de cómputo de la misión). Se trata de la preparación de una de las misiones espaciales que, sin duda, cambiaran nuestra manera de ver y entender el universo.

Es algo así como adentrarse más allá del universo…

El gran problema de observar objetos tan lejanos es que la luz que nos llega de ellos es extremadamente tenue, pues en el larguísimo recorrido que se puede hacer, pierde casi toda su intensidad. Detectar estas galaxias tan lejanas requiere entonces de los detectores de la más alta sensibilidad y precisión que jamás se haya construido.

ELIANA RENTERÍA LOZANO

Para EL TIEMPO

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