Mi mayor logro fue encontrar la felicidad en la música

Mi mayor logro fue encontrar la felicidad en la música

A Sandra Santa, de Amagá, le basta con hacer vibrar a otros interpretando el clarinete.

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14 de noviembre 2014 , 01:46 a.m.

Elkin Santa, mi papá, había visionado mi futuro. Para él siempre fue importante que yo fuera una mujer más interesada por el estudio y por la música que por lo que la sociedad espera de una niña de pueblo.

Antes que muñecas o vajillitas de plástico, me dio una cartilla de español y una organeta que todavía conservo, y eso ha marcado el rumbo de mi vida.

Tal vez esperaba tanto de mí, porque no había tenido oportunidad de acceder a una universidad y quería brindarme lo que no tuvo. Él era fotógrafo de Amagá, en el suroeste antioqueño. Retrataba matrimonios, primeras comuniones y la obra de un artista plástico del municipio. Tenía un laboratorio en la casa y se esmeraba en crear montajes y efectos. Tengo decenas de fotografías que me tomó durante los primeros cuatro años de mi vida. Prácticamente fue el reportero de mi historia personal hasta el día en que lo mataron.

Fue el 24 de abril de 1997, y estábamos de vacaciones en Apartadó, en el Urabá. De un momento a otro, a la casa donde nos hospedábamos fueron llegando un montón de encapuchados en moto que se lo llevaron y lo dejaron muerto en una zona desolada. Mi madre y yo quedamos muy afectadas. Nunca entendimos por qué y el caso quedó en la impunidad.

Yo sufrí por eso casi toda mi infancia y me refugié en el arte. Me interesaba mucho escribir poemas, dibujar y a los seis años expuse mis esculturas de plastilina en la casa de la cultura del municipio.

A interpretar el clarinete llegué por la banda del pueblo, aunque mi experiencia con la música ha sido un poco traumática, porque muchos no creen en lo que hago. Cuando decidí que quería dedicar mi vida a esto, no tuve a alguien que me dijera: vamos, tú puedes, esto es lo tuyo. Mi lucha ha sido en solitario.

Ser mujer música en un pueblo no es fácil. Destacarnos nos cuesta más, muchos creen que no podemos o que tenemos capacidades inferiores o que nuestro lugar está en la casa con un marido, pero decidí no darle trascendencia a eso y a los 14 años empecé a estar más comprometida con el clarinete, me lo planteé como modo de vida y estudié muchísimo, hasta que a los 15 años fue admitida en el programa de música de la Universidad de Antioquia, del que hoy curso séptimo semestre.

Uno entra con muchas expectativas, pero a medida que va estudiando ve que no es fácil. Para mantenerse hay que ser muy disciplinado. Aunque llegué con pocas herramientas de formación musical, me puse muy pilosa a estudiar para alcanzar el nivel de los demás.

Hoy, mi problema con la música es que toda, absolutamente toda, me mueve muchísimo. Lloro hasta viendo los concursos de música colombiana por televisión, porque para mí la música trasciende más allá de una canción o compositor. Yo la aprecio en la medida en que exprese algo, y que ese algo sea profundo y muy humano.

Algo que tengo que decir es que yo no tenía expectativas de ganar en Mujeres Jóvenes Talento. Cuando uno conoce a las otras chicas se da cuenta de lo grandiosas que son, del impacto que crean en sus comunidades, porque así solo las conozcan en sus pueblos, están transformando el mundo.

Yo, en cambio, no tenía una lista de reconocimientos sociales para mostrarle a los jurados. Mi mayor logro fue haber podido encontrar mi vocación y ser una persona muy feliz por desempeñar lo que hago. A medida de que voy estudiando me doy cuenta de que sé muy poco de todo y entonces me surge esa pasión por el conocimiento que me mantiene viva. Eso fue lo que mostré en el concurso.

De todas formas, haber ganado sirvió para mostrarle a las mujeres de mi municipio que a pesar de nuestras problemáticas, podemos destacarnos. Estamos acostumbradas a nuestros roles en la cocina y en el hogar, pero ya es hora de que hombres y mujeres compartamos roles, sin que nosotras tengamos que renunciar a nuestra identidad femenina. Con esto tal vez entendamos que lo que hacemos importa, que sin nosotras esta sociedad se derrumba.

MARIANA ESCOBAR ROLDÁN
REDACCIÓN EL TIEMPO
marrol@eltiempo.com

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