Editorial: Cataluña y su consulta

Editorial: Cataluña y su consulta

11 de noviembre 2014 , 07:20 p.m.

La votación de la consulta independentista del pasado domingo en Cataluña, convocada por el gobierno de esa región autónoma española, refleja una clara intención de los promotores de crear hechos jurídicos y políticos que podrían poner a España, a Cataluña y a la misma Unión Europea frente a una situación de consecuencias imprevisibles.

Los casi dos millones de votos favorables a que Cataluña sea ‘Estado’, y ‘Estado independiente’, en respuesta a las dos preguntas de la votación simbólica (80,7 por ciento de los sufragios), sin lugar a dudas son una muestra del malestar de un importante sector que no se siente bien representado por Madrid. Lo que en principio fue un pedido de mayor autonomía fiscal, dado el alto porcentaje de PIB que aporta la región, ya va en una aspiración de referendo secesionista al estilo escocés.

A esto se sumó que el Tribunal Constitucional tumbó en el 2010 parte del ansiado Estatuto de Autonomía, refrendado por el parlamento nacional en el 2006, en el que Cataluña alcanzaba el estatus de ‘nación’. Esta es una herida que no sana y que influye en los acontecimientos recientes.

Ante este panorama, hay que mirar con lupa los sufragios. Por una parte, hubo una abstención de más del 60 por ciento. Y, por otra, por el hecho de que la iniciativa no estuvo avalada por el Tribunal Constitucional, no tuvo censo o padrón previo de votantes, lo que le resta legitimidad técnica, mas no impacto político si se lo quiere ver como un mandato ciudadano.

El argumento del gobierno de Madrid es simple, pero contundente: los catalanes, solos, no pueden determinar un asunto que les compete a todos los españoles, el de la integridad territorial del país.

Ya en un plano más global, una eventual secesión supondría un quebradero de cabeza para la UE, cuyo espíritu no está preparado para una situación que podría alentar más nacionalismos. Una España fuerte y unida en su diversidad es más apoyo para Cataluña que el limbo al que se sometería de quedar solitaria. Por eso, la sensatez habla de volver al diálogo y la negociación y alejarse de los tribunales. ¿Acaso una España federal, como propone el PSOE? Está en juego un proyecto político continental. Madrid y Barcelona deberían tenerlo claro.

EDITORIAL

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