Silva y Villalba dijeron 'adiós, Colombia'

Silva y Villalba dijeron 'adiós, Colombia'

En el teatro Colsubsidio, en Bogotá, el dueto se despidió al cabo de 47 años en los escenarios.

notitle
14 de noviembre 2014 , 09:59 p.m.

 A Silva le gustaba cantar rancheras; a Villalba, música llanera.

Así recuerda Rodrigo Silva la noche en que se conoció con su compañero de dueto: “Era 1967, estábamos en la heladería El Dorado, en El Espinal (Tolima). Álvaro estaba con sus amigos y yo con los míos, y alguien propuso que uniéramos las mesas”. Toda la noche cantaron y bebieron hasta la saciedad.

Álvaro Villalba recuerda que en ese momento el periodista Luis H. Rivas Rojas les dijo: “A ustedes hay que presentarlos en el concurso La Orquídea de Plata Phillips, en Bogotá”.

En aquella época Álvaro tenía un dueto que se llamaba Guzmán y Villalba, y Rodrigo otro que se denominaba Silva y Falcini. Pero decidieron acabar con los grupos y dedicarse a su nuevo dueto que haría historia. Un año más tarde se presentaron a La Orquídea de Plata, el máximo evento nacional de la canción. “Pero no nos dejaron ganar porque había una rosca muy grande”, acota Villalba.

En 1969 el dueto grabó Viejo Tolima, su primer disco. Seis canciones de Jorge Villamil, entre ellas Oropel, una de José A. Morales y otras tres del propio Silva.

Garzón y Collazos también habían interpretado Oropel, pero en las voces de Silva y Villalba fue un éxito nacional. “Yo nunca creí en Oropel, pero ya ve lo que es hoy esta canción”, dice Villalba.

En el emocionado homenaje que se les rindió el sábado en el teatro Colsubsidio, en Bogotá, 47 años después, un auditorio enamorado de su música cantó en coro: “Amigo, cuánto tienes, cuánto vales;/ principio de la actual filosofía;/ amigo, no arriesgues la partida,/ tomemos este trago, brindemos por la vida,/ brindemos por la vida pues todo es Oropel”, algo que en sus inicios no estaba ni en el mejor de sus sueños.

Los acompañó la Orquesta de Cuerdas Serenata Colombiana, agrupación juvenil que dirige María José Villamil.

“El maestro Villamil fue el primero en apoyarnos. Además de dejarnos grabar sus temas, nos presentó el dueño de los estudios Ingesón-Tech. H. Sánchez y ahí nació todo”, recuerda Rodrigo Silva.

En 1969 hacer publicidad de un disco que solo conocían Villamil, Silva, y Villalba era difícil, pero estos se ingeniaron una estrategia. “Estuvimos en cuanto concurso había, y lo más increíble de todo es que nos llegaban telegramas de todo el país, y cuando Viejo Tolima salió a la venta recibimos Disco de Oro y Platino”, cuenta Villalba. Vendieron más de cien mil copias.

Bambuco con bajo

Para entonces, Garzón y Collazos, los grandes representantes de este mismo género musical, llevaban 31 años de carrera. “Tuvimos una relación maravillosa con ellos, tanto así que hicimos varios discos y muchas presentaciones a su lado”, anota Villalba.

Pero Silva y Villalba quisieron imprimir a su música un estilo que no fuera similar al de los maestros. “Cambiamos el sonido de la guitarra y el tiple. Quisimos que ya no fuera ‘tinguis tiringuis tinguis’, sino que le agregamos otros sonidos, manifiesta Silva.

“Y buscamos hacer show, pues antes los duetos no hablaban con el público y estaban todo el tiempo de pie. Nosotros teníamos la ventaja de que Rodrigo era bastante carismático y hacía reír a la gente con sus chistes, cosa que yo nunca tuve porque siempre fui muy parco”, dice Álvaro Villalba, mientras su esposa Cecilia le arregla el nudo de la corbata.
Silva agrega: “Y no se te olvide que nosotros le pusimos el bajo, ningún dueto lo tenía en ese momento”.

La idea era darle profundidad al sonido que ellos estaban creando. Aquel bajista era Carlos Peñuela, con quien grabaron Pescador, lucero y río, Tolima Grande, Al Sur, Soñar contigo, Llano Grande, El caracolí, Adiós morena, Oropel, El canalete y Viejo Tolima, entre decenas de canciones que ellos cantan aún emocionados: “Cómo añoro y recuerdo al viejo Tolima,/ cómo con mi morena podía vivir/ hasta que en una tarde de crudo invierno/ tuve que con mi negra salir de allí”.
Letras que en sus voces cobrarían importancia con el tiempo. Quizás la más famosa, El Barcino, de Jorge Villamil, empezó a tener tanta popularidad, que cada vez que llegaban a alguna ciudad, las personas antes de saludarlos soltaban el mugido del torito mmmmm. Y ellos respondían “ole, ole”.

Tiempo después aparecería una de las canciones más queridas, el bambuco Soy colombiano, de Rafael Godoy.

“La cantamos por primera vez en Nueva York; había por lo menos 10.000 colombianos aplaudiendo y tomando aguardientico –narra Villalba–. Cuando llegamos a Colombia fue impresionante ver como en cada escenario gritaban ‘soy colombiano, soy colombiano’, y brindaban con aguardiente. ‘A mí deme un aguardiente,/ un aguardiente de caña/ de las cañas de mis valles/ del anís de mis montañas…’ ”.

Entre más de quinientas canciones y cuarenta “hijos”, como les dice el maestro Silva a sus discos, para el dueto es difícil pensar en alguna más importante que la otra. Los colombianos, en sus 47 años de carrera, no olvidan las estrofas de Las acacias, de Espumas, Campesina santandereana, Pueblito viejo, Reclamo a Dios, Yo también tuve veinte años, Cenizas al viento, entre tantas otras.

Lloran los guaduales

Pero la vida de uno de los duetos más exitosos de la música andina colombiana no fue siempre de alegría.
Al cabo de veinte años de estar en los escenarios, una noche de copas casi le cambia el rumbo. “Al terminar un concierto nos fuimos de fiesta, como tantas veces. Nos encantaba el aguardiente, y por esas cosas del trago terminé peleando con Villalba; pega duro”, cuenta el maestro Rodrigo.

Aquel altercado hizo que se separaran durante seis meses. En ese lapso se presentaban con otros acompañantes, pero nunca se sintieron cómodos con ellos.

“Eso no fue nada. Yo me puse a pensar, y en últimas fueron unas vacaciones”, celebra Villalba.

Silva lo abraza y dice, “yo tuve ocho matrimonios y de Villalba solo me separé una vez”.

Dicen que hasta el obispo de Ibagué intervino para que volvieran. “Como si fuéramos un par de novios”, agrega Rodrigo.
De aquella pelea le quedó a Villalba una alegría inmensa, pues mientras andaba en busca de un abogado para enfrentar a Rodrigo Silva, conoció a Cecilia, la mujer que pocos meses después se convertiría en su segunda esposa, y con la que tuvo dos hijos.

“Cuando mi mamá se dio cuenta de que salía con Álvaro, me pegó; ella era de esas mujeres bravas y sobreprotectoras”, cuenta ella. Pese a todo, logró llevarla hasta el altar, y luego de ello regresó con Silva.

Vendrían años más duros. En 1999, a Rodrigo Silva le diagnosticaron cáncer de boca. “Me hicieron una cirugía que duró 23 horas y después me hicieron seis refacciones más –relata con humor–. Aunque me sirvió bastante porque quedé con un acento francés”, dice, acerca de su dificultad de pronunciación con las “erres”.

Por esos días denunció que el Instituto del Seguro Social no lo quería atender porque, presuntamente, Sayco lo había sacado de la lista de afiliados. A causa de ese episodio de salud tuvo que vender su fábrica de confecciones. Artistas amigos dieron conciertos para recaudar fondos, hasta que en el 2004 fue atendido de nuevo por el Seguro.
Más tarde, Rodrigo se enteró de que Villalba, el guitarrista, sufrió una isquemia cerebral transitoria que le hizo perder la coordinación en sus dedos y volver sus pasos cada vez más lentos.

Hoy permanece poco tiempo de pie y habla mucho menos que su colega. “Ya me estoy recuperando, ya no punteo pero todavía toco la guitarra”, dice.

‘Olvidar para poder vivir’

Como dice Llamarada, el vals de Jorge Villamil que Silva y Villalba convirtió en un éxito de la época, este dueto necesita olvidar para poder vivir, pues luego de casi cinco décadas en los escenarios, y con setenta años cada uno, se retiran con un sinsabor.

“Si alguien nos quiere rendir un homenaje de verdad, nos deberían entregar una pensión, pues luego de tanto tiempo de labores no la tenemos”, se queja Silva.

Villalba ataca: “Muchos políticos nos han dicho que van a intentar por algún lado, pero nadie cumple", dice Álvaro.
Rodrigo refuerza: “Quieren perdonar a tantos que nos han hecho daño y a nosotros, que sí le dejamos algo a la cultura, nos abandona el Estado”.

‘Me llevarás en ti’

El concierto de despedida de los escenarios fue tremendo. Comenzó “al sur, al sur, al sur/ del cerro del Pacandé/ esta la tierra bonita/ la tierra del Huila / que me vio nacer”, que los asistentes cantaron de pie.

Silva, con el humor que lo caracteriza, invitó: “Tienen que cantar todos, porque bien cara que está la boleta”. El público empezó a pedir canciones a gritos, “¡maestro, Viejo Tolima!”, otro exigió ¡Pueblito viejo!.

La noche fue majestuosa, nostálgica y, por qué no, alegre. Cuando se escuchó El Barcino, el estruendoso aplauso hizo que Villalba, tan parco como es, se pusiera de pie y dijera: “Gracias, gracias, esto es lo que queríamos”. En adelante, no dijo nada más, solo cantó.

Más adelante, Silva le dijo a la gente: “Cenizas al viento hoy se nos olvidó. Ustedes tendrán que interpretarlo”.
Todos cantaron y lloraron: “Yo me voy hasta el monte mañana / yo me voy a cortar leña verde/ para hacer una hoguera y en ella/ y en ella echar a quemar tu cariño”.

Villalba se puso de pie por única vez en la noche. Silva le quitó la nostalgia al momento, cuando dijo:
“Nosotros nos retiramos y ustedes nos dedican cenizas al viento”.

El concierto duró en total una hora y media. Cuando parecía que todo había terminado y el público gritaba “¡otra, otra, otra!”, Rodrigo Silva dijo:

“Les voy a contar un secreto: ya nosotros qué. Siempre un artista antes de terminar el concierto le dice a la gente hasta luego, y es para que le digan otra, otra, otra. Si el público no lo hace, preocúpese, hermano”.

Tenían listo El Barcino para cantarlo de nuevo y cerrar el espectáculo.

Cuando todo acabó, como si fueran un par de estrellas de rock, dejaron que el público cantara, con algo de tristeza, en un coro que no era precisamente celestial: “A mí deme un aguardiente/ un aguardiente de caña/ de las cañas de mis valles/ del anís de mis montañas…”.

En ese momento, que todos sabíamos que era histórico, los maestros miraron al público.

Álvaro Villalba nos dio la bendición.

Rodrigo Silva solo atinó a decir: “Gracias”.

Se quedó en silencio algunos segundos y agregó:

“Adiós Colombia”.

Y se retiraron. Sus seguidores siguieron cantando sus letras, incluso hasta cuando la estampa de los dos ya no se veía en el escenario.

ANDRÉS F. VANEGAS CARMONA
Periodista CITYTV

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.