Alma de la Tierra

Alma de la Tierra

Lo que más impresionó a los jóvenes fueron las condiciones precarias de los habitantes.

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06 de noviembre 2014 , 07:53 p.m.

Cuando el Comité internacional de Bahías recibió a la bahía de Cartagena en su prestigiosa lista de las más bellas del mundo, nos encontrábamos con 38 estudiantes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano –22 mujeres y 16 hombres de la Escuela de Verano de la Tadeo Caribe– en una lancha en la bahía de las Ánimas, comenzando un viaje de reconocimiento y descubrimiento, vía mar, de las condiciones reales de contaminación de ese cuerpo de agua tan vital para la región.

Un observatorio ambiental, como diría Christian Schrader. La bahía recibe en su extensión de 82 kilómetros cuadrados millones de toneladas de residuos sólidos y orgánicos del canal del Dique. Además, la refinería más grande del Caribe, puerto de contenedores, puerto turístico, importantísimo puerto de cruceros, en Mamonal, industria petroquímica, plástica, astilleros. Aguanta la bahía los embates del desarrollo salvaje, gracias a su posición geográfica privilegiada.

Esta bahía, que deslumbró a los primeros navegantes que se ampararon en sus aguas coralinas calmas y transparentes, a lo largo de su historia ha sufrido una descarga de ataques despiadados a su medioambiente, debido al tráfico marítimo, a la proliferación de complejos industriales y portuarios y petroleros, al vertimiento de materias fecales, al mercurio, desechos tóxicos, a la tala y quema indiscriminadas de mangles y a una reglamentación ambiental laxa o inaplicable.

Pero lo que más impresionó a estos jóvenes fueron las condiciones precarias de los habitantes de la isla de Tierra Bomba, Bocachica, Caño del Oro, Punta Arenas, corregimientos que ven pasar frente a sus narices yates millonarios, cruceros y contenedores; y si miran atrás, no tienen agua ni alcantarillado y la erosión ha destruido calles enteras, con sus casas incluidas. Por eso, el trabajo final del curso fue un documental testimonial, Tierra Bomba, que fue estrenado en Alma de la Tierra, el festival ecológico de la Tadeo, protagonizado por los mismos habitantes de la isla. Es un documento descarnado y altamente gráfico, donde se ven, en primer plano, la destrucción de la erosión; y, en segundo plano, allí mismo, el barrio más pinchado y más caro de la ciudad.

Cartagena 1, 2, 3, ciudad de contraste, es una buena excusa. Lo que se necesita es que la indiferencia se acabe y que una actitud proactiva y pacífica nos cobije a todos para lograr el mismo objetivo. El bien común, el bien de todos.

Salvo Basile

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