Roberto Ampuero y su estancia en Berlín Oriental

Roberto Ampuero y su estancia en Berlín Oriental

El escritor chileno recuerda su exilio en la RDA durante la dictadura de Pinochet

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06 de noviembre 2014 , 08:15 p.m.

 "Agradecidos por salir del naufragio"

"Los chilenos estaban muy marcados por el exilio y la obligación de dejar su país, un destino trágico, porque nadie se fue feliz. Vivían en varias ciudades de Alemania Oriental (RDA); por lo general, en edificios que eran solo para chilenos. Una suerte de guetos que reproducían las instituciones, partidos y comités de la Unidad Popular (UP, en Chile) en forma bien organizada. La gente estaba muy agradecida por salir del naufragio y recibir todo; por lo mismo, tenía una visión muy idealizada del sistema. Los jóvenes estudiaban si podían aprender el alemán, y los adultos por lo general trabajaban en lugares que no necesitaran idioma, muchos de ellos como obreros".

"Su percepción de la realidad estaba mediatizada y limitada por el idioma que no lograron dominar: siempre usaban traductores colocados por el partido. El exilio obligado afectaba a la familia, la pareja, los hijos; el idioma impedía desempeñarse en la propia profesión, y llegar a un sistema tan rígido y aislado como el alemán oriental hacía las cosas mucho peores".

"El primer filtro"

"El primer filtro para los chilenos era el comité donde estaba representado cada partido de la UP y un alemán oriental, obviamente de la Stasi, la policía secreta. Ese grupo tramitaba trabajos, becas y la salida".

"Al no ser ya comunista, yo me acerqué a la UJD, brazo del Mapu Obrero Campesino, donde éramos como cinco en Alemania Oriental y nos daba un manto protector. Había gente muy decente y otros... Carlos Cerda lo describe muy bien en su libro Morir en Berlín ".

"Como chileno viviendo en un país comunista, era central estar bajo el alero de un partido. Siempre recuerdo la tragedia que podía ser que a alguien lo expulsaran viviendo en Rumania, la URSS o Alemania Oriental; era peligroso, complicado".

"Los de Italia se reían de los peces de colores. Cuando pasaban por Alemania los militantes que venían de occidente, uno se daba cuenta de que estaban informados, seguros, porque no dependían del Estado...".

"Eres un estúpido... Lo único que queremos es irnos"

"Yo tenía 17 años y no conocía casi nada del mundo. Conocía el Colegio Alemán, que algo de diversidad tenía; la literatura y la música influida por Quilapayún e Inti Illimani fueron un imán, una cultura que me atrajo hacia las Juventudes Comunistas. Cuando tuve que salir al exilio, pensé inmediatamente en Alemania Oriental, el anhelo socialista. Hablaba el idioma y podía entrar a cualquier universidad".

"Renuncié a las Juventudes Comunistas en La Habana, en 1976. Considero que fue una postura muy valiente: un joven de 21 años que en un régimen totalitario dice "no quiero esto para Chile". Una dictadura no es lo mismo que un régimen totalitario; no hay espacio para marchas, manifestaciones ni disidencias, habría sido suicida. Como decía el poeta cubano Heberto Padilla: 'aquí no hay que ser Giordano Bruno, hay que ser Galileo Galilei'".

"Si no tuve miedo entonces, menos me preocupan hoy las reacciones de grupos estalinistas a mis libros. Me siento muy tranquilo, nada más ajeno a mí que estar aplaudiendo hoy al régimen de Corea del Norte o a los Castro después de 55 años, o a Maduro".

"Regresé a Berlín Oriental porque no había otra forma de salir del comunismo. No tenía pasaporte chileno vigente y, en plena guerra fría, era impensable aterrizar en cualquier país en un avión de La Habana. Si algo sabía, era que la única salida posible hacia occidente era a través de Europa y no quedándome en Cuba. Era posible obtener permiso para visitar Berlín Occidental y quedarse, porque Alemania Occidental no cuidaba su frontera, al contrario".

"Al regresar, mi mirada se volvió aún más crítica. Me vinculé con alemanes, que con cierto grado de confianza me permitieron tener algún grado de realidad. Hablaba bien el idioma y pinchaba con las alemanas; ninguna entendía que hubiera vuelto. 'Eres un estúpido al volver', me decían, 'lo único que queremos nosotros es irnos'".

"Solo un silencio incómodo"

"En Alemania Oriental, los chilenos se encontraron con un Estado que entregaba todo y controlaba. En un primer momento les pareció un sueño; el primer golpe fue que los alemanes orientales no valoraran el sistema y que todos sin excepción quisieran huir a occidente".

"Para los chilenos fue una interrogante ideológica sin respuesta que interpelaba permanentemente sus convicciones. ¿Por qué, si les dan todo, la gente no está satisfecha? ¿Por qué el muro, las rejas y los perros? Al aceptar eso y mantener silencio, la interpelación ética mínima era por qué condenaban, entonces, la otra dictadura en Chile. Quedaban entrampados y prefirieron cerrar el tema, no hablar, no levantar la cabeza y no mirar el Mauer (muro), ese concepto que nunca existió en la prensa, literatura o televisión de la Alemania Oriental... aunque hubo 13.000 soldados destinados especialmente a cuidar la frontera, casi la mitad del ejército chileno".

"Hoy no hay memoria o artículos apologéticos sobre Cuba, la RDA, la URSS o Bulgaria, solo un silencio incómodo. Incómodo porque, al final, su modelo no funcionó. Para una dirigencia política que se identificó y justificó el régimen socialista es muy difícil hablar sobre eso, porque fracasaron no solo en lo económico, sino que su población, apenas pudo, derribó el muro y escapó".

"Cuando se celebra a Corea del Norte sin costo político, algo está mal"

"Ese silencio se mantiene en otros sentidos. Stroessner y Pinochet reciben una condena social porque se ha generado un trabajo sano y legítimo en contra de las dictaduras, pero cuando se celebra a Corea del Norte o los 55 años del régimen de los Castro sin costo político, algo está muy mal respecto de las ideas de la libertad; no las has difundido. Es algo casi único en el mundo que un partido pueda mandar una felicitación al tirano de la peor dictadura del mundo, como Corea del Norte, y no tenga costo político alguno".

"No me topé con la presidenta (Michelle) Bachelet en Alemania Oriental; ella estuvo poco tiempo y se fue antes de que yo llegara. La escuché en un programa de televisión que vi hace poco, donde la entrevistó un periodista alemán en La Moneda. Ella cuenta que como estudiante de medicina viajaba en el metro y escuchaba críticas de otros estudiantes alemanes, y les decía que no sabían lo que tenían: educación gratis, libros gratuitos que no hay en América Latina".

"Me imagino que en su próxima visita a Alemania escucharemos la reflexión de la presidenta Bachelet sobre lo que fue para ella Alemania Oriental, a propósito de los 25 años de la caída del Muro y en relación a la discusión sobre democracia y dictadura".

"Para no morir de tristeza"

"Escuché muchas veces que había un momento crucial en la vida de los germanos orientales. Los niños alemanes orientales eran bastante felices en su Kindergarten y primeros años escolares, con una caricatura de Honecker muy bueno, y un imperialismo muy malo. Hasta el momento terrible en que crecían y se daban cuenta de que vivían encerrados. Ahí enfrentaban a sus padres por el tema del Muro. Con dolor, el padre tenía que contarles que no podrían salir libremente hasta que cumplieran 65 años. 'No es importante, disfrutemos este sistema', era la explicación que daban.

"Una respuesta para no morir de tristeza, que cambiaba sus vidas y les hacía tomar conciencia del encierro, de que no eran libres".

"Todo violador de derechos humanos debe ser juzgado... no siempre es realidad"

"Desde el punto de vista de los alemanes orientales, hay muchas opiniones sobre Erich Honecker. Sus testimonios están en abundantes videos y películas. Algunos dicen: 'este hombre me hizo tanto mal a mí y a mi familia, que no es reparable, ya me da lo mismo si se fue'. Otros creen que debió pagar hasta el final en una cárcel, porque 'mi padre murió antes de cumplir los 65 años y nunca pudo salir'.

"¿Margot Honecker? Muchos documentales que pueden verse en la red muestran testimonios de víctimas que sufrieron torturas, prisión y apremios en la ex Alemania Oriental y que identifican o siguen a sus torturadores que hoy están libres y son profesionales en la nueva Alemania. Todo violador de los derechos humanos debe ser juzgado en democracia; no siempre es una realidad".

"En el socialismo se pierde dos veces"

"Aún hay diferencias entre los alemanes occidentales y orientales. No es posible subsanar 40 años sin libertad, dividiendo el mundo entre buenos y malos, con sistema de partido único, policía política, cárcel. Todos los que vivieron la experiencia del comunismo quedaron marcados, les costó enfrentar la vida en democracia, con competencia, diversidad. Yo mismo, cuando crucé el Muro, sentí temor, incertidumbre y desprotección; podía terminar debajo del puente si me iba mal... Al principio tuve miedo, había pasado de la mano protectora de mi madre y mi padre al régimen de Castro y al de Alemania Oriental".

"Cambiar la mentalidad es un proceso muy lento; más rápido se echa abajo el muro, se restituyen las calles y la economía. Siempre quedan la mirada y la actitud. Lo descubrí en La Habana: los policías no tenían que pedirles carnet a los cubanos que intentaban colarse en los hoteles para extranjeros. Los paraban solo por su gesto. Por el movimiento sabían perfectamente que no venían de occidente".

"En algunos sectores alemanes queda un resentimiento hacia el wesi, el ciudadano occidental que tuvo suerte en la vida, que muchas veces es prepotente porque viene de una sociedad que al final tuvo la razón. Como me dice el jefe de inteligencia de la ex Alemania Oriental: "¿Por qué me tocó a mí estar del lado de los perdedores? Trabajaba más que en Alemania occidental, ganaba menos. ¿Qué culpa tengo?".

"Es terrible. Siempre digo que en el socialismo se pierde dos veces: cuando toca vivir en él y en la transición al capitalismo que siempre llega".

M. SOLEDAD VIAL
EL MERCURIO / CHILE / GDA

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