Diagnosticando a Obama

Diagnosticando a Obama

El presidente ha logrado algo que parecía imposible: que demócratas y republicanos estén de acuerdo.

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08 de noviembre 2014 , 08:38 p.m.

En Estados Unidos los consensos políticos están en peligro de extinción. No hay acuerdos sobre casi nada. Excepto una cosa: la culpa es de Barack Obama. El Presidente es percibido como el responsable del desempleo, de salarios que no suben, de la mayor desigualdad económica, o de que los Vladimir Putin y Bashar al Asad del mundo estén envalentonados, ya que han descubierto que pueden hacer casi lo que sea sin que EE. UU. les dé una lección que les enseñe a ellos y al resto del mundo que con una superpotencia no se juega. La lista de culpas que se le achacan es larga y diversa. Obama hasta ha logrado algo que parecía imposible: que demócratas y republicanos estén de acuerdo en que él es responsable de los resultados de la reciente elección. Los republicanos obtuvieron una victoria que no se veía desde 1931. Algunos líderes del Partido Democrático y muchos de los candidatos derrotados han dicho públicamente que la Casa Blanca tiene mucha culpa de la paliza electoral que recibieron. Los republicanos no pueden estar más de acuerdo.

¿Qué le pasó a Obama? ¿Cómo puede ser que un líder que llegó a la presidencia provocando tantas esperanzas y con tanto apoyo, dentro y fuera de su país, hoy sea percibido tan negativamente? Según encuestas hechas a la salida de los centros electorales, 60 % de quienes votaron albergan sentimientos negativos hacia su gobierno. Las razones que se dan para explicar por qué Obama no ha tenido el desempeño que se esperaba de él son tan variadas como las críticas a su gestión. Las explicaciones de sus fallas y limitaciones más comúnmente ofrecidas se pueden agrupar en 4 categorías.

Inexperiencia: “Su meteórica carrera no le dio tiempo para prepararse para la presidencia. Pasó de joven líder comunitario en los barrios pobres de Chicago a la política local y de allí, rápidamente, al Senado para solo tres años después ser candidato a la presidencia y llegar a la Casa Blanca. “Sus críticos lo acusan de ser mal político, de no saber cómo crear alianzas y lograr los necesarios compromisos con sus opositores. Y de ser mal gerente, y manejar la presidencia de una manera perniciosamente centralizada.

Personalidad: “Obama es un intelectual, un introvertido, tiene una personalidad distante que le hace difícil conectarse eficazmente con sus colaboradores, con los políticos de su partido u otros líderes internacionales con los que debe trabajar –y mucho menos con sus opositores, a quienes desdeña–.” Una versión extrema de esta crítica es que sufre de problemas psicológicos que lo desmotivan y minan su efectividad.

Ideología: el Presidente es un ideólogo empeñado en imponerle al país una agenda socialistoide que choca con las preferencias de la mayoría de la población. Obama es estatista, aislacionista y dispendioso. Prefiere al sector público y sus políticas tienden a agrandar el tamaño del Estado.

Sus ambiciones internacionales son tímidas, reticentes. Siente que su país solo debe intervenir en conflictos internacionales directa y obviamente relacionados con EE. UU. Además, dicen, “el gasto público se ha disparado bajo su presidencia”.

Antiamericano: “Obama realmente nació en Kenia, es secretamente musulmán y su ascenso a la Casa Blanca forma parte de una exitosa conspiración de los enemigos de EE. UU. para dañar al país desde lo más alto”. Esta variante de las críticas puede parecer extravagante, exagerada y hasta delirante. Sin embargo, es sorprendente cómo aún sigue fuertemente arraigada en los círculos más extremos de la oposición a Obama. Desde esta perspectiva, los presuntos errores, defectos, omisiones o limitaciones de su gestión son deliberados.

Yo no comparto ninguna de estas críticas. Si bien es obvio que el presidente Obama y su equipo han podido cometer errores, sostengo que muchas de las críticas honestas (las que no obedecen a intereses partidistas, económicos ideológicos o a reacciones irracionales) se basan en suposiciones que exageran el poder que tiene el Presidente de los EE. UU. hoy en día, quienquiera que sea. Creo que hay sobradas evidencias de que hoy el Presidente de Estados Unidos y su gobierno tienen más restricciones que nunca antes para moldear la realidad. También creo que algo parecido les pasa a todos los demás gobiernos del mundo. El problema no es Obama.

Moisés Naím

@moisesnaim

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