Obama, del sueño a la desilusión

Obama, del sueño a la desilusión

Derrota en legislativas marca el declive de un presidente que generó altísimas expectativas.

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08 de noviembre 2014 , 05:40 p.m.

El pasado miércoles, horas después de la contundente victoria republicana en las elecciones de mitad de término en Estados Unidos, el presidente Barack Obama citó a una rueda de prensa en la que felicitó a sus rivales y prometió colaborar con la oposición.

“Los he escuchado”, dijo el mandatario refiriéndose a los millones de electores que optaron por castigar a su partido, bien fuera votando en contra o absteniéndose de las urnas.

El hombre allí parado, con la cabeza ya canosa y de tono lúgubre, no era ni la sombra del combativo político que llegó al poder en el 2008 con una de las votaciones más altas de toda la historia. Y muy lejos, casi de otra época, se sintieron aquellas promesas de cambio y renovación que tanto motivaron a millones a lo largo y ancho del país.

Tan malo es el momento de Obama que los candidatos de su propio partido le pidieron no perjudicarlos con su presencia durante las campañas. El presidente permaneció resguardado en la Casa Blanca mientras los republicanos usaban su nombre para ganar puntos frente a los demócratas.

El tema es aún más grave que su misma popularidad, que en este momento roza el 40 por ciento.

En una encuesta realizada por la Universidad de Quinnipac, los estadounidenses catalogan a Obama como el peor presidente desde la Segunda Guerra Mundial. Peor que Richard Nixon, que tuvo que renunciar por el escándalo de Watergate y del despreciado George W. Bush.

Es posible, y eso está por verse, que Obama recupere algo de su nombre una vez salga de la Casa Blanca, pues eso sucede con la mayoría.

Pero, de momento, es muy probable que las cosas se tornen de mal en peor. Ungidos con el poder los republicanos, intentarán convertir a Obama desde ya en un ‘pato cojo’, el término que se usa en EE. UU. para describir a un presidente que ha perdido toda influencia y que por lo general sucede al final de un mandato. Es decir, poco probable que quieran negociar algo que favorezca al presidente, pues sus ojos ya están puestos en recuperar la Casa Blanca para el 2016.

Cómo paso Obama del cielo al purgatorio, donde hoy reside, es aún materia de discusión. Pero sin lugar a dudas está atado a la situación económica del país. Dos de cada tres estadounidenses encuestados a la salida de las urnas del martes dicen no estar de acuerdo con el rumbo por el que va el país, y casi el 50 por ciento ubicó la economía como su principal preocupación.

Salida de la crisis

Obama, y quizá allí su mala espina, heredó de su antecesor (Bush) la peor crisis económica desde la Gran Depresión de los 30. La recuperación ha sido lenta y dolorosa.

Lo más curioso es que hoy por hoy el panorama luce promisorio. Los índices de desempleo, que alcanzaron a llegar a casi el 10 por ciento, se ubican en el 5,8, y van 24 meses consecutivos de crecimiento en el mercado laboral. El déficit, que alcanzó a estar en la monstruosa cifra de 1,4 billones de dólares en el 2009, se ha reducido en un 60 por ciento en estos seis años, y tal es el alza en el mercado de valores en Wall Street que ya se han sobrepasado varios récords.

Hasta el precio de la gasolina, que por lo general golpea el bolsillo de los consumidores y suele afectar la popularidad de un mandatario cuando está subiendo, ha caído este año un 25 por ciento.

El problema para Obama es que esos avances –que no son menores– no los está sintiendo la gran clase media cuyos sueldos permanecen estancados desde hace más de un lustro.

“Existe la sensación de que se ayuda a los pobres, los ricos se enriquecen más pero nadie hace nada por la clase media. Y eso se lo achacan al Presidente y a los demócratas”, dice Jeff Schweitzer, exasesor de la Casa Blanca durante el gobierno de Bill Clinton.

Según Schweitzer se trata de una sensación que no corresponde a la realidad, pero que han sabido vender con éxito los republicanos.

“La presidencia de Obama no ha sido mala. De hecho está llena de logros, entre ellos haber dado de baja a Osama Bin Laden. Pero los demócratas no han sabido vender ese récord. En lugar de sentirse orgullosos, lo que hicieron fue alejarse del presidente y allí perdieron todos”, afirma.

Con ese análisis coincide Julian Zelizer, profesor de historia en la Universidad de Princeton. “La decepción que existe frente a Obama –sostiene Zelizer– no es del todo un producto de sí mismo. Al presidente le ha tocado gobernar en medio de un ambiente político tan tóxico en el que ni Abraham Lincoln o Franklin D. Roosevelt habrían podido avanzar. Y cuando ha sacado una rama de olivo, los republicanos le han mordido la mano”.

Dicho eso, Zelizer añade que el mandatario ha cometido costosos errores que lo han marcado. Entre ellos la premura con la que hizo aprobar la reforma a la salud, considerada uno de sus grandes legados. Aprovechando las mayorías que se obtuvieron durante las elecciones del 2008 en Cámara y Senado, los demócratas impusieron su voluntad, sembrando semillas de discordia que hoy han germinado.

Fue esa reforma, de hecho, la que provocó el surgimiento del llamado Tea Party –republicanos de extrema– y la ola que acabó con el dominio demócrata en la Cámara de Representantes solo dos años después. Desde entonces, hace cuatro años, Obama no ha podido mover ningún tema de trascendencia en el Congreso.

Por supuesto, también hay una lista larga de promesas incumplidas, como ha sido la de cerrar la base de Guantánamo, hacer del medioambiente una prioridad, aprobar una reforma migratoria o acabar con la guerra en Irak, a donde ahora se está regresando, dada la amenaza del grupo Estado Islámico.

Todos son temas que desinflaron a su base, entre ellos muchos hispanos que se creyeron el cuento de una posible amnistía para indocumentados.

Quizá con los años, mirando en retrospectiva, el público termine por apreciar algunos de los logros del presidente. De momento, y así lo demostraron estas elecciones, el veredicto es implacable.

Una rama de olivo para los republicanos

Una ‘rama de olivo’ ofreció el presidente Barack Obama a los líderes republicanos del Congreso para evitar que el enfrentamiento entre la Presidencia (bajo control demócrata) y el Congreso (dominado por los republicanos) termine paralizando al país.

“Los estadounidenses desean que las cosas avancen en Washington, creo que están frustrados por los bloqueos”, dijo después de una reunión con los líderes de las dos bancadas en las dos cámaras.

“Ellos (los republicanos) desean ver más cooperación y es responsabilidad de todos, mía en particular, intentar que eso se lleve a cabo”, agregó. En la misma reunión se comprometió a “no juzgar las ideas según criterios partidarios, sino en función de la eficacia”.

Hay varios temas claves en los que Obama podría llegar a acuerdos con los republicanos, como el combate contra el ébola y la lucha contra el grupo Estado Islámico (EI). Pero hay otros dos en los que la cuerda se puede tensar. El primero es la reforma al sistema de salud, el gran legado de Obama que los republicanos quieren revertir, y la reforma migratoria, que el presidente se comprometió a sacar adelante así eso implique imponerla por decreto de acá a fin de año.

Los republicanos consideran que si la saca por decreto sería el peor error de su mandato, pero también son conscientes de que una oposición muy férrea podría afectar su imagen ante el sector hispano con miras a las presidenciales del 2016.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
WASHINGTON

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