'Zar' de las esmeraldas cuenta cómo sobrevivió a atentado

'Zar' de las esmeraldas cuenta cómo sobrevivió a atentado

Los dos socios de las minas más ricas de Boyacá dicen que solo el Estado puede frenar la violencia.

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08 de noviembre 2014 , 07:02 p.m.

En un búnker blindado en el norte de Bogotá, dos de las principales cabezas del negocio de las esmeraldas por primera vez aparecen ante la opinión pública colombiana. Hernando Sánchez, el mismo hombre que se salvó hace dos años de un cinematográfico atentado en el norte de Bogotá, y Edwin Molina, nieto de Gilberto Molina (asesinado junto con 16 de sus hombres en 1989), aseguran que no le están jugando a una nueva ‘guerra verde’ y niegan estar relacionados con los ataques que ha tenido la familia Rincón, la del polémico Pedro ‘Orejas’. Dicen que representan la minería legal de esmeralda y llaman al Estado para que haga presencia real en el occidente de Boyacá.

¿Quiénes son ustedes en el mundo de las esmeraldas?

E. M.: El negocio de las esmeraldas en Colombia se asemeja mucho a la realidad minera del país, donde desafortunadamente hay gran cantidad de títulos informales. En el país hay alrededor de 350, 380, títulos para la exploración y explotación de material esmeraldífero. Hemos contado con la suerte de tener producciones, pero esa suerte viene de la mano de unas inversiones que hemos hecho, y del conocimiento, porque nosotros llevamos en el negocio de la minería alrededor de 40 años. Nosotros hemos hecho varios desarrollos mineros que han fracasado. En el caso de la familia Molina, de los Sánchez, de los Carranza, todo lo que nosotros hemos hecho juntos siempre ha sido de manera formal. Nunca hemos llegado a apropiarnos de títulos o aprovecharnos del campesino que tiene su título minero. Esa ha sido la forma como hemos hecho minería, nadie puede decir que hemos entrado o hemos puesto de por medio violencia para hacernos a títulos mineros.

¿Por qué tanta violencia asociada a las esmeraldas?

H. S.: Hay muchos que tienen títulos mineros o son vecinos de los que sí trabajamos y que quieren que les demos participación de las empresas de nosotros. Esa es la causa de la mayoría de los problemas. En eso no estamos de acuerdo y ahí es donde empieza la violencia. Porque no tenemos en cuenta lo que quieren ciertas familias que se dedicaron a la violencia y no a trabajar.

E. M.: No podemos negar que hay episodios de violencia, pero no una guerra. En este momento estamos mirando de qué forma podemos llevar más presencia del Estado al occidente de Boyacá, para que esta situación y otras no se repitan. Estamos trabajando para que se monte una estación de carabineros, que sería algo muy útil por el mensaje que daría a muchas personas para cambiar. Cuando usted no ve la Policía, cuando en un municipio hay solo 3 o 4 agentes, pues es muy difícil, más cuando culturalmente algunas personas han estado acostumbradas a no tener límites, a no tener autoridad. Hay que cambiar, y eso de la única forma que se puede hacer es con la presencia del Estado. Lo que nosotros buscamos es que el Estado, desde ya, sea el responsable de la seguridad y de la paz de la región, no unas familias. Hay que confiar en las autoridades y seguir haciendo lo que estamos haciendo bien, que es atraer inversión extranjera.

¿Creen que hay un estigma sobre el negocio de las esmeraldas?

E. M.: Definitivamente. Hemos hecho estudios reputacionales con firmas multinacionales para, de una u otra forma, buscar una solución a largo y mediano plazo. No es mentira que uno va a un banco a tratar de abrir una cuenta de ahorros y que cuando dice que pertenece al gremio de la esmeralda no lo aceptan. En estos días a mi hermana, que tiene ciudadanía americana, en una universidad de renombre le dijeron que por el objeto empresarial de su familia no era aceptada. En ningún momento fue por sus calidades, sino por el negocio de su padre... Entonces, yo sí creo que hay un estigma, porque muchas veces las personas lo que no entienden lo tienden a apartar. Por ejemplo, si uno va y pide un crédito para un apartamento, 500 millones de pesos, y saca su crédito a 15 años y de pronto la mina tiene una buena producción, pues tiene acceso inmediato a esos 500 millones de pesos en cuestión de tres meses. Lo que hace alguien del gremio de las esmeraldas es coger su plata e ir a pagar su apartamento; entonces, el banco dice: un momento, de dónde salió ese dinero. Estas empresas encuestadoras nos decían: hay que empezar a concientizar al gremio de que esos comportamientos están mal vistos. Es un proceso largo. Por eso empezamos a buscar la inversión extrajera, porque si para abrir una cuenta de ahorros es difícil, imagínense para obtener un crédito para un proyecto de minería de esmeraldas.

¿Por qué la esmeralda aporta tan poco en regalías a Boyacá y al país? ¿Quién controla cuanto se produce realmente?

E. M.: El 98 por ciento de los clientes de las esmeraldas son extranjeros. Y en el mundo de las piedras preciosas, por el tema de los ‘diamantes de sangre’, en el negocio cada vez se exige más la certificación del origen legal. Ellos no las reciben y se las llevan en un bolsillo; ellos dicen: yo necesito que me las exporten a Suiza, a New York. Son envíos sellados, con todos sus pagos de regalías. Lo que pasa es que, vuelve y juega, hay una gran parte que es informal. El problema es que somos muy poquitos los que estamos aportando formalmente.

Hace un año, tras el atentado en su contra, Pedro Rincón señaló hacia ustedes. ¿Cuál es el mensaje para la familia Rincón?

H. S.: El señor Rincón se retractó públicamente de esas afirmaciones. El mensaje es que trabajen y dejen trabajar. Yo creo que el día que ellos se dediquen a trabajar, sus empresas, que pueden ser más ricas que cualquiera, no tendrían envidia de las que trabajamos bien. Hay que traer paz, trabajo a la región. Pero ellos apenas se dedican a hacer la vida imposible a los que estamos dando trabajo y progreso.

¿Pero ustedes están dispuestos a hacer una refrendación del acuerdo de paz en la zona esmeraldera?

E. M.: Es que esa es una función del Estado. Uno a veces se siente halagado cuando le dicen: es que la paz se logró gracias a usted, pero en realidad la paz depende es del Estado. Es un tema del cual nosotros no podemos seguir apersonándonos, ya lo hemos hecho por mucho tiempo. Es hora de que, si hay un acto de violencia, sea la Fiscalía la que cite a los responsables. No personas citando a personas a responder por delitos. Eso lo debe hacer el Estado. Claro que nosotros estamos de acuerdo en todos los diálogos por la paz, pero sabemos que hay gente que no quiere paz. Creemos que es hora de mostrar resultados. Es vergonzoso que se habla de reuniones de paz, una tras otra, y no hay ninguna conclusión y siguen matando personas.

‘Sobreviví a 17 operaciones’

El 11 de octubre del 2012, las cámaras de seguridad de un reconocido sector comercial del norte de Bogotá registraron el momento en el que un sicario ataca al esmeraldero Hernando Sánchez y le hace once disparos a quemarropa.

Sánchez habla por primera vez tras el atentado y cuenta cómo sobrevivió a dos meses en estado de coma y 17 operaciones.

¿En qué va su proceso?

La investigación va muy adelantada gracias a la Fiscalía y a las autoridades. Todos saben en la región, en el occidente, de dónde viene mi atentado; ellos se emborrachan y lo dicen, eso es vox pópuli. Yo creo que tarde o temprano se tiene que aclarar eso.

¿Y si usted sabe quién lo intentó matar, no ha intentado vengarse?

No, yo siempre he dejado eso en manos de la justicia divina y la justicia colombiana.

¿Qué recuerda de ese día y por qué cree que se salvó?

Sobreviví, primero gracias Dios y la Virgen, eso sí. Y además gracias a mi constitución; yo siempre he hecho mucho ejercicio, y eso me ayudó.

Duré dos meses en coma, me hicieron 17 operaciones; es que fueron 11 tiros.

Recuerdo que vi al sicario en la parte de atrás cuando empezó a disparar; todos los disparos me entraron por la espalda. Yo me fui cayendo, y los disparos me tumbaron al piso y saqué mi arma y disparé al bulto porque ni le vi la cara al sicario; vi que cruzaba una sombra y al bulto le hice dos tiros, esa fue mi reacción.

¿Cómo cambió su vida ese atentado?

Para nosotros ha sido muy difícil el tema de la seguridad. Mis hijos han sufrido demasiado, toda la familia teme por que nos puedan secuestrar, no podemos salir a la calle. La vida nos cambió bastante, no podemos salir ni a comer porque nos toca cuidarnos, entonces nada es igual. Uno escucha que consiguen asesinos de Medellín y Cali, que buscan a militares retirados. Hemos puesto las denuncias, eso ya está en la Fiscalía, porque nos están matando; hay una lista de 15 o 20 personas, y no solo matan a los líderes sino que pretenden acabar con sus familias, y todo por no apoyarlos a ellos y a sus cosas ilegales, por no estar de acuerdo con que lleven a los paramilitares a la región.

¿Están satisfechos con los avances en las investigaciones?

Nos preocupa la impunidad; sabemos que en Boyacá se maneja la justicia de otra manera. Precisamente, nosotros hemos pedido que varios procesos los trasladen a Bogotá para que se investiguen adecuadamente y se pueda aclarar realmente quiénes están detrás de la violencia que se registra en la zona.

JUSTICIA
justicia@eltiempo.com

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