Merkel y Cameron, con desacuerdos explosivos para la UE

Merkel y Cameron, con desacuerdos explosivos para la UE

Berlín no acepta que Londres juegue con los logros de la construcción europea.

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14 de noviembre 2014 , 08:22 a.m.

Berlín no acepta que para contentar a los eurófobos el premier británico David Cameron juegue con los logros de la construcción europea. El conservador Cameron prometió a sus electores, para intentar contener la subida de los euroescépticos del UKIP, que negociaría con sus socios europeos cambios sustanciales en el funcionamiento de la Unión Europea (UE) antes de 2017. Ese año los ciudadanos británicos decidirían en referéndum si quieren seguir en esa hipotética UE reformada o salirse del club.

La última idea de Cameron es limitar la llegada de trabajadores inmigrantes nacionales de otros países de la UE, una medida contraria a los tratados europeos y que pondría en duda una de las principales libertades europeas.

La apuesta de Cameron es arriesgada. Por ahora, además de no contener al UKIP, lo poco que ha conseguido es enfadar a sus socios europeos. Según una información que publicó el semanario alemán "Der Spiegel", Cameron tuvo un duro encontronazo con la alemana Angela Merkel en la última cumbre europea, celebrada en Bruselas.

Merkel habría dejado claro a Cameron que limitar la llegada de ciudadanos europeos a trabajar al Reino Unido sería ilegal y que ella no podría aceptarlo nunca. Además, le habría dicho que "está llevando al Reino Unido a un punto de no retorno" y que no movería ni un dedo para ayudar al británico a "reformar" la UE para que pudiera presentar algún cambio sustancial a sus votantes.

El Gobierno alemán, según las fuentes de "Der Spiegel" en el gabinete de Merkel y en la diplomacia germana, ya se plantea el escenario de la salida británica del bloque europeo en 2017.

Cameron prometió, por la presión de los euroescépticos del UKIP pero también del ala euroescéptica y mayoritaria de su partido, que aprobará medidas para limitar la llegada de inmigrantes europeos.

A finales del año pasado hubo polémica porque acabaron las restricciones a la llegada de trabajadores búlgaros y rumanos. La prensa sensacionalista británica y los euroescépticos advirtieron de una invasión de delincuentes de esos dos países que nunca se produjo. Las cámaras de televisión llegaron a apostarse en los aeropuertos el 1 de enero para grabar la esperada "invasión", que nunca sucedió.

Cameron prometió presentar sus medidas antes de esta próxima Navidad, pero el encontronazo con Merkel podría hacerle cambiar de planes. Según el "The Sunday Times", su última idea sería endurecer las normas "hasta su límite" para expulsar a los inmigrantes de los países de la UE que no tengan medios para sostenerse económicamente a los tres meses de su llegada.

Algunos países, como Bélgica, hacen algo similar. Los europeos pueden trasladarse a trabajar a cualquier país del bloque pero deben demostrar que no son una carga excesiva para los servicios sociales, sanitarios, etc. Mientras no lo sean, aunque no trabajen, no pueden ser expulsados.

El líder de los euroescépticos, el eurodiputado xenófobo Nigel Farage, reaccionó en horas a la información de "Der Spiegel". En su cuenta de Twitter dijo que esta línea roja que impone Berlín a Londres hace imposible cualquier negociación para el premier Cameron.

A lo más que parece dispuesta Merkel sería a reforzar las normas para detectar abusos, el supuesto "turismo de las ayudas sociales" que denuncian muchos partidos derechistas en Europa. El problema es que, según la Comisión Europea, es un mito sin sustento y en realidad los inmigrantes contribuyen con sus impuestos mucho más de lo que se benefician de ayudas públicas y generan muy poco gasto sanitario.

Ken Clarke, exministro del partido de David Cameron, dijo a la BBC: "los europeos que vienen lo hacen por el trabajo. Son trabajadores que no tenemos y están ayudando a nuestra economía. Hay menos abuso en ayudas sociales entre los europeos del Este que entre la población nativa británica".

Cientos de miles de polacos se mudaron al Reino Unido desde la entrada de su país en la UE en 2004, pero también cientos de miles de británicos, la mayoría jubilados, viven en España.

IDAFE MARTÍN PÉREZ

PARA EL TIEMPO

BRUSELAS

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