'México se encuentra a un paso de un estallido social'

'México se encuentra a un paso de un estallido social'

El activista Javier Sicilia habló sobre desaparición de 43 estudiantes y el 'infierno' de su país.

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13 de noviembre 2014 , 08:51 p.m.

México se encuentra a un paso de un estallido social ante hechos como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, que destaparon la gravedad de la crisis de violencia, corrupción, impunidad e ineficacia del Estado.

Así lo considera el activista social Javier Sicilia, quien, después del asesinato de su hijo, en el 2011, comenzó a movilizarse pacíficamente para exigir justicia ante los homicidios y desapariciones de miles de personas a lo largo y ancho del país.

EL TIEMPO conversó con el también poeta y colaborador del semanario Proceso –quien se declaró opuesto del modelo de lucha frontal contra el narcotráfico liderado por el expresidente Felipe Calderón desde el 2006– sobre su visión de lo que está ocurriendo en México.

¿Cómo leer desde afuera lo que está pasando en México?

Ustedes (Colombia) han tenido una historia por desgracia tan parecida a la nuestra, nos antecedieron en este horror, eso se debe a la corrupción de un Estado, sus instituciones y sus partidos, que decidieron entrar –por omisión o por comisión– en el crimen organizado, y las consecuencias son esto: una larga sucesión de masacres, de crímenes y de horrores que no pueden controlar.

Ayotzinapa es la punta del iceberg de algo que quisieron borrar diciendo que ya no había nada y emergió de ese iceberg. Debajo hay un bloque de horror, de muerte. Llevamos 160.000 asesinados, 30.000 desaparecidos, quizá más. En este momento siguen desapareciendo y asesinando gente y esa es la realidad del país, una gran corrupción del Estado.
El Estado está para darles paz y seguridad a sus ciudadanos; y si no da eso, simplemente no hay Estado o es un Estado de delincuentes.

¿Este nivel de colusión entre los grupos del crimen organizado y las autoridades está siendo la causante de esta circunstancia?

¡Absolutamente! Tenemos un 98 por ciento de impunidad. La impunidad alienta el crimen, lo protege, lo resguarda. Entonces es de ese nivel el problema: hay un crimen de Estado, porque el Estado está cooperando con el crimen. Al fin nadie los atrapa, ni los corrige, nadie los detiene.

Esto quiere decir que si alguien asesina, hay dos posibilidades entre cien de que lo agarren: no lo van a agarrar nunca, y eso alienta el crimen y lo protege.

Por eso es un crimen de Estado, pero además porque aquí hubo policías metidos en el asesinato y quizás tenemos que saber cuántos de los desaparecidos han sido víctimas del crimen organizado y cuántos del Ejército, de la Marina, de las policías. Que digan que no hay Estado y, entonces, nos las arreglamos con el crimen.

Las descripciones de los detenidos en el caso que ha dado a conocer la Procuraduría se destacan por su crudeza. ¿De qué habla eso?

De una circunstancia impactante respecto a la condición del ser humano. Estamos frente al mal y frente a eso no hay palabras, son los hechos. Estamos frente a una degradación moral inaudita, porque ya lo vimos en Auschwitz, ya lo vimos con las juntas militares y ahora lo vemos en México. Es verdaderamente atroz. Eso de borrar el paso de un ser humano por la Tierra es bárbaro e inhumano, pero sucede con la anuencia del Estado.

Esos 43 estudiantes desaparecidos son la punta del iceberg porque hay muchos que están así, por eso no han dado con nadie. Además, no los buscan, porque ahorita las fosas que han abierto de paso en la “búsqueda” de los 43... pues esos restos son de alguien y pertenecen a alguna familia, y exigimos saber la identidad de esos cuerpos.

Pareciera que México está plagado de fosas clandestinas...

Yo creo que sí. Cuando empiecen realmente a tomar en serio la responsabilidad frente a esta tragedia humanitaria y empiecen a escarbar este país, nos vamos a dar cuenta del horror. No sé cómo vamos a recomponernos en nuestro corazón, pero es una realidad que se repite en todo el país, y lo quieren negar.

Cuando nos dijeron que estos dos años estaban buscando a desaparecidos en el gobierno de Peña Nieto, no estaban buscando a nadie. Dieron con esas fosas porque estaban buscando a los 43 muchachos, pero si no, simplemente a los padres de esas víctimas les hubieran dado largas: “No los encontramos, los hicieron polvo”. ¡Todas las pendejadas que están diciendo! La crueldad con la que están manejando el asunto es digna de los mismos que desintegran cuerpos. ¡No es posible!

La respuesta de la sociedad civil en México ha sido contundente para manifestar su cansancio. ¿Qué hay de esos eventos de vandalismo?

Los grupos radicales que están haciendo eso son patrocinados por el propio gobierno para deslegitimar la protesta y para justificar una represión. No hay que perder de vista que esos grupos no pertenecen a la sociedad civil organizada, y son un puñado que el Gobierno no detiene. Alentando el crimen, los protegen o alientan. Ahí hay una responsabilidad del Estado, no de la sociedad civil.

Hacia allá tenemos que llevar la protesta ciudadana, tenemos que crear un gobierno ciudadano de salvación nacional, porque esto va a seguir y si no lo detenemos, si no transformamos en profundidad el Estado, vamos a esperar una próxima masacre que será peor, porque esto ya es el infierno.

¿Ve que pueda suceder algo más crítico que lo que ya se está viviendo?

Si no se corrige el Estado, por supuesto que sí. Puede ser otra masacre, en otro lugar. Ellos se están queriendo focalizar y decir que es un asunto aislado, pero no es un asunto aislado. Desde hace 20 años, con el levantamiento zapatista en Chiapas –que ya anunciaba este horror–, hasta Ayotzinapa ahora hay un sinfín de masacres: la de Acteal, la de Aguas Blancas, la de los migrantes en San Fernando, la de mi hijo, la de la guardería ABC y las que no se identifican porque no tienen esta magnitud, y no han permeado los medios.

Entonces Peña Nieto en estos dos años ha administrado este horror. Sigue habiendo desaparecidos que nadie toma en cuenta; asesinados, extorsionados, hasta que pasa esta tragedia.

¿Usted percibe alguna respuesta más radical de parte de la sociedad civil mexicana?

Es muy compleja la sociedad, sobre todo en México, porque es un territorio muy grande: tenemos 120 millones de mexicanos. También están los procesos violentos. No me refiero a estos que están ocurriendo en las marchas, pienso en la guerrilla, pienso en otras organizaciones, pienso en las autodefensas.

Hay también esos grupos que ya están reaccionando de una forma defensiva, armada, bien organizada. Puede venir un estallido social, yo creo que ya estamos cerca del estallido social. Yo creo que la respuesta de la sociedad civil, no violenta, tiene que encontrar un camino para que la protesta se vuelva una propuesta cuyos costos puedan ser menos graves que lo que pueda ser un estallido social.

¿Qué opina de la información divulgada sobre la lujosa residencia de la familia presidencial?

Refleja una forma de indiferencia y desprecio hacia todo lo que le está pasando a México. Es la muestra de la corrupción que habita el Estado. El Estado está podrido, las elecciones están podridas, lo que nos corresponde ahorita es lanzar un gran pliego petitorio mientras se construye la posibilidad de un comité de salvación nacional.
Yo creo que la ciudadanía tiene todavía un arma de resistencia civil, que es darles la espalda a las urnas: están manchadas de sangre, están llenas de cadáveres y de fosas comunes.

El tema es que el PRI no es un partido, el PRI es una cultura política de la corrupción que permeó todo. Todos los partidos tienen la cultura del PRI y van a responder con esa cultura de la corrupción, del desprecio a la gente, de los intereses económicos y políticos de poder.

¿Qué decir de un país donde los jóvenes son el instrumento para desaparecer a otros jóvenes?

Es también una gran responsabilidad del Estado y de la sociedad. Tenemos que cuidar a nuestros jóvenes. Es una abdicación porque los sicarios son jóvenes, pero también la mayor parte de los 160.000 asesinados son jóvenes; la mayor parte de los desaparecidos son jóvenes, y los muchachos que han optado por uno u otro bando, o que están en las universidades, pueden caer también asesinados.

Pero salen de las escuelas y no hay trabajo, y el poco trabajo que hay está mal pago. Entonces, estamos perdiendo a nuestros jóvenes; y si perdemos a nuestra generación de relevo –como lo estamos haciendo por una irresponsabilidad criminal del Estado y de una buena parte de la sociedad criminal–, el país no va a tener futuro.

Es gravísimo lo que le está sucediendo a México. Yo creo que la comunidad internacional tiene que apoyar a los ciudadanos y a la reserva moral de este país, y la tiene que apoyar con sanciones muy profundas al Estado mexicano si quieren ayudarnos a sanarlo, porque si nos abandonan, pues también van a ser corresponsables de esas muertes, de esas masacres y de esa pérdida de este país con sus jóvenes.

¿Confía en las investigaciones que está haciendo el Procurador?

Yo prefiero estar en los deseos de los padres que en las certezas del Procurador. No le tengo confianza, yo respeto al Procurador porque me cae muy bien, pero es un hombre de partido y se ha puesto a decir una sarta de idioteces que no son las del hombre que conozco, son las del hombre del partido que lo vuelve estúpido. No es posible que a más de un mes no se sepa nada o se tengan solo indicios. Están administrando el horror o verdaderamente son ineficientes. Un Estado que tarda mes y medio para dar con cenizas es un Estado ineficiente.

Salen caravanas para pedir justicia

Chilpancingo (Efe). Un grupo de familiares y de compañeros de los 43 jóvenes desaparecidos en México inició este jueves en el estado de Guerrero (sur) una serie de caravanas que, en tres diferentes rutas, recorrerán varias ciudades del país para realizar actos públicos de denuncia.

La primera caravana, integrada por tres autobuses, salió de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, donde estudiaban los jóvenes, y recorrerá distintos lugares de Guerrero, como las turísticas ciudades de Zihuatanejo y Acapulco. Poco después salieron del mismo punto otros tres autobuses, que recorrerán Durango, Zacatecas, Jalisco y Michoacán y cuyo destino final será el norteño estado de Chihuahua.

Se espera que una tercera caravana salga hacia el estado de Oaxaca, en el sur, que incluye escalas en Morelos y Tlaxcala.

Todas las caravanas convergerán en la capital el próximo 20 de noviembre.

ALEJANDRA NOGUEZ
Ciudad de México
Para EL TIEMPO

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