Gracias a su madre, Andrés Dilan le cambió el compás a la guerra

Gracias a su madre, Andrés Dilan le cambió el compás a la guerra

Fue reclutado a los 13 años por las Farc. Ahora se dedica a la composición de sus canciones.

notitle
13 de noviembre 2014 , 05:59 p.m.

“Ven y dame un abrazo mamá/aprovechemos el tiempo/dame un abrazo mamá que no quiero ver más tus lágrimas”.

Cuando Miriam Urrego, de 46 años, escucha este estribillo se emociona y cuenta con orgullo que la voz que canta es la de Andrés Dilan Corredor, el segundo de sus siete hijos, que dejó las filas de las Farc en el 2007, tras dos años de permanencia en esta guerrilla.
Ahora Andrés Dilan es también compositor de música popular, ya grabó cuatro temas y sueña con un disco.

A comienzos de 2005, cuando tenía 13 años, era común que la guerrilla de las Farc pasara por su casa en Güérima (Vichada), pueblo que está a tres horas de Puerto Carreño. Cursaba su bachillerato en un internado cercano cuando, un día, integrantes del Frente 39 de ese grupo armado, perteneciente al Bloque oriental, dijeron que necesitaban combatientes por un mes.

“Manifestaron que iban a enseñarnos sobre su causa y que si queríamos podíamos portar armas. Entonces un amigo y yo nos fuimos. Ese mismo día me arrepentí porque fueron horas de caminatas, pensaba en mi mamá y me preguntaba: ¿Qué estoy haciendo aquí?”, recuerda Andrés.

Al explicar por qué si se fue por curiosidad, terminó dos años en las Farc, Andrés Dilan afirma que constantemente le decían que ellos eran su única familia y que sus padres no los querían. “Ellos le insistían a uno que a nuestra edad ya éramos conscientes de lo que estábamos haciendo. ¡Yo solo era un niño! ¿Cómo iba a saber en lo que me metía? No tenía elección”.

Al enterarse de su reclutamiento sus papas, quienes trabajaban en un cultivo de café, tuvieron que irse de Güérima para impedir que sus otros seis hijos fueran reclutados. “Yo lloraba mucho, pensaba en todas las cosas malas que le podían pasar”, cuenta Miriam Urrego. Sin Andrés, la familia se fue a vivir a Vergara (Cundinamarca).

A comienzos de 2007, el dolor de dejar a su hijo y los rumores de familiares que lo habían visto motivó a Miriam a volver a buscarlo a Güérima con la esperanza de devolverse con él. “Lo traigo o lo traigo”, le dijo a su esposo Osiel Corredor, de 52 años, antes de abordar el avión que la llevó de Villavicencio hasta el pueblo.

Solo hasta octubre de ese mismo año tuvo noticias de Andrés Dilan. “Una hermana mía lo vio en el pueblo, me avisó y fui de inmediato”, dice Miriam. Se encontraron y ese fue el primero de varios cortos encuentros, de no más de diez minutos, en los que madre e hijo conversaban mientras ella siempre le insistía que volviera a casa.
“En ese momento me di cuenta de que definitivamente estar en la guerrilla no era para mí”, recuerda Andrés.

Pero solo fue hasta noviembre de 2007 que este joven pudo salir de las Farc cuando le dieron unos días de descanso; se reunió con su mamá y juntos planearon su huida. Sin embargo, él no estaba bien, padecía leishmaniasis, se encontraba débil, por lo que su preocupada madre vendió todos los gramos que tenía de pasta de coca -moneda de cambio en la zona- y compró el tiquete de avión que llevaría a Andrés a Villavicencio.

“Lo mandé en el primer vuelo y ocho días después me fui yo. Todo pasó sin que la guerrilla se enterara”, recuerda Miriam.

En Villavicencio, Andrés recibió tratamiento para la leishmaniasis, de la que conserva una leve cicatriz en su rostro. Por ser un desmovilizado menor de edad, fue enviado seis meses a un hogar del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) y luego pudo retomar sus estudios en un colegio de Bogotá.

Andrés Dilan se graduó como bachiller en el 2010, hoy tiene 22 años y hace parte de los 30.000 excombatientes que están en proceso de reintegración a la sociedad que dirige la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR).

La música que trajo los cambios

Aunque Andrés canta desde los 15 años, solo hasta el 2011 decidió grabar de manera profesional sus primeros temas. Le escribió al cantante de música popular Jimmy Gutiérrez, al que admiraba, y este lo contactó con el productor Luis Antonio Burgos, a él le debe lo que sabe del canto, puesto que le enseñó a ‘educar’ su voz. Juntos trabajaron en los primeros bocetos de sus canciones.

“Lo primero que hicimos fue mejorar su técnica vocal y arreglar sus composiciones. La ventaja es que tiene un tono perfecto para el género popular”, asegura Burgos, quien también ayudó a grabar los videos para los temas: ‘La suegra’, ‘Adoro’ y ‘Soy consciente’. Él también participó en los cinco conciertos que ha dado Andrés en municipios de Cundinamarca.

De ellos, el que más recuerda fue en el que compartió tarima con el cantante Leo Dan. “No lo podía creer, él es un artista muy importante. En ese momento me di cuenta de que me gusta animar al público, hacer música, que la gente escuche mi voz y me aplauda por lo que hago”, sostiene.

A la par con su carrera musical, Andrés continúa la última parte de su proceso de reintegración. Sandra Gómez, su sicóloga, asegura que “los menores reclutados llegan con dudas y miedos que se van despejando porque van descubriendo que existen oportunidades para comenzar de nuevo dentro de la legalidad”.

“Andrés, por sí solo, ha logrado muchas cosas. Con sus propios medios buscó sus trabajos, es proactivo y no espera lo que el programa le dé”, agrega Gómez.
Desde este año Andrés Dilan reparte su tiempo entre sus estudios nocturnos en el Sena y su trabajo como asesor comercial en un almacén de Bogotá. Ya tiene un hijo, Sebastián, que nació de una relación que comenzó cuando era ayudante de bodega.

“Me pongo a ver quién era seis años atrás y créame que nadie esperaba nada bueno de mí. Por eso creo que lo mejor es tener el valor de dar el primer paso e irse del grupo armado, no echarse para atrás, porque uno solo sale adelante con educación y con el amor de la gente”, dice Andrés.

Y agrega que “al principio es duro para cualquiera, pero hay que tomar el riesgo de vivir en la ciudad. Ahora me doy cuenta de que hago grandes cosas para mi vida”.

Su mamá dice sentirse la más orgullosa cuando escucha los trabajos de su hijo y espera que pronto pueda comenzar una carrera profesional. “Para mí, él es un caballero y un ejemplo para quienes volvieron del monte, ojalá ellos vean que sí hay otra vida”, concluye Miriam.

David Arango

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.