¿Café recalentado?

¿Café recalentado?

Hay que fortalecer aquello que ha funcionado en la gestión de Fedecafé, no acabarlo.

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08 de noviembre 2014 , 08:38 p.m.

El debate planteado por algunos miembros de la Misión Cafetera sobre el futuro de ese sector arrancó con una mentira. El país está convencido de que existe un informe de la Misión, creada por el presidente Juan Manuel Santos en el 2012, cuando lo que hay es una propuesta de quien la lidera, el economista Juan José Echavarría.

A pesar de lo preliminar del informe y de que no se han pronunciado todos los miembros de la Misión –algunos en privado han expresado desacuerdos–, Echavarría filtró sus propuestas. Unas van en la dirección correcta, al criticar ineficiencias de las instituciones cafeteras. En esto debe haber total receptividad de las directivas de la Federación Nacional de Cafeteros y de los comités de cafeteros.

Pero, ojo. Hablé largo con el senador Jorge Enrique Robledo, crítico agudo de la Federación, quien analizó a fondo el texto de Echavarría y concluyó que esas propuestas “buscan golpear el único producto agrícola exitoso del país”. Conversé también con otros conocedores, que dicen que el documento pone el dedo en algunas llagas, pero critican su extremismo neoliberal. Alguno me dijo que era un “café recalentado” de las propuestas que han hecho los exportadores privados contra Fedecafé.

La idea central de Echavarría apunta a sacar a la Federación de su papel comercializador, pues plantea que allí actúa como juez y parte. Eso suena bien para la libre competencia, pero no deja de ser un discurso meramente teórico: sin ese papel de Fedecafé se acaba la garantía de compra de la cosecha que ha permitido que los pequeños y medianos cafeteros subsistan y ha impedido que queden a merced de intermediarios que los arrodillarían con precios bajos.

Fedecafé tiene más de 500 puntos de compra en todo el territorio. Los agricultores de otros sectores suelen quejarse de que sus productos no llegan fácilmente al mercado. Eso no pasa en el sector cafetero, pero pasaría si la Federación deja de comercializar. Sería algo muy colombiano: acabar con lo que funciona.

Otro éxito de la Federación fue el programa de renovación de cultivos, que permitió, en el 2013 y el 2014, un crecimiento de 7,7 millones de sacos en el 2012 a los 12,2 millones de este año. Echavarría no lo tiene en cuenta: sus cifras van hasta el 2012. Y una vez más: sin Federación ¿habría habido programa de renovación? ¿Quién lo habría financiado? ¿Las multinacionales?

Dice Echavarría que Fedecafé llegó tarde a los cafés de origen, aquellos que obtienen un alto sobreprecio por su calidad. Y es verdad: llegó tarde. Pero llegó y hoy cerca del 30 por ciento del café que Colombia exporta tiene precios que reconocen esa calidad. Y se la reconocen al productor, no a los intermediarios, al menos cuando Fedecafé comercializa. Sin la entidad, esos cafeteros –sobre todo los pequeños– quedarían sometidos a intermediarios y multinacionales, produciendo pasilla a unos cuantos centavos de dólar la libra, con lo cual morirían de hambre. Robledo acusa: “Estas propuestas solo favorecen a las transnacionales”.

Soy amigo de la libre competencia y del libre mercado, pero la realidad muestra que, incluso los países más neoliberales, tratan al agro con el debido reconocimiento de sus particularidades y de que necesita una mano de las instituciones. Entre muchas ineficiencias, discutibles manejos y excesos burocráticos que duraron décadas, Fedecafé ha sido capaz de dar esa mano y de evitar que a los caficultores les vaya tan mal como a los demás agricultores. Urge hacer los ajustes pertinentes, pero también mantener y fortalecer aquello que ha funcionado, no acabarlo. Y el presidente Santos ¿qué opina?

* * * *

Sin tardanza. La Fiscalía no debe tardar más en calificar como crimen de lesa humanidad el asesinato de Álvaro Gómez, que va camino de la prescripción. Sería muy grave que haya más demoras.

Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com

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